Siempre es difícil encontrar algo fresco y nuevo en el pandemonio en el que se han convertido las tiendas de apps. Es aún más exagerado si hablamos de juegos casuales: un experimento será siempre minoritario, pero al menos será fácil de diferenciar de sus vecinos; un juego de puzles lo tiene muy difícil para no quedar sepultado. La cantidad de refritos, productos sin inspiración y copias descaradas es tan abrumadora que demasiadas veces uno se queda sin aire en medio de la selva antes de encontrar la salida.

Stubies, el primer juego del estudio independiente Creatiulab, logró llamar la atención merecidamente con una jugabilidad tan fresca y accesible como divertida y desafiante. Su segundo título, The Mesh, consigue de nuevo engancharnos a la pantalla táctil; y cuando uno acierta dos veces seguidas ya no se puede hablar de acierto por casualidad, sino sólo de talento. The Mesh es un ejemplo estupendo de la vieja ley de Bushnell, el primer mandamiento del diseño de videojuegos: fácil de aprender, difícil de dominar.

The Mesh

El objetivo básico del juego es muy simple en apariencia, como corresponde a un título casual para iPhone y iPad: tenemos que obtener un número determinado sumando y restando otros números dispersos a lo largo y ancho de una malla hexagonal (de ahí el título: mesh significa malla). Si no logramos "clavar" el número sin que nos sobre nada perdemos las celdillas que indique la cifra sobrante: si la ficha que nos sobra es un 2, nos quedamos con dos hexágonos menos. La partida se termina cuando nos quedamos sin espacios; el objetivo final es alcanzar los 200 puntos para desbloquear así los doce símbolos del horóscopo chino.

Sobre esta base tan sencilla se van añadiendo progresivamente cambios y nuevas mecánicas para evitar la monotonía: a veces nos encontraremos casillas con multiplicador que alteran el primer número que pase por allí; fichas que cambian de número pasados unos segundos; podremos recuperar celdas siempre que utilicemos determinadas fichas para lograr el objetivo; hay niveles con límite de tiempo, otros en los que sólo podemos ver los números de las fichas durante treinta segundos…

El principal problema de estos juegos suele ser encontrar el equilibrio entre la sencillez y que no se nos agote el juego en veinte minutos; y es un examen que The Mesh pasa con nota. Es uno de esos juegos que abres para echar una partidita de cinco minutos y te acaba absorbiendo durante una hora: maldita sea, he perdido porque me he desconcentrado y estaba a punto de superar mi récord; va, una partida más y lo apago. Y ya puestos refresca uno el cálculo mental, porque a veces hay que hacer auténticas filigranas sumando y restando seis o siete cifras distintas para acabar con un humilde 3 sin que nos sobre nada.

The Mesh

Como ya hicieron con Stubies, Creatiulab ha sabido crear aquello que convierte una buena idea en un gran producto: un envoltorio excelente. The Mesh tiene una exquisita respuesta al control del usuario, un diseño de menús impecable y un diseño visual pulcro y ordenado. Detalles como la deformación de las celdillas al "empujar" con el dedo o los preciosos diseños poligonales del horóscopo chino, creados como si fueran figuras de papel, hacen que la experiencia de uso sea muy placentera para los sentidos. Mención aparte merece la excelente banda sonora, según los creadores del juego inspirada en los cinco elementos del zodiaco chino (agua, tierra, madera, metal y fuego).

El modelo free to play se ha convertido en hegemónico entre los juegos casuales para móviles y tablets; ante tanto producto que intenta jugar con la frustración para sacarme unos centimillos, yo personalmente agradezco aquellos juegos que prefieren cobrar una cantidad determinada (en este caso muy escasa: 1,99 €) y luego me dejan jugar en paz. The Mesh está en la misma liga que otros pequeños placeres como Threes! o 2048: un entretenimiento excelente, una agradable gimnasia mental para los ratos de paz que nos deja el verano.

The Mesh se puede comprar en iTunes por 1,99 €.

Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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