Kylotonn vuelve a la carga con el único juego de rallies con licencia oficial de la FIA. Parece que las desarrolladoras no tienen miedo a las bestias pardas que están a punto de llegar, como Forza 7 o GT Sport. Y es que éste es el año de la conducción, ya sea arcade o simulada.

WRC7 centra su target en el público aficionado a este tipo de carreras. Una apuesta arriesgada que te exige presentar un producto redondo para poder decir “aquí estoy”. Uno de los casos más recientes es el del todopoderoso F1 2017 de Codemasters; el simulador de Fórmula 1 demuestra que centrarse en un tipo de competición no tiene por qué ser un hándicap en sí mismo. Sin embargo, el título de BigBen se queda a medio camino, en tierra de nadie, con una producción a la que no le faltan aspectos loables, pero que no acaba de convencer. Especialmente por la poca variedad y un errático motor de físicas y colisiones.

WRC es una de esas franquicias que van dando tumbos con los años, ofreciéndonos una de cal y otra de arena según sople el viento. El año pasado el respetable no quedó excesivamente contento con el desarrollo de los parisinos. Y mucho me temo que este año tampoco tocará lanzar las campanas al vuelo, aunque tampoco sería justo tildar el software de nefasto. Ni mucho menos.

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Como pasara con F1 2015, la jugabilidad de WRC7 ha visto incrementada su dificultad (o realismo, según se mire) frente a ediciones anteriores, incluso en los modos de juego más fáciles y supuestamente asequibles. Salvo que estemos muy acostumbrados a los juegos de rallies (y no, WRC7 no es DIRT4), necesitaremos de unas cuantas horas para acostumbrarnos al control; como de costumbre pensado para jugar con volante, obviamente, pero bien adaptado al mando, cuando podremos olvidarnos de dar gas a tope y derrapar en las curvas.

El control del juego es duro, sí. Pero está muy logrado. Incluso jugando con cambio semiautomático, resulta todo un desafío controlar estas bestias pardas todoterreno. En cualquier carrera se hace indispensable echar un vistazo a los escuetos (pero prácticos) reglajes de los coches para poder adaptarlos, no sólo a la pista y a sus condiciones, sino también a nuestro estilo de conducción.

Esta sensación se consigue gracias a un motor de colisiones muy trabajado pero que está lejos de ser perfecto, y aquí sí que nos encontramos con un problema a la hora de jugar: el mínimo error de cálculo hace que nos salgamos del trazado. Un sistema de físicas que convierte un poco de nieve en una rampa vuelca-coches, o un pequeño arbusto en un muro de Adamantium (que dejará nuestro bólido como papel de fumar), hacen que el título se vuelva frustrante por momentos. Máxime cuando la recuperación de posición automática funciona de forma aleatoria, haciéndonos perder valiosos segundos de penalización.

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El modo carrera, piedra angular del juego, se muestra suficiente. No esperéis la profundidad vista en F1 2017 u otros simuladores: WRC7 se limita a cumplir el expediente, con el añadido de varios modos de juego personalizables y desafíos eSport. Mención aparte para el online hasta ocho corredores y, aquí sí, multijugador local a pantalla partida. Algo muy de agradecer y que, como tantas otras veces hemos dicho, echamos de menos en los juegos de la competencia.

A nivel gráfico no es un título que vaya a sentar cátedra, pero rompo una lanza en su favor gracias a su equilibrio técnico. Se evita el odiado popping (aparición repentina de objetos en el horizonte) y tanto los circuitos como el moldeado de los vehículos evidencian un trabajo encomiable. Mención aparte para la iluminación, el elemento más logrado junto a los reflejos.

Donde, una vez más, tenemos una de cal y otra de arena es en su apartado sonoro. Muy de agradecer que, como de costumbre, venga completamente doblado al castellano. Porque no sé vosotros, pero quien suscribe no puede estar atento a la pista y a las señales de curva sitas en la parte superior de la pantalla. Además, nuestro copiloto introduce un sistema de “sincronismo” con el que ajustar cuándo queremos recibir sus indicaciones. Como pasaba con el ingeniero de pista en F1, no siempre funciona como debiera, por lo que las instrucciones pueden no corresponderse con el tramo en curso. Otra de cal nos la ponen el sonido ambiental y de motores que, por algún motivo, parecen “capados” y muy lejos de los grandiosos petardeos que hemos disfrutado en otras entregas. En este sentido, mi recomendación es jugar con auriculares.

WRC7 no merece el suspenso, pero tampoco una nota elevada. Es como ese alumno inteligentísimo que se limita a hacer las cosas bien para pasar de curso. Si me preguntáis sobre un título de conducción específica, sigo quedándome con F1. WRC aún tiene un amplio margen de mejora y, viendo el año que llevamos (y lo que nos queda), más le vale a Kylotonn ponerse las pilas si quiere ‘comerse’ algo en este renacer del género.

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