Muchos años hemos tenido que aguardar la llegada de The Last Guardian desde su anuncio en 2009. El esperado proyecto de Fumito Ueda junto con Team ICO, SCE Japan Studio y Sony Interactive Entertainment salió por fin a la venta el pasado 6 de diciembre y si bien inicialmente la acogida ha sido buena, yo me he sentido ligeramente decepcionado por este poético juego; pero qué sabré yo, si a mí lo que me gusta son los juegos de tortas con la mano abierta y tiros (o espadazos, en su defecto).

La historia es sencilla, tomamos el papel de un niño que despierta en un lugar desconocido junto a una bestia mitológica con fama de come-hombres. Necesitaremos superar nuestro miedo reverencial inicial y liberar al animal, que no es otro que el adorable Trico, y alimentarlo para que empiece a confiar en nosotros. Una vez nos ganemos la confianza del gigantesco perro alado, no es más que ir de pantalla en pantalla intentando averiguar cómo avanzar para escapar de ese misterioso emplazamiento. Necesitaremos alimentar a Trico cada cierto tiempo y para ello, iremos encontrando barriles que habremos de arrojarle cerca de las patitas (patazas en realidad, pero Trico es tan delicioso que a los 10 minutos de juego ya estaremos irremediablemente rendidos a sus numerosos encantos y hablaremos de él como si de un gracioso cachorro se tratase). La relación con Trico evoluciona a lo largo del juego, poco a poco iremos conociendo mejor qué le gusta, qué le da miedo, qué necesita… Y cada cinco minutos estaremos llamándole para acariciarle, algo que resulta extrañamente relajante teniendo en cuenta que es un videojuego. Es como tener perro, pero sin los inconvenientes.

El adorable Trico hace que olvides lo repetitivo del desarrollo

Los controles son básicos, apenas cinco opciones de movimiento: andar, saltar, acariciar a Trico – que como os digo, es algo que haremos a la menor ocasión – coger y arrojar y poco más, por lo que la jugabilidad se resiente. Además, una vez hayamos pillado la dinámica de juego, cada puzzle nos resultará más sencillo que el anterior, aunque a veces el ir a lomos de Trico sea algo complicado.

Los gráficos siendo buenos, acusan el lento desarrollo y los problemas que ha atravesado el proyecto desde su inicio, planeado originalmente para PS3. Sí, los paisajes son bellísimos, pero ofrecen poca oportunidad de exploración, se quedan en una hermosa y estática fotografía que contemplar extasiados.

Lo más destacable de The Last Guardian (además de Trico) es su banda sonora, mágica, fantástica, evocadora. Es el único elemento que consigue que entres en el onírico universo de Ueda. Por lo demás, el juego resulta repetitivo y en determinados momentos, hasta aburrido y pasillero, pues no representa desafío alguno.

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