El estudio al que se ha hecho referencia consideró a 2.000 usuarios de 78 países, reclutados a través de foros y redes sociales. Casi dos tercios de los participantes se identificaron como jugadores habituales o ‘hardcore gamers’.

Entre las conclusiones más relevantes destaca cómo un 31% de los preguntados reportó haber visto imágenes del videojuego aún con los ojos abiertos; un 74% oyó la música del juego tras apagar la consola y casi la mitad (un 46%) aseguró haber escuchado la voz de algún personaje.

Otros fenómenos aludidos son sensaciones de movimiento (51%); cantar, gritar o decir algo asociado al videojuego de forma involuntaria (58%); el pensamiento de utilizar ítems virtuales en la vida real (75%) o la necesidad de obrar en cierto modo tras ver algo que recuerde al videojuego (72%).

“Muchos de los GTP ocurren dadas las asociaciones entre los contenidos de los videojuegos y estímulos de la vida real. Conocer el impacto de tales contenidos facilita el aprovechamiento del ocio electrónico en materia de salud y educación”

Curioso también que prevalezcan unos géneros sobre otros, siendo aventuras (54%) y RPGs (53%) los que más experiencias propiciaron. La investigación incide además en la temporalidad: la mayoría de ‘transferencias’ se produjeron justo después de jugar (42%) u horas más tarde (47%), al realizar actividades diurnas (62%). Menos frecuentes al estar acostado en la cama (31%) o mientras se conciliaba el sueño (28%).

Cabe preguntarse, llegados a este punto, si este Game Transfer Phenomena puede suponernos algún perjuicio. No en líneas generales, nos cuenta Ortiz: “En la mayoría de casos no tienen implicaciones negativas. De hecho, más jugadores han experimentado el GTP como algo placentero que displacentero. En el último estudio, sólo un 20% reportó haber experimentado consecuencias negativas”.

“Los riesgos derivados de los GTP radican en experimentarlos recurrentemente y por tiempo prolongado; el que sean instrusivos, provoquen ansiedad o se sientan inadecuados. El usuario puede cuestionarse su salud mental al interpretarlos como patológicos, e incluso ser incapaz de controlar sus impulsos. Reaccionar con acciones automáticas ante imágenes o sonidos fantasmas supone todo un peligro cuando nos encontramos en situaciones de riesgo potencial”.

La psicóloga ofrece algunas recomendaciones para evitar cualquier efecto adverso:

Moderar la duración de las partidas: “La susceptibilidad personal es crucial, pero también los hábitos de juego. Las sesiones prolongadas generan fatiga mental, siendo más difícil tener control sobre funciones ejecutivas como la atención o el razonamiento. Cuando estamos fatigados nuestras respuestas dependen más fácilmente de estímulos externos, lo que aumenta la probabilidad de experimentar GTP”.

Tomar un receso después de jugar: “El GTP suele ocurrir poco antes de dejar de jugar u horas después, aunque en muchas ocasiones es activado por asociaciones entre elementos del mundo real y el virtual. Debemos ser cuidadosos al involucrarnos en actividades que se asemejen a las del juego, como conducir”.

Contar lo ocurrido: “Compartir la experiencia ayuda a no interpretarla como signo de patología, sino como un fenómeno espontáneo del que estar alerta. Se brinda así apoyo al jugador angustiado, evitando que desarrolle problemas de salud mental”.

El GTP cobrará mayor relevancia en los próximos meses, con el asentamiento de los visores de realidad virtual. Semejante grado de inmersión debería potenciar los efectos de transferencia, aunque es pronto para extraer conclusiones, opina De Gortari: “Necesitamos conducir estudios comparativos en plataformas tradicionales y VR, pero considero que el Game Transfer Phenomena será más común conforme los videojuegos se vuelvan más persuasivos, realistas y estimulen mayores canales sensoriales”.

Así que ya sabéis: la próxima vez que os apetezca horrores abrir un portal para cambiar de acera u os sobrevengan los FX de Metal Gear Solid al ser pillados infraganti, ni estáis solos, ni locos.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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