No todo el mundo puede tener el trabajo con el que siempre soñó. Es el caso del protagonista de Do Not Cross, que se gana la vida en las escenas de crímenes… limpiándolo todo una vez que la policía ha terminado de investigar todo lo investigable. Un trabajo desagradable, con un mal horario y que nunca resolverá ningún crimen ni ayudará a nadie, excepto a los propietarios de los apartamentos de los asesinados, que querrán volver a alquilarlos. Así, noche tras noche, visitaremos escenarios crímenes violentos y con una serie de herramientas a nuestra disposición, lo dejaremos todo como los chorros del oro.

A simple vista, Do Not Cross parece una especie de extraña mezcla entre “Viscera Cleanup Detail” y “Papers, Please“. La apreciación no anda desencaminada, si bien se encuentra más cerca de la inmersión del segundo que del desenfadado sentido del humor del primero. De hecho, como pasaba en el juego de Lucas Pope, lo que al principio es una tarea rutinaria nos permitirá, conforme la vayamos automatizando, apreciar ciertos matices, e irá creando una historia de fondo de un modo casi imperceptible.

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