No serán pocos los medios que dediquen alguna que otra página a eso de elegir cuáles han sido los videojuegos del año, generando, como no podría ser de otra manera, un debate que en ocasiones tiende a parecerse en demasía a los que la política o el deporte suelen generar en la barra de cualquier bar. No obstante, este tipo de diatribas a pie de calle no son piezas carentes de interés, contemplándose, pese a las típicas exageraciones de rancio postureo, una realidad por momentos más auténtica que la discutida por aquellos que afrontan profesionalmente el día a día del ocio electrónico.

En lo que respecta al que esto suscribe, podría afirmar que, después de más de dos décadas dedicadas de pleno a trabajar en la prensa del sector, es ahora cuando me permito el lujo de contemplar el panorama actual con la inusual perspectiva que otorga el haber vivido estos últimos años desarrollando videojuegos. De sopetón, la percepción de la industria se altera sobremanera con el sencillo acto de otear el horizonte, comprendiendo una gran parte de las tribulaciones que llevan a que un lanzamiento se vista de gala con bugs, downgrades y todas esas oscuras vicisitudes con las que convive el usuario hoy día.

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Metal Gear Solid V, el título más polarizado de los últimos años

Quizás por ello puedo atisbar con cierta comprensión el tortuoso proceso de creación de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, y con ello perdonar sus ya famosos achaques de producción. Aun así, me cuesta sobreponerme ante el cúmulo de sensaciones que transmite esta obra más allá de la pantalla, como el hecho de ver a un talento como Hideo Kojima trabajando en terreno hostil y a una Konami que no disimula estar muy lejos de aquella amable casa que alimentaba con genialidades a mi viejo MSX en la primera mitad de los ochenta. Sin dejar de empatizar con lo traumático de toda esta capa exterior, The Phantom Pain me ha parecido lo mejor que he jugado en muchos años, aupándose consecuentemente en lo más satisfactorio de este 2015 que se nos va.

2015: un año tan conservador como prolífico en términos de originalidad, riesgo y sesgo comercial

Siguiendo con este tipo de valoraciones, y abrazando la premisa videojueguil en cualquiera de sus formas y maneras, es de justicia dirigir nuestra mirada hacia las tablets y los smartphones, donde pese a la masiva y evidente interpretación de la monetización ─muchas veces impuesta sobre el factor lúdico─ existen multitud de ejemplos en los que el entretenimiento alcanza cotas de calidad dignas de mención. Es el caso de la secuela del clásico Angry Birds, en la que Rovio ha sabido reinventarse tras explotar el original y sus spin-offs de múltiples maneras. Sus hermosos escenarios al más puro estilo Rayman Legends, sus simpáticos personajes moldeados para la ocasión en tres dimensiones con cel shading y una jugabilidad a prueba de bomba elevan el estatus de este “juego de móvil” a lo mejorcito del año. Sensacional.

Lo curioso es que, después de hablar de dos lanzamientos que mueven millones de euros, tengo que mencionar a uno que lleva la gratuidad por bandera si quiero hablar de los videojuegos que más me han hecho disfrutar en este 2015. Su nombre es The Curse of Issyos, desarrollado por el malagueño tándem formado por el programador ─y artistazo del píxel─ Locomalito y por el genial músico Gryzor87. Después de regalarnos maravillas como Hydorah, Maldita Castilla o Gaurodan, este atípico equipo vuelve a la carga con un hermoso remedo de los viejos Castlevania de NES, adoptando mecánicas y maneras que huelen a lo mejor de casas como Konami o Taito. Decir impecable sería quedarse corto, amén de esa facilidad que tiene el juego para engancharme partida tras partida.

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The Curse of Issyos, desarrollado por Locomalito

He de decir que estas tres elecciones apenas han sido meditadas, saliendo de la cabeza tal cual pensaba en aquellos videojuegos que más satisfacciones me han dado. Con respecto al cambio de perspectiva del que hablaba en el segundo párrafo, debo admitir que en base a ello he podido dirigir la mirada hacia un campo como el de los juegos para móvil, y agradecido estoy por haber descubierto joyas como Horizon Chase o el mentado Angry Birds 2. Por supuesto que en otros ámbitos más familiares para el jugón habitual he saboreado exquisiteces “triple A” de la talla de The Witcher 3, Batman Arkham Knight o Halo 5, así como maniobras indie tan deliciosas como Sylvio, Her Story o Beyond Eyes. En cualquier caso, el 2015 ha sido un año tan conservador como prolífico en términos de originalidad, riesgo y sesgo comercial. Es decir: ha habido de todo y para todos.

De un modo u otro, jugad sin prejuicios ni perjuicios. Y ampliad las miras más allá de vuestra plataforma favorita. Al contrario que este 2015 que se torna chiquitito en sus últimos estertores, el mundo del videojuego es tan grande como la vida, y tan diverso y rico como la propia perspectiva del usuario. A disfrutar tocan.


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José Manuel Fernández “Spidey”: Más de dos décadas escribiendo para publicaciones como Loading, Game Type, Start Magazine o Marca Player, dirige el webzine Metodologic.com mientras habla de la historia del videojuego español a lo largo y ancho del planeta. Coautor de los libros “Génesis” y “Obsequium”, también ejerce como músico y Game Designer en proyectos como Dualsus y Maxxima.

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