Se llama Lucas Ordóñez, tiene 26 años y este fin de semana se ha consagrado como piloto profesional después de subir al podio en las 24 Horas de Le Mans (segundo puesto en la categoría LMP2 y noveno en la absoluta).

Ordóñez ha asombrado en la prueba automovilística más exigente del mundo: era la primera vez que corría en el legendario circuito de la Sarthe y su actuación se convirtió en la comidilla de la carrera. Veinticuatro horas dan para mucho y no es extraño que una historia tan sorprendente como la suya haya corrido de boca en boca entre los participantes y los aficionados -unos 250.000- que presenciaron la prueba.

Ordóñez es la confirmación empírica de esa teoría que dice que jugar con la consola contribuye a afinar los reflejos. El piloto madrileño había hecho sus pinitos con los karts cuando era un chaval, pero pronto se dio cuenta de que el futuro en el deporte del motor es muy incierto si no hay dinero de por medio, así que dejó a un lado la competición y se centró en sus estudios de Empresariales.

El gusanillo, sin embargo, seguía ahí dentro y cuando se enteró de que había un concurso de videojuegos que premiaba al vencedor con la participación en una carrera de verdad, no se lo pensó dos veces. Corría el año 2008 y Ordóñez se mimetizó con el juego ‘Gran Turismo 4’. «Llegaba a casa a las diez de la noche tras las clases del máster y me ponía delante de la PlayStation para practicar».

Ganar el torneo, el Nissan GT Academy PS3, no fue fácil. Había nada menos que 25.000 participantes y Ordóñez tuvo que afinar mucho. «Hay que ser muy constante y durante más de un mes estuve entrenando a tope todos los días; esa fue mi forma de ganar el premio». El triunfo le abrió las puertas del automovilismo de competición. Aunque inicialmente solo le daba derecho a tomar parte en las 24 Horas de Dubai a bordo de un Nissan 350Z, sus resultados fueron tan brillantes que el equipo japonés le ofreció un volante para toda la temporada. «Dejé de ser estudiante y de la noche a la mañana me vi convertido en piloto profesional», asegura Ordóñez como si aún no terminase de creérselo.

No hay reinicio

La progresión de este joven piloto fue espectacular. En 2009 quedó en segundo lugar en el Campeonato Europeo de GT4 y contribuyó al título de marcas de Nissan. Los buenos resultados que cosechó la siguiente temporada convencieron a los responsables de la marca japonesa de la conveniencia de alinearle en las 24 Horas al volante de un LMP2 (Le Mans Prototype 2). Se trata de bólidos con prestaciones algo inferiores a los prototipos que se disputan las primeras plazas, pero a cambio son más ligeros. El que conduce el madrileño, un V ocho de 4,5 litros, da 500 caballos para un peso de 850 kilos.

Ordóñez se tenía bien aprendido el trazado de la Sarthé: lo había recorrido centenares de veces cuando jugaba en la PS3. «La experiencia virtual te viene muy bien porque tienes referencias para las frenadas, pero la realidad no te da margen para los errores. En la consola reinicias el juego y ya está, pero cuando estás en un coche sabes que cualquier fallo representa una catástrofe para todo tu equipo». En la carrera las cosas rodaron bastante bien a pesar de que tuvo cinco pinchazos y algunos problemas con el cambio. «En entrenamientos hicimos el mejor tiempo de nuestra categoría, pero la carrera es muy dura y acabar novenos es todo un triunfo», proclama el madrileño.

Conducir en Le Mans es la culminación de un sueño para un piloto que se ha convertido en un ídolo de legiones de jugadores de PS3. El concurso en el que triunfó hace tres años, el GT Academy, es ya uno de los más concurridos en la historia de los videojuegos. En la edición de este año ha tenido 1,2 millones de participantes solo en Europa. Los veinte mejores, entre los que está el extremeño Carlos Murillo, tendrán la posibilidad de realizar un cursillo de pilotaje real en Silverstone. De aquí saldrán los dos elegidos para correr en enero las 24 Horas de Dubai siguiendo los pasos de Ordóñez. El caso del madrileño, sin embargo, no es muy común. La pericia virtual no siempre es garantía de buenos resultados: «Hay gente que se echa atrás en cuanto da dos vueltas en un circuito real».

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