No hay medio especializado que no haya referido a Her Story estos días, una muestra más de las licencias creativas únicamente posibles en el seno del videojuego independiente. Anda detrás Sam Barlow, reconocido por Aisle (1999) y Silent Hill: Shattered Memories (2009), títulos que han impactado significativamente en Her Story por su narración fragmentada y estética VHS respectivamente. 

Her Story convierte nuestro ordenador en el de un investigador policial, quien ha de escudriñar siete entrevistas grabadas en vídeo. El juego se ambienta en 1994, cuando una mujer británica es requerida por las fuerzas de la ley tras la desaparación de su marido. La gracia radica en que nos disponemos de las cintas en su totalidad, ni se nos permite consultarlas en orden cronológico. 

Debemos recopilar pistas tecleando términos en el buscador de una base de datos, de forma que nos devuelva fragmentos de vídeo en los que el nombre o lugar de marras (por poner dos ejemplos) sea referido. Poco a poco nos empapamos del suceso, apuntando información pertinente en nuestra libreta digital con tal atar cabos y dilucidar la verdad: "Si puedes 'Googlear', podrás jugar Her Story. La mecánica de buscar archivos de vídeo en una base de datos en tan simple que cualquiera puede atreverse, aunque encierra al tiempo una tremenda riqueza y complejidad. Llegas a implicarte en el diálogo con esta mujer y su historia", explica Barlow.

Amén de su premisa, Her Story llama la atención por sus formas: "La estética se sitúa a medio camino entre True Detective y el Proyecto de la Bruja de Blair. Quería demostrar que tecnologías tan accesibles como el vídeo suponen una herramienta con tremendo potencial para el videojuego independiente. También buscaba poner de manifiesto ese jurado popular en que se ha convertido Youtube, cuando la policía hace públicas sus grabaciones de interrogatorios y todo el mundo se siente legitimado para juzgar. Vídeos donde la historia del sospechoso se pierde en un torrente de clichés y prejuicios".

Viva Seifert interpreta a la sospechosa, imbuyéndonos en toda suerte de dilemas morales. Sus sesiones frente a la cámara no hubiesen sorprendido al jugador de hace unas décadas, cuando el Full Motion Video (FMV) se convirtió en fenómeno. Los videojuegos de acción real se vinculan estrechamente a formatos como el Capacitance Electronic Disc (CED) o el Laser Disc, con el que irrumpieron en los salones recreativos. El género llegó a entenderse como futuro del ocio electrónico, mucho antes del consabido salto a la tridimensionalidad. 

Corría 1983 cuando se instalaron los muebles de Dragon's Lair (Cinematronics) o Astron Belt (Sega). Siguieron tanto producciones que reutilizaban secuencias de vídeo (Cliff HangerBega's BattleFirefox) como aquellas para las que se grababan expresamente (Space AceTime GalThayer's Quest). La tendencia ascendente se cortó de cuajo un lustro después, dados los problemas de rendimiento y el encarecimiento de las partidas, que duplicaron su precio hasta los 50 centavos. 

Tampoco tuvieron especial suerte fabricantes como RDI Video System, que lanzó su propia consola FMV. Halcyon apenas contó con dos juegos en 1984 y el LaserActive de Pioneer (1994) corrió el mismo destino pese al abrazo del CD-ROM. El Full Motion Video vivió una segunda juventud gracias a éste, tras integrarse las primeras unidades lectoras en compatibles. Quedan así para el recuerdo títulos como Night Trap (1992), The 7th Guest (1992), Voyeur (1993), Phantasmagoria (1995) o Daryl F. Gates' Police Quest: SWAT (1995).

3DO, CD-i y Sega CD también albergaron aventuras interactivas de imagen real, aunque con pobre resultado. PlayStation y su unidad de procesamiento M-JPEG hicieron algo más por la causa, que con los años transmutó a las consabidas secuencias de video pre-renderizadas o CGI. Si os gusta Her Story, otro ejemplo FMV reciente y digno de mención es Tesla Effect (2014), de Big Finish Games.

Her Story ya está disponible para PC, Mac (Steam), iPad y iPhone (App Store) por 5,99€ y 4,99€ respectivamente.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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