The Elder Scrolls. Sin duda, unas palabras mágicas que resuenan en el corazón de todo buen aficionado a los RPGs. De hecho, pocas personas que se consideren a sí mismas seguidoras de este género desconocerán esta ya legendaria saga. Pero lo cierto es que si bien hoy por hoy el público asocia esta franquicia a grandes espacios abiertos, docenas de quests, ciudades vivas e intrincados procesos de progresión de personajes, no fue así como esta saga se dio a conocer al mundo. A falta de menos de diez días para el lanzamiento de Skyrim, este es un homenaje al hombre que dotó a la saga The Elder Scrolls de la identidad por la que ahora todos la conocemos: Todd Howard.

Todd Howard nació en la localidad de Lower Macungie Township, Penssilvania en el año 1970. Y ya desde muy joven se aficionó al mundo de los videojuegos. De hecho, el propio Howard ha reconocido varias veces que su perfil encajaba perfectamente con el prototípico friki: aficionado a los juegos de rol, a las matemáticas, miembro de un club de aficionados al ajedrez y amante de los videojuegos. Y hay que decir que su afición a los videojuegos iba más allá del mero placer de jugarlos. Y es que su obsesión era la de crear su propio videojuego, hasta el punto de que su única petición recurrente a sus progenitores era la de que le compraran un ordenador, con el fin de poder crear sus propios juegos.

Fueron varios los títulos que marcaron al joven Todd en su gusto por los RPGs, aunque el desarrollador siempre remarca dos casos: Wizardry, que en su opinión sentó las bases de los RPGs modernos para ordenador, y la saga Ultima, concretamente las entregas III a la VII, primera saga en mostrar un mundo abierto para el jugador.

Lo cierto es que parecería que Howard no hacía otra cosa que jugar. Pero el joven no dejó de lado sus estudios, y se graduó en la Emmaus High School en el año 1986. Acto seguido se matriculo en finanzas en la universidad The College of William & Mary, debido a que finanzas parecía ser la carrera más fácil de todas las disponibles. El propio Howard ha reconocido sin ruborizarse que era la manera más rápida de obtener una licenciatura, cosa que consiguió en el año 1993 sin demasiado esfuerzo, puesto que se tiene constancia de se pasaba gran parte de su tiempo en la Universidad jugando al Wing Commander en los laboratorios de informática de la universidad.

Pero mientras el desarrollador compaginaba su gusto por los videojuegos y sus labores de programación autodidacta con los estudios, el destino le tenía preparada una sorpresa. Y es la adquisición del título Wayne Gretzky Hockey 3 le hizo darse cuenta de que la desarrolladora del juego, que no era otra que Bethesda Softworks, tenías sus oficinas en un lugar por el que Howard pasaba todos los días de vuelta a su casa desde la universidad. Howard vio la oportunidad y se presentó allí con su pasión por los videojuegos y sus ganas de aprender como únicas referencias. No obstante, en Bethesda le rechazaron argumentando que debía licenciarse primero. 

Tras licenciarse, en el año 1993, Howard volvió a intentarlo, animado por los rumores de que en la compañía se estaba trabajando en un título de rol, el cual acabaría por convertirse en el primer The Elder Scrolls, Arena, lanzado ese mismo año. Pero el desarrollador volvió a ser rechazado, ya que en esta ocasión no había puestos libres en la compañía. Resignado, Howard buscó trabajo en la industria, y lo encontró en una pequeña desarrolladora en West Virginia, con  la que colaboró en el desarrollo de varios títulos que no contaron con ningún seguimiento.

No obstante, el trabajar de manera oficial en la industria del videojuego le abrió la puerta a las grandes ferias del sector. Y en su primera asistencia a la ahora extinta CES, Howard volvió a presentarse en el stand de Bethesda, insistiendo en que deberían contratarlo. Finalmente, en el año 1994, poco después del lanzamiento de Arena, Howard fue contratado por Bethesda. No sabemos si fue por su insistencia o por una genuina confianza en sus habilidades. Pero lo cierto es que Howard consiguió su objetivo: empleo en Bethesda, lugar del que no se ha movido hasta la actualidad.

Independientemente de las razones que llevaran a los responsables del estudio a contratar a Howard, la realidad es que vieron muy pronto el potencial que el desarrollador podía desplegar. Nada más entrar fue puesto a trabajar en el desarrollo de la segunda entrega de la saga The Elder Scrolls: Dagerfall, bajo la supervisión del director del proyecto: Ted Peterson. Y tras menos de un año en las oficinas, Howard ya fue seleccionado para un puesto de responsabilidad tras ser nombrado Productor y Diseñador del título The Terminator: Future Shock, que fue lanzado en el año 1995. Al año siguiente, 1996, repitió puesto en otro título ambientado en la saga Terminator: Skynet.  Pero fue en ese mismo año, 1996, cuando Dagerfall fue puesto a la venta. Y fue en ese momento, cuando el mundo recogió los frutos del trabajo de Howard en la saga The Elder Scrolls, que ya comenzaba a parecerse a lo que conocemos hoy en día.

Efectivamente, Dagerfall fue el primer título de la saga que mostró varias de las señas de identidad que ahora asociamos a la franquicia. Howard aplicó muchas de los conocimientos adquiridos en sus largas sesiones de rol de su juventud para sustituir el sistema de puntos de experiencia de Arena por un nuevo sistema de habilidades. Dichas habilidades iban mejorando con el tiempo en función del uso que hacíamos de ellas, algo no muy habitual en los videojuegos por aquellas. Otro seña de identidad que debutó en Dagerfall fue un sistema profundo y complejo de creación de personajes, algo que es parte intrínseca de la saga y que Howard ayudó a implementar. No hace falta decir que el juego fue todo un éxito entre los aficionados del género, aunque no contó con unas ventas destacadas.

