La nueva (y ya sexta) expansión de World of Warcraft lleva casi dos meses entre nosotros y hemos tenido tiempo de sobra para desgranar todo el material que incluye, que no es poco ni mucho menos. Tanto para aquellos jugadores que llevamos más de una década en World of Warcraft (WoW a partir de ahora), como para quienes que se aventuran a descubrir Azeroth por primera vez, esta nueva expansión garantiza horas y horas de juego.

WoW es el rey de los MMORPG; cuenta con miles de suscriptores desde sus inicios, si bien la monotonía y la larga espera en la inclusión de revolucionarias novedades ha hecho que el número de jugadores sufra altibajos. Bien es cierto que la cifra aumenta con cada expansión, ya que muchos vuelven con el único propósito de explorar el nuevo contenido y comprobar si Blizzard ha dado con la tecla.

La línea argumental de Legion gira en torno a los artefactos de la creación, unas reliquias situadas en las Islas Abruptas (nuevo continente) que servirán para detener la invasión de la Legión. Mediante una misión inicial diferente para cada tipo de personaje, nos convertiremos en líderes de nuestra clase y se nos coloca en una sede distinta, algo similar a lo que vivimos con la Ciudadela, pero sin la construcción de edificios. Podemos reclutar seguidores y mandarlos a hacer misiones para que nos den experiencia, oro o recursos. Pero esta “sede” no estará tan vacía como la ciudadela de Draenor, ya que toparemos con aquellos jugadores que controlen a un personaje de nuestra misma clase.

Otra de las novedades que manejaremos será el Arma Artefacto, diferente para cada clase y especialización de talentos. Es quizás el punto fuerte de la expansión, puesto que casi todo gira en torno a esta arma (la única que tengamos). Para que nos sea útil debemos ir mejorándola con los puntos de artefacto que conseguiremos cumpliendo misiones o tareas especiales. Este poder de artefacto nos servirá para mejorar talentos pasivos de la rama de habilidades que usemos, sea como tanque, daño o curación.

Otro aspecto importante es el gran remozado que han sufrido todas las clases. A los antiguos jugadores se nos hace raro ver a un cazador luchando cuerpo a cuerpo o sin mascota. También se ha criticado la disminución de habilidades por personaje, lo que simplifica el manejo en pos de nuevos jugadores.

Llegamos así a lo que todos esperábamos de esta expansión: por primera vez podemos manejar a un cazador de demonios, la nueva clase de lucha cuerpo a cuerpo, que puede ser tanque o DPS. Habilidades exclusivas como el salto doble o el planeo lo hacen sumamente versátil.

Comenzaremos a nivel 98 con la nueva clase y disponemos de 2 niveles de adaptación, para luego emprender el questeo normal de la expansión. Dispone cuatro zonas: Val´sharah, hogar de druidas; Monte Alto, lugar ancestral Tauren; Tormenheim, zona visiblemente nórdica y Azsuna, habitada por las Nagas. Podremos elegir cualquiera de estas cuatro áreas en cualquier orden, puesto que el nivel de las misiones y de los enemigos se adaptará al que tengamos.

¿Y qué nos encontramos tras subir al nivel 110? Nuevas mazmorras, bandas, campos de JcJ, profesiones y un sinfín de tareas que nos mantendrán ocupados bastante tiempo. Una novedad de las mazmorras es la opción Mítica Plus, que incrementa el grado de dificultad por medio de una llave que obtenemos al completar cada recorrido. Nos aguardan así suculentas recompensas, superiores incluso a las de banda.

Hablando de bandas, a día de hoy tenemos disponibles algunas, si bien no reportan grandes cambios respecto a expansiones anteriores. Cabe recordar que son instancias para grupos de entre 10 y 25 jugadores bien coordinados, dependiendo de la dificultad escogida. El modo JcJ ha sufrido un gran lavado de cara dado que ahora tenemos un árbol de talentos exclusivo, que ira desbloqueándose a medida que subamos de rango y donde el equipo se normaliza para todas las clases (se concede más importancia a la habilidad del jugador).

Aunque WoW: Legion pinta realmente bien, será Blizzard la que determine su éxito o fracaso, actualizaciones mediante. Conociéndoles, tienen difícil defraudar.

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