Para muchos, Bend Studio es un equipo menor; responsable de las adaptaciones portátiles de Uncharted (El Abismo de Oro) y Resistance (Retribution). Su trayectoria es mucho más dilatada, sin embargo, al parir una de las otrora grandes franquicias de PlayStation. 

Nació como Eidetic allá por 1994, dos años antes de comercializarse uno de los considerados peores videojuegos de la historia. Con tan sólo ocho empleados y nula experiencia en el manejo tridimensional, Bubsy 3D no tuvo oportunidad de éxito. Suerte que Syphon Filter combinó acción y sigilo de forma magistral, convenciendo a más de un millón de usuarios. 

Seis entregas después (Combat Ops llegó a PlayStation Portable en 2007), Bend ultima la producción de otra franquicia inédita: Days Gone. Su presentación atestiguó la enésima horda de zombis en mundo abierto, lo que despertó sentimientos encontrados. Máxime con las promesas de God of War, Detroit: Become Human y Spider-Man, exclusivas mucho más reconocibles.

El retraso a 2019 sembró mayores dudas, que intentamos despejar durante la sesión de prueba convocada por PlayStation España. Por el número de aristas, lo que jugamos atestigua un desarrollo en fase temprana. De hecho, acabamos de saber que Bend se vio obligada a duplicar su plantilla (de 50 a 130 personas), por haber subestimado la magnitud del proyecto.

Days Gone nos pondrá en la piel de Deacon St. John, referido como “motero sin ley”, “vagabundo”, “cazarrecompensas” y “vestigio errante de la humanidad”. Una pandemia global ha mermado la población, obligando a los supervivientes a refugiarse en campamentos fortificados. Así, recorreremos parajes naturales del Noroeste del Pacífico, recolectando suministros y ayudando a nuestros semejantes. Por el camino tocará esquivar hordas de monstruos apodados “freakers“, cuya agresividad recuerda a la de los chasqueadores de The Last of Us.

En nuestros cuarenta minutos a los mandos, lo primero que quedó meridiano era que éste no es un Dead Rising cualquiera. En lugar de encarar al enemigo cual elefante en una cacharrería, la prioridad es darle esquinazo: suelen atacar en grupo, son muy resistentes y la munición escasea. Aún cuando tengamos el inventario a rebosar, el mero hecho de ser rodeados tiene consecuencias fatales. Como bien nos advirtieron: “este no es un mundo abierto cualquiera, sino un sandbox de supervivencia”. Recorrerlo a placer es posible, pero las cosas se pondrán cuesta arriba a los pocos kilómetros, sin importar cuánto aceleremos nuestra motocicleta. Los freakers aguardan en la curva más inesperada y no dudan en abalanzársenos para darse un festín.

Al menos en estos primeros compases, la ambientación se antoja especialmente lúgubre y los efectos de sonido transmiten una inquietad tan sólo equiparable a la tensión de los combates, cuando debemos tirar de ingenio para preservar el indicador de vitalidad. El crafting y la creación son aspectos fundamentales en este sentido: toca agenciarse más de un ítem para obtener útiles defensivos o de curación, que originamos de forma intuitiva mediante un menú radial, stick analógico mediante. Lamentablemente, la acción no se detiene cuando estamos ocupados con estos menesteres, por lo que toca ser rápidos (cuando no recurrir a los atajos asignados a la cruceta).

En nuestra primera misión tuvimos que localizar un potenciador (los habrá de salud, resistencia y concentración) en una instalación científica. Por desgracia, la caravana que lo contiene se encuentra cerrada y no hay energía eléctrica. A duras penas damos con gasolina y alimentamos un generador, atrayendo a los adversarios de forma inevitable. Tras vaciarles un cargador