El pasado jueves se confirmó la compra de Pebble por parte de FitBit. El monto de la operación no ha trascendido, pero según informaciones de Bloomberg éste se situaría en torno a los 40 millones de dólares. La mitad de lo que ofrecía Intel hace tan sólo unos meses y en las antípodas de los 700 millones que Citizen llegó a poner sobre la mesa hace algo más de un año.

Pebble muere de forma prematura. La compañía pionera en esto de los wereables nació en 2012, hace cuatro años, gracias a una campaña en Kickstarter que superó todas las expectativas. De una inversión inicial solicitada de 100.000 dólares, logró la estremecedora cifra de 10,2 millones. Se convirtió, de inmediato, en la campaña más exitosa de la plataforma de crowdfunding hasta ese momento.

Sin embargo, y a pesar de los más de dos millones de relojes vendidos, la compañía se ha visto obligada a esta venta por, según indica su sitio web, “diversos factores que les impiden seguir con su actividad comercial de forma independiente”. Las cifras están ahí: la venta de relojes inteligentes cayó un 56% en el último trimestre del año y tan sólo FitBit, especializada en pulseras de monitorización, ha conseguido mantenerse.

FitBit ha comprado la propiedad intelectual de Pebble, es decir, su software, que con el tiempo irá integrando en sus propios dispositivos. Esto supone el despido de la mitad de la plantilla de Pebble, cuyos productos dejarán de comercializarse y actualizarse. Así mismo, se han cancelado las campaña en Kickstarter para los nuevos modelos Pebble 2, Time 2 y Core, cuyos mecenas serán reembolsados de forma paulatina hasta marzo de 2017. Otra mala noticia es el fin del soporte de garantía, coincidiendo con el cierre del soporte técnico.

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La campaña original de Pebble recaudó 10,2 millones de dólares en Kickstarter, un 102% más de lo solicitado.

Hay que entender la operación dentro del marco de crisis que sufre el sector. Cierto que los productos de electrónica vestible han visto incrementadas sus ventas en más de un 3% durante el último año, pero el 85% de las mismas corresponde a pulseras de actividad física (es decir, los gadgets más económicos y sencillos). Resumiendo: los caros relojes inteligentes no han llegado a calar entre el gran público. La propia Motorola anunció que dejaría de fabricar estos dispositivos hace apenas unos meses. Incluso la todopoderosa Apple, compañía que más smartwatch coloca, ha visto reducidas sus ventas en más de un 70% frente al mismo periodo del año anterior.

Todo esto no hace sino reabrir el viejo debate sobre los productos financiados a través de las plataformas de crownfounding. Cualquiera podría pensar que Pebble fue todo un éxito, pero visto con perspectiva, nos encontramos con un panorama desolador: una compañía jovencísima que se ha visto abocada a la venta, dejando en la estacada a la práctica totalidad de sus clientes.

Cabe preguntarnos entonces, ¿merece la pena apostar por nuevos diseños tecnológicos financiados por la comunidad o es preferible acudir a empresas y marcas asentadas en el mercado y sostenidas por una fuerza financiera estable? En cualquier caso, Pebble era un símbolo; tanto del éxito que puede llegar a tener un buen producto con una buena campaña de financiación colectiva, como de marca (supuestamente) asentada en esta nueva virguería tecnológica que supone el mundo de los wereables en general y el de los smartwatch en particular. 

La última esperanza, irónicamente, queda en manos de la comunidad. O para ser más exactos, en manos de los desarrolladores, que podrían ser los únicos capaces de mantener con vida los productos Pebble. El tiempo dirá.  

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