De cuando en cuando, las tiendas de aplicaciones se olvidan de las microtransacciones en pos de títulos verdaderamente únicos. Experiencias que nos hacen olvidar a la superproducción de turno en consolas, sin que podamos despegarnos del smartphone. Resulta fácil indentificarlas por una recomendación compartida: “Mejor con auriculares“. Dicho de otra forma, ‘éste no es otro de esos juegos pensados para matar el tiempo mientras vas en el metro, sino confeccionado para deleitar los sentidos, hacerte reflexionar y dejar mella’.

Justo eso consigue Florence, que ratifica a Annapurna Interactive como una de las editoras más interesantes del mobile gaming. No en vano, su primer lanzamiento fue la conversión de Flower, laureada “evasión interactiva” a cargo de thatgamecompany. Por su parte, Gorogoa se antoja un puzle de marcado componente narrativo, donde ordenamos ilustraciones para resolver originalísimos rompecabezas.

Así llegamos a lo nuevo Ken Wong, quien fuese diseñador jefe de Monument Valley. Un buen día decidió romper con todo, abandonar Ustwo Games y retornar a Australia, cumpliendo el sueño de fundar su propio estudio de desarrollo (Mountains). Florence es su ópera prima, una novela gráfica interactiva sobre el amor: “Las relaciones románticas suponen una parte muy importante de mi vida y de las vidas de la gente que me rodea. Estoy muy orgulloso del juego que hemos materializado”, explica al responsable editorial del App Store.

Florence disecciona los sentimientos inherentes a la mera existencia

En la identificación radica, precisamente, el buen sabor de boca que nos ha dejado Florence. No plasma un guión intrincado, sino el contexto y desenlace de una relación en la que muchos han podido verse. La protagonista que da nombre al juego es una contable de vida solitaria y monótona, con aspiraciones artísticas reprimidas desde pequeña. Así hasta que conoce a Krish, un violonchelista empeñado en vivir de la música. Entre ambos ocurre lo inevitable, convirtiéndose al jugador en partícipe.

El juego se divide en veinte capítulos concernientes a fases emocionales. Todos de duración escueta, como invitándosenos a racionarlos, aunque lo ideal es completarlos de una sentada. A menudo nos limitamos a pasar viñetas deslizando el dedo, sin mecánicas que nos pongan a prueba. Dirán algunos que esto no es un videojuego, pero se cumple el parámetro básico de la interactividad. Cada tarea supone una traslación fidedigna del sentimiento evocado por las ilustraciones (fantásticas): ‘rascar’ la pantalla simboliza el descubrimiento del otro; recortar imágenes ejemplifica la inocencia y libre albredío infantiles; deslizar el dedo reiteradamente o emparejar cifras son muestras de la monotonía cotidiana…

Mención aparte para los diálogos. En su primera cita, Florence y Krish se muestran irremediablemente tímidos, por lo que completar las siluetas de sus bocadillos resulta farragoso. Sin embargo, éstos se componen en milésimas tras afianzarse su relación; todo ello sin una sola palabra impresa, dado el peso de las imágenes. La forma de los bocadillos también juega su papel: las discusiones arrojan fragmentos puntiagudos que cuesta casar, hasta el punto de encontrarlo imposible en cierto punto de la aventura. Toda una metáfora del amor roto, que cala hondo en el usuario gracias al formidable acompañamiento musical.

Porque Florence concede tanta importancia al audio como a la imagen. Kevin Penkin ha compuesto una decena de melodías conmovedoras, con presencia de pianos, violonchelos, violines, flautas y clarinetes. Se comprende entonces la recomendación de jugar en el calor del hogar, aislados y sin distracciones. Os sorprenderéis absortos durante los títulos de crédito, como con aquellas cintas que seguimos digiriendo horas después de abandonar la sala de cine. Máxime cuando lo que se cuenta es la vida misma: una disección de los sentimientos inherentes a la mera existencia.

El mensaje final supone no obstante un canto a la esperanza. Nos recuerda que, si bien el amor en pareja es el hilo conductor del juego, nunca se es feliz con otro cuando no se ha conseguido serlo con uno mismo. Descubrimos por ende que Krish no ha sido más que un secundario en esta historia. La historia de Florence Yeoh.

Florence es una novela gráfica que cala hondo gracias a su arte, banda sonora y mecánicas. Se han ideado éstas como metáfora de la monotonía cotidiana; del descubrimiento propio y ajeno.

Su escueta duración (apenas cincuenta minutos) contribuye a dejar poso, aunque habrá quien considere excesivo su precio de lanzamiento. Por nuestra parte, pagamos gustosos semejante derroche de talento.


Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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