Aunque la queja es un mecanismo para el alivio de nuestros pesares, tomarla por costumbre (muchas veces sin razón de peso) puede convertirse en un auténtico problema. También para el receptor, que acaba embriagado de un pesimismo incapacitante. Esto se debe a que nuestro cerebro está programado para la empatía, cuenta la psicóloga Jeniffer Delgado: “Las neuronas espejo se encargan de que podamos experimentar las mismas sensaciones que la persona que tenemos delante, ya sea alegría, tristeza o ira. Nuestro cerebro intenta imaginar qué siente y piensa esa persona, para poder actuar en consecuencia y modular nuestro comportamiento”. Ahí la respuesta de por qué las redes sociales se han convertido en auténticos caladeros de quejas.

En lo que a protestas triviales respecta, el ámbito del entretenimiento se lleva la palma. Muy curioso que aquello creado para divertirnos, canalice buena parte de nuestras iras y frustraciones. Nunca antes se han leído críticas tan descarnadas, hablemos de literatura, cinematografía o los propios videojuegos. Y es que ya no se acude al cine para disfrutar, sino para rebatir opiniones con conocimiento de causa. Admitidlo: alguna entrada habéis comprado para atestiguar si tienen o no razón “los amargados esos de Twitter”, habiéndoos pasado buena parte de la proyección reflexionando sobre tal o cual tweet. Los mejores ejemplos se dan siempre en situaciones de convergencia, cuando un libro da el salto a la gran pantalla y acudimos en tropel para emitir nuestro veredicto sobre la calidad de la adaptación.

Fijémonos, más concretamente, en el ocio electrónico. Leía hace unas semanas en Vandal, a raíz del tráiler de anuncio de Marvel vs. Capcom: Infinite: “¿Sólo yo noté que los pechos de Morrigan están super reducidos?” […] “Primero saldrá la incomplete rata version. Seguro que ya tienen guardados muchos personajes para la segunda temporada” […] “¡Qué se dejen de mejorar los gráficos! ¡Quiero 6 botones, múltiples combinaciones y más variedad de personajes en el bando de Capcom”. Son sólo tres de los comentarios mayormente negativos que acumula la noticia, destacándose (por lo absurdo) quien se siente ultrajado por la reducción mamaria de una de las protagonistas.

Vámonos ahora a Eurogamer, donde ayer mismo se publicaba el nuevo tráiler cinemático de Mass Effect Andromeda. Se trata de una secuela harto esperada, con unos valores de producción fuera de toda duda, pero el desánimo cunde entre los comentarios: “Cada nuevo trailer me deja un poco más frío que el anterior… Se intuye un juego conformista, que ofrecerá lo mismo de siempre pero un poco peor. Ojalá me equivoque” […] “El juego podrá acabar siendo un pepino (o no), pero no lo pueden estar promocionando de peor forma. Horrible todo lo que han enseñado hasta ahora y cómo lo han enseñado. Parecen empeñados en no venderlo”. […] “Lo voy a jugar porque soy muy fan de la saga y temática pero aún no he visto nada que me haga suspirar por el…”. El consabido hype, ése que nos conducía irremediablemente a la decepción, está dejando de ser un problema: ya vamos decepcionados de casa.

Vivimos en la era del leer, ver y jugar para poder criticar. Divertirnos es secundario

Nadie dice que tengamos que aplaudir cual mono de feria, pasando por alto defectos y prácticas comerciales abusivas, pero vendría bien recuperar el apasionamiento de antaño a los mandos. Sí, Breath of the Wild correrá a 900p en pleno 2017, pero una parte de vosotros se muere por jugarlo. Todo depende del color del cristal con que se mira y Switch ya es la consola portátil más ambiciosa de la historia (por mucho que Nintendo se empeñe en el enfoque contrario). Desde esa perspectiva, el primer Zelda en alta definición nos hará disfrutar como nunca, en cualquier parte.

Por fortuna, hay veces que las críticas caen por su propio peso, en cuanto el software de turno llega al mercado. Los de “un Resident Evil en primera persona no es Resident Evil” han tenido que almorzarse sus palabras, atestiguándose justo lo que prometían sus productores: un retorno a las sensaciones de la primera entrega, con su inventario en modo Tetris, hierbas de colores y cintas de guardado. “Bueno vale, pero todo lo demás no deja de ser una copia de Oultast“, espetan los quejicas. Entonces alguien se saca de la manga la comparativa bajo estas líneas, un nuevo “¡Zas, en toda la boca!” que reafirma la idea tras este texto: nos empeñamos en combates dialécticos, olvidando lo realmente importante. Esto es, encerrarnos en la habitación a oscuras, agarrar el mando y prepararnos para disfrutar.

Comparativa entre Outlast y Resident Evil 7.

Comparativa entre Outlast y Resident Evil 7.

Un estudio de la Universidad de Stanford demostró que quejarse en exceso reduce el hipocampo, fundamental en la resolución de problemas y el pensamiento inteligente. También que nuestro cuerpo segrega cortisol (la hormona del estrés), lo que incrementa la presión sanguínea y el nivel de azúcar en sangre. Todo pasa factura al sistema inmunológico, haciéndonos más propensos a enfermedades cardiovasculares, sufrir un infarto cerebral o padecer ciertos tipos de cáncer. Pensaréis que nos hemos puesto demasiado melodramáticos pero los hechos son los que son y, vista la cantidad de preocupaciones reales que nos asaltan a diario, ponerse hecho una furia por un videojuego se antoja ridículo.

Muy revelador este consejo de Delgado: “La próxima vez que acuda una queja a tu mente, recuerda que los leones no son vegetarianos. Esto significa que, por mucho que te quejes, no van a cambiar su dieta. Si quieres cambiar algo y no convertirte en su cena, será mejor que busques otras estrategias”.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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