Sony le tiene el truco cogido al E3. Ya van unos cuantos años seguidos en los que parece que enseñan más, mejor y más grande, que se llevan el gato al agua y dejan a todo el mundo asombrado. Eso sí: cuando el humo se disipa, cada E3 nos preguntamos si lo que hemos visto eran cañonazos de verdad o sólo fuegos artificiales. Los japoneses saben armar un show, eso está claro; que dicho show esté anclado en la realidad o consista en promesas es otro asunto. ¿Qué porcentaje de los juegos que mostraron en el pasado E3 son ahora realidad? ¿Cuánto fueron vagas promesas de las que aún no se sabe nada?

Y sin embargo, este año la cosa ha sido distinta. Nada de interminables minutos dedicados a sacar pecho dando cifras o a hablar de servicios que ni nos van ni nos vienen: Sony ha dedicado la hora y cuarto de su conferencia a enseñar juego tras juego. Incuso aunque buena parte de ellos no estarán antes de 2017, todos están más hechos, más enteros que lo que se mostró el año pasado de juegos como Shenmue 3 o Final Fantasy VII (cuyas ausencias, por cierto, denotan flagrantemente hasta qué punto lo que se enseñó era el equivalente a un garabato sobre un papel). La mejor noticia de la conferencia es que hubo poco trailer de imagen generada por ordenador, poca promesa de lanzamientos y ninguna campaña de Kickstarter: el gameplay fue el protagonista, incluso en juegos sin fecha de lanzamiento siquiera estimada.

La mejor noticia de la conferencia es que el gameplay fue el protagonista

Sony ha aprendido muy bien a presentar shows con un ritmo frenético; si ya era capaz en conferencias con más ruido que nueces, este año tenía la cosa aún más fácil. La de este año es una presentación prácticamente perfecta: todo funcionó como la seda, a una velocidad asombrosa, sin dejar tiempo para respirar al respetable. La multinacional japonesa sentó toda una orquesta en el foso del teatro para subrayar el tempo de la presentación. Dirigiendo a los músicos situó a Bear McCreary (compositor de cine y de la BSO del próximo God of War, la gran estrella de la presentación).

La orquesta puede parecer simplemente un bonito añadido, pero en mi opinión hizo mucho por subrayar la grandiosidad del show. Lo de menos es que fuera una preciosa forma de llenar los silencios: la pompa grandilocuente de toda una orquesta acompañando a los invitados y a cada anuncio da a una presentación así la gravedad, la trascendencia que realmente tiene. Esto ya no es un montón de colorines en una pantalla para fans: es la mayor presentación del año de la marca más en forma de la industria cultural más potente del momento. Y si hay que poner una orquesta, se pone y punto.

La primera gran estrella de la noche es el nuevo God of War, la reinvención de una de las franquicias más exitosas de las pasadas dos generaciones. El Kratos que conocíamos es un cliché con patas, y la jugabilidad de la saga, tan entretenida como plana, está envejeciendo regular. Pese al tirón que de por sí aún tiene el personaje, esta nueva visión de todo God of War (tanto de la ambientación, ahora nórdica, como de su protagonista y su jugabilidad) garantiza una larga vida a la marca.

Lo más trascendente desde un punto de vista informativo fue el desembarco de la realidad virtual

No obstante, pese a lo llamativo de este Kratos barbudo, lo más trascendente desde un punto de vista informativo fue el desembarco de la realidad virtual. Playstation VR ya no es un proyecto, tiene fecha y precio de lanzamiento concretos. Los primeros juegos que se mostraron disipan el miedo a que su catálogo de lanzamiento se pase de precavido y cuente sólo con minijuegos y aplicaciones: títulos como Farpoint o Batman: Arkham VR garantizan que el sistema de realidad virtual de Sony va a contar con experiencias complejas y bien cuidadas desde su primer día. Para mi propia sorpresa, Sony ha conseguido que me apetezca tener el cacharro y ponerlo a prueba. Es una excelente noticia para un producto que lleva décadas asomando la patita, pero que nunca hasta ahora había logrado ofrecer una propuesta capaz de enamorar al gran público.

También me pareció una buena noticia la vuelta de Spiderman a los videojuegos. Sony aprovecha que mantiene la licencia del personaje para asegurarse un exclusivo que promete muchísimo, vista la enorme calidad de los últimos juegos de Insomniac Games. Por comentar brevemente el resto de juegos, diré que Horizon Zero Dawn sigue teniendo buena pinta, Days Gone seguro que será entretenido pero me parece un poquitín genérico (Mad Max + zombies, difícil encontrar ingredientes más sobados en los últimos años). Que David Cage me parece un charlatán y me da una pereza tremenda es ya sabido por los lectores habituales de esta revista. Que The Last Guardian reciba fecha de lanzamiento y sea dentro de pocos meses parece el primer signo de que el apocalipsis se acerca y todos deberíamos arrepentirnos de nuestros pecados. Y que Capcom coja ideas (ejem) de Silent Hill para volver al horror con Resident Evil 7, adaptando además el juego a la realidad virtual, me parece la mejor noticia para revitalizar una saga que ya andaba renqueante en cuanto a ideas nuevas.

Esta conferencia ha supuesto también la vuelta al candelero (¿se fue alguna vez siquiera por un minuto?) de Hideo Kojima en lo que fue, no nos engañemos, la mayor venta de humo de todo el show. Kojima sólo anunció el título de su próximo juego: no se sabe ni la propuesta jugable ni temática, ni el punto de partida argumental, ni mucho menos un lanzamiento aproximado. Lo hizo además con un trailer pretendidamente profundo que trae de cabeza a miles de fans por todo Internet, que están ejerciendo de exégetas de un par de minutos de vídeo en el que, en mi opinión, no hay tanto que sacar. Se le atribuyen a Kojima unas virtudes de genial poeta simbolista, creador de alegorías y significados ocultos que se basan más en la imaginación y lecturas de sus fans que en lo que realmente aparece en sus obras, más grandilocuentes que elocuentes, más efectistas que con verdadera profundidad de contenido. No obstante, aunque no es precisamente un gran escritor sí es un diseñador de videojuegos genial, y que siga creando es una excelente noticia.

Esta conferencia ha supuesto la vuelta al candelero de Hideo Kojima en lo que fue, no nos engañemos, la mayor venta de humo de todo el show

Para mi sorpresa, lo peor de la conferencia fue su cierre: unos minutos de gameplay en vivo de un juego recién anunciado, Days Gone, que aunque no estuvieron mal deslucieron un poco el ritmo frenético de toda la conferencia. Tras tanto correr desde el principio del show aquello supuso un frenazo anticlimático. No obstante, casi sería más apropiado decir que fue lo menos bueno, y no lo peor: aunque a mí me parezca un poco genérico el juego tiene buena pinta, y siempre es buena noticia que se muestren imágenes en vivo de lo que será el producto final. Esperaba una traca final más potente (Naughty Dog , ¿dónde estáis?).

Se pueden plantear unos cuantos peros al show: los dueños de PS Vita deben estar que trinan; yo personalmente eché de menos el espacio que Sony ha dejado en los últimos años a lo mejor del desarrollo independiente; y la PS4K planeó como un fantasma sobre toda la presentación, un elefante que estaba ahí por mucho que en Sony fingieran que por “nuevo hardware” no les venía nada. Y pese a todo, esta conferencia ha sido prácticamente perfecta en ritmo y presentación. PlayStation dejó ayer escrito un manual de cómo preparar un show para el E3 y dejar a todo el mundo satisfecho.

Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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