La conferencia de Microsoft con motivo de la Electronic Entertainment Expo se recordará como una ecuación irresoluta. Tras meses de rumores sobre la nomenclatura de su próxima sobremesa, el proyecto Scorpio se presentó como Xbox One X, equis que esperábamos despejasen con un catálogo acorde a las interioridades de la máquina.

Salvo Forza Motorsport 7, Metro Exodus y Anthem, pocos títulos justificaron los muy comentados 6 teraflops de potencia. Jugar en resolución 4K nativa y a 60 frames por segundo será una realidad, pero no sabemos si bastará para encandilar a nuevos usuarios. Lo único seguro es que Xbox One X recibirá las mejores versiones multiplataforma, arrebatando a Sony aquello de “la consola más potente del mundo”.

Los 499 euros de partida suponen todo un handicap, pero no esperábamos otra cosa, especialmente tras constatar las ínfimas dimensiones de la máquina. Los ingenieros de Microsoft han miniaturizado cada componente, implementado un sistema de refrigeración sin precedentes en esto del entretenimiento doméstico. El resultado son 3,8 kilos de peso en un volumen inferior al de Xbox One S, plataforma también compatible con los títulos proyectados.

Nada más arrancar, Phil Spencer (mandamás de la división Xbox) prometió 22 exclusivas, lo que engrandeció nuestras expectativas: “el año de sequía está a punto de terminar”, pensamos muchos, “Microsoft Studios habrá pasado los últimos años orquestando un lanzamiento de altura”. Nos equivocamos. Retornaron viejos conocidos como Crackdown 3, Sea of Thieves y State of Decay, este último bajo un acabado técnico mejorable si lo comparamos con el prometedor Days Gone de PlayStation 4. Para colmo, Rare y Scavengers Studio volvieron a retrasar sus fechas de estreno.

Xbox One X convenció a los de casa más que a nuevos usuarios; hablamos de precio, pero también de exclusivas

El resto de la muestra fueron producciones independientes de exclusividad completa o temporal (la mayoría). Desarrollos originalísimos en estética o planteamiento que comieron terreno a las superproducciones por todo el mundo esperadas. Nada de Halo, como ya se sabía, pero tampoco de Fable, un Scalebound renacido o ese ansiado plataformas tridimensional con acento británico. A este respecto nos conformamos con Super Lucky’s Tale, adaptación de la otrora exclusiva para Oculus Rift y previsible señal de que ambas compañías conversaron para vincular el visor a Xbox One X. Hablamos en pasado por las últimas declaraciones de Spencer, quien da marcha atrás al abrazo de la realidad virtual (al menos por el momento): “la tecnología no está preparada para el salón”.

Los incondicionales de la marca sí que resultaron agraciados, al anunciarse la retrocompatibilidad con el catálogo de la primera Xbox y el lanzamiento de parches 4K gratuitos para buena parte del catálogo preexistente, tanto propietario (Forza Horizon 3, Gears of War 4, Killer Instinct) como de terceros (Final Fantasy XV, Resident Evil 7 y Ghost Recon Wildlands entre más de treinta títulos). One X se entiende así una consola por y para usuarios de Xbox, quienes además no cuenten con un PC de gama alta, dada la expansión irrefrenable del programa Play Anywhere.

Algo nos dice que la masa seguirá adscrita a PlayStation 4 por esos cien euros de diferencia y unas exclusivas garantizadas; las mismas que Microsoft debería haber anunciado. Para muestra un botón: todo habría sido diferente si lo nuevo BioWare se hubiese presentado como exclusiva propiamente dicha, al estilo del primer Titanfall. Tan sólo eso, una propiedad intelectual inédita, hubiese elevado la retransmisión del suficiente al notable.

Xbox One X es una pieza de hardware impresionante, pero los de Redmond deben dotarla de entidad para salir victoriosos. En este sentido, el E3 2018 resultará determinante: los Microsoft Studios carecerán de software a la cola y deberán probar su razón de ser a largo plazo.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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