Hubo un tiempo en que los plataformas tridimensionales imperaban, con RARE dominando el cotarro. Super Mario 64 palideció al compararse con Donkey Kong 64, aún hoy entre los títulos mejor puntuados. El estudio británico engrosó las filas de Microsoft tiempo después, obsequiándonos con el notable Kameo: Elements of Power. Fue su última aportación al género.

Creyó RARE que su renombre validaría comercialmente toda experimentación. Y vaya si experimentaron: de la simulación (Viva Piñata) a los sensores por movimiento (Kinect Sports). Mientras, sus incondicionales clamaban por un nuevo plataformas de mundo abierto, decepcionados tras comprobar que Banjo-Kazooie: Baches y Cachivaches distaba eones de una secuela propiamente dicha. Su último proyecto, Sea of Thieves, se atreve con el multijugador en línea.

El descontento de los usuarios se trasladó a buena parte del equipo original, que ha ido abandonando la compañía durante los últimos años. Surgió así Playtonic Games, conformado por una veintena de desarrolladores veteranos. Entre ellos Chris Sutherland, Gavin Price y Steve Mayles, máximos responsables de Donkey Kong Country, Conker’s Bad Fur Day… y Banjo-Kazooie. Su deseo de una secuela espiritual cuajó con una campaña de crowdfunding, Yooka-Laylee, que recaudó la friolera de 2,4 millones de dólares.

YL_minecart_Final-e1487254690357 Yooka-Laylee_20170404143316Dos años después, Yooka-Laylee es una realidad, con la crítica dividida y los usuarios encantados. Me sumo a estos últimos no por ser uno de sus patrocinadores, sino por haberlo jugado sin las prisas e imperfecciones inherentes a una fecha de embargo. A fin de cuentas, Playtonic ofrece justo lo que le pedíamos: cinco mundos articulados en torno a un escenario central, que transitar de cabo a rabo recolectando centenares de ítems. La trama es lo de menos (un abejorro quiere apoderarse del saber universal), aunque sirve de excusa para insuflar humor a los diálogos. Tampoco podía faltar el dúo protagonista: un camaleón comprometido (Yooka) y un murciélago burlón (Laylee).

Cada mundo (siguiendo las tipologías clásicas de tropical, desértico, helado…) se antoja un compendio de plataformas y rompecabezas, muchos de los cuales requerirán de una segunda y tercera vuelta, conforme adquiramos habilidades al viperino de Trowzer. El precio son las plumas diseminadas por el entorno, y la meta, hacernos con las páginas del libro mágico desperdigadas. Éstas desbloquean nuevos parajes, pero también los amplían, poniendo al descubierto su respectivo jefe final. Son enfrentamientos más desafiantes que ingeniosos, ante los que no tendrás posibilidad sin dominar el movimiento de turno.

Por supuesto, encontramos una miríada de secundarios, entre éstos la vagoneta que tantas frustraciones nos regaló en Donkey Kong Country. Habrá quienes nos pidan recuperar un ítem, vencerles en una carrera, activar varios interruptores en el tiempo dado… Vamos, que las horas se convierten en minutos con tanto ir y venir: siempre queda algún rincón inexplorado, o una combinación de habilidades con resultado imprevisto. Yooka absorbe propiedades como la pesadez de una bala de cañón o lo pegajoso de un panel de miel, lo que le permite atravesar ventiscas o ascender por rampas. A esto habría que sumar sus metamorfosis (planta, quitanieves…), indispensables para acceder a nuevas secciones.

Playtonic entrega justo lo que prometió: un soberbio plataformas en el que perderse

Completan el cúmulo de coleccionables los cinco escritores fantasma por libro (cada cual se ‘caza’ de una forma) y las monedas de “Rextro Sixtyfourus”, con las que desbloquear minijuegos de corte clásico para uno o varios jugadores. Tales menesteres auguran entre treinta y cuarenta horas de partida, cuando no más, por un desarrollo que nos llega a precio recudido. Pensaréis que lo pinto todo demasiado bonito, sin alusión a la cámara del demonio en que insisten otras reviews, pero lo cierto es que el parche de lanzamiento alivió el problema. Eso o que la versión para compatibles supera con creces a la de PlayStation 4 (analizada por la mayoría). No negaré que la cámara pueden fastidiaros algún salto, pero en mi caso han sido los menos. Cuestión aparte es el rodamiento en pendiente, cuando se hace complicado ajustar el ángulo.

Donde sí daré la razón a los críticos es en el margen de pulido. Hablamos de un desarrollo contrarreloj, que no podía permitirse el lujo de un nuevo retraso, por lo que algunos mundos parecen mejor diseñados y acabados que otros. Sea como fuere, Yooka-Laylee dispone las ‘coloridas redondeces’ soñadas para Banjo-Kazooie, con un rendimiento notable pese al empleo de Unity. Es el engine más accesible y versátil del mercado, pero también el más problemático en según qué manos. Al menos en PC, tan sólo atestiguamos un retardo puntual en la carga de texturas, sin caídas en la tasa de frames aún a resolución 4K nativa. Es un juego ‘guapo’ además de simpático, con verdaderas postales.

La banda sonora acompaña a la perfección, pero las sintonías cansan tras quince minutos explorando el mismo mundo. Porque sí, pasaréis horas dentro de cada tomo, muchas veces sin saber cómo avanzar (necesitaréis cien Pagies para acceder al combate final). Los menos pacientes echarán en falta un sistema de pistas, pero ahí reside la gracia del software: recupera el reto y sentimiento de recompensa del videojuego old-school; esa sonrisa que te asalta al escuchar el soniquete por nuevo ítem cosechado. Una pena que acabemos reduciendo el volumen de los efectos por el molesto idioma de los personajes. Se entiende el guiño, pero llega un momento en que te lo piensas dos veces antes de entablar conversación.

¿Es Yooka-Laylee un plataformas anquilosado? Muchos parecen opinar que sí, pero a un servidor le ha entretenido como pocos títulos de un tiempo a esta parte. Cámara y control admiten retoques, pero de ahí a lo enervante hay un gran trecho. Todo depende de tu gusto por el género, que te brindará la suficiente paciencia para perderte en estos cinco mundos y desvalijarlos. Como Laylee, el tiempo vuela a los mandos y se lo debemos también a un envoltorio bonito, rebosante de carisma y añoranza. La misma que esperamos transmitan retornos como el de Crash Bandicoot, Voodoo Vince, Sonic o Mario en un año plagado de plataformas.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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