Poco después, y como premio al éxito de Dagerfall, Howard fue seleccionado como Productor y Diseñador Principal del primer Spin-off de la saga The Elder Scrolls: Redguard.  Así se trataba de un título de acción/aventura que no seguía la numeración de la saga y que contó con unas críticas decentes, aunque no con unas ventas apabullantes, algo que parecía intrínseco a la saga. Pero eso estaba a punto de cambiar. Y es que si Dagerfall implementó varias de las señas de identidad de la franquicia, sería el siguiente capítulo, el tercero,  el que definitivamente convertiría a The Elder Scrolls en leyenda.

Efectivamente, hablamos de Morrowind. El título que hizo explotar la popularidad de The Elder Scrolls y que contó con la Dirección de nuestro protagonista. Ahora sí, ahora teníamos para nuestro disfrute ciudades abiertas, eternos parajes para explorar, multitud de NPCs con los que interactuar y un entorno de juego que respondía a nuestras acciones. Howard marcaba las bases de los RPGs occidentales y la saga The Elder Scrolls se convertía en su buque insignia. Morrowind se convirtió en un clásico de la noche a la mañana y en el referente de todo un género. Además, la crítica se puso a los pies de la obra de Bethesda Softworks. Además, por primera vez, la saga contaría con unas ventas más que decentes.

Este título contó con dos expansiones, Tribunal y Bloodmoon, que extendían la vida útil del juego. Además, la compañía se entretenía con el desarrollo de una serie de títulos de conducción: IHRA Drag Racing. Pero los esfuerzos del equipo central de desarrollo de Bethesda, capitaneados por Howard, tenían la mirada ya puesta en la siguiente entrega de la saga The Elder Scrolls. La entrega que convertiría a la franquicia en un fenómeno global y en saga super ventas, por primera vez en su historia.

Damos el salto y nos topamos con la que es hasta la fecha la última entrega en ser puesta a la venta de la saga The Elder Scrolls: Oblivion. El juego, gracias a la sabia dirección de Howard, recogía todo lo visto en Morrowind y lo hacía más grande y mejor. Y como ya hemos dicho, es el primer título de la saga en convertirse en un super ventas. La saga The Elder Scrolls ya era global.

Como dato curioso, decir que Oblivion fue uno de los primeros juegos en implementar algo que hoy por hoy es nuestro pan de cada día: los DLCs o contenidos descargables mediante microtransacciones. Así, en el juego podíamos adquirir armaduras para nuestro caballo, nuevos tomos de magia, una nueva daga, una torre para magos, etc… Además, el juego contó con dos expansiones: Knights of The Nine y  The Shivering Isles. Como véis, la vida útil del juego se extendía al por mayor, lo cual sin duda era del agrado de los aficionados a la saga.
Efectivamente, no todo era The Elder Scrolls en la vida de Bethesda y de Howard. Y es que el desarrollador, una ávido seguidor de la saga Fallout, consiguió que la compañía madre de Bethesda, Zenimax, se hiciera con los derechos de la saga para la realización de la tercera entrega: Fallout III.

Tras la consecución de los derechos (algo que en la actualidad le está trayendo más de un dolor de cabeza a la compañía) Howard se puso al frente del desarrollo de lo que acabaría siendo Fallout III, otro clásico instantáneo que contó con el beneplácito de crítica y público. Pero muchos echaban de menos a la saga The Elder Scrolls, sin duda, lo más conocido de Bethesda. Y por suerte, hace ya muy poco meses, la compañía representada por nuestro protagonista presentó al mundo en los Video Game Awards su siguiente capítulo.

The Elder Scrolls V: Skyrim. Así se llamará la nueva entrega de la saga, un nuevo capítulo localizado en la región nórdica de Skyrim, con los dragones como grandes protagonistas, y un nuevo motor gráfico al servicio de la que se promete como la aventura más espectacular de cuantas se han contado desde Bethesda. En esta empresa, Howard aplicará las que siempre han sido sus máximas como desarrollador:

•    un bueno título no se hace, se juega
•    hay que pensar a lo grande, aún teniendo muchos visos de fracaso
•  hay que mantener la estructura jugable simple: sistemas simples actuando en conjunto crean una complejidad que el jugador aprecia
•    Define tu juego en función de la experiencia que quieras que el jugador experimente al jugarlo

Todd Howard es ya una leyenda en la industria del videojuego. Es responsable de la saga The Elder Scrolls tal y como la conocemos hoy en día, y ha colaborado también en la revitalización de otra saga legendaria: Fallout. Además, es uno de los desarrolladores más respetados entre los colegas de profesión, a pesar de alguna que otra controvertida declaración (legendario es su rechazo de elementos estadísticos como la demografía o la base instalada a la hora de desarrollar un videojuego ya que, en su opinión, si toda la industria se guiara por elementos como la base instalada, todas las desarrolladoras acabarían haciendo juegos de mesa, puesto que hay muchas mesas instaladas en el mundo).

Sea como fuere, el mundo contiene el aliento antes las gotas de información que nos van cayendo de Skyrim. Mucho esperamos de este juego, y muchas son las miradas centradas en nuestro protagonista. Pero independientemente de que el juego acabe convirtiéndose en la obra maestra que todos esperamos, Todd Howard se merece nuestro homenaje y nuestro más sincero agradecimiento por todos los buenos momentos que YA nos ha hecho pasar.

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