Este artículo es la segunda parte del reportaje GTA V, dos años después.

Hay una larga tradición de críticas a Rockstar por la violencia que despliega en sus juegos, y otra tradición, algo más reciente, por el sexismo que recrean y el tratamiento que dan a las figuras femeninas. Con la primera crítica no estoy de acuerdo en absoluto, y con la segunda lo estoy sólo parcialmente, porque creo que está mal enfocada desde su base.

GTA debe observarse desde la sátira. Todo el elenco de personajes que han desfilado por cada una de las entregas son estampas satíricas, caricaturescas, reproducen clichés y en muchos casos los exageran hasta el absurdo. Donde muchos ven una recreación sincera de actitudes sexistas, machistas, racistas y un largo etcétera de -istas, yo sólo veo una crítica (una con muy mala leche, además) hacia estas actitudes. Brucie Kibbutz, por ejemplo, es uno de los personajes más machistas de la saga pero también uno de los más ridículos.

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El problema de GTA con las mujeres es otro: es la alienación de las representaciones femeninas, la ausencia de diversidad en estas representaciones. En contraste, los personajes masculinos son muy diversos, aunque casi todos ellos salgan mal parados si los analizamos apartando el filtro satírico marca de la casa. Casi todos son unos cafres, unos tarados, unos psicópatas. Y aquí está el matiz importante, porque se trata de unos cafres, tarados y psicópatas que nos divierten, que nos caen bien, que nos hacen reír. No hay mujeres en GTA que tengan una función equivalente e igual de activa. Casi todas las mujeres que aparecen son personajes mucho menos emergentes, más planos, y normalmente lo burlesco no se efectúa con ellas, sino que ellas son el objeto de la burla.

El problema de GTA con las mujeres es que no hay personajes femeninos que funcionen en el mismo plano que los masculinos

Hay excepciones, por supuesto. Una de mis favoritas es Catalina, una de las chicas con las que C.J. podía tener una relación en GTA: San Andreas, pero el personaje aparece atado al plano de lo romántico (o sexual, más bien), al papel de compañera del protagonista como principal característica definitoria. La otra es Elizabeta Torres (GTA IV, GTA: The Lost and Damned), una narcotraficante (bisexual, posiblemente) de Liberty City para la que Niko hace algunos trabajitos. Elizabeta es interesante y divertida, como Catalina, pero la diferencia es que Liz sí se representa como un personaje autónomo aunque, lamentablemente, poco explotado. El problema, por tanto, no son los clubes de striptease ni las prostitutas, el problema es que no hay personajes femeninos que funcionen en el mismo plano que los masculinos. En este sentido, Rockstar tiene una asignatura pendiente con los personajes femeninos y, por extensión, con el público femenino, que cada vez es más numeroso.

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Y como persona perteneciente al público femenino encuentro otro tipo de problemas en GTA Online, pero esta vez no es culpa de Rockstar, sino de los jugadores. Juego habitualmente con dos amigos, dos chicos que manejan sendos avatares de apariencia masculina, y gracias a ellos he podido contrastar ciertos comportamientos de terceros hacia mi personaje, una chica, de manera particular y en exclusiva (esto es, comportamientos que no se suelen registrar entre avatares masculinos).

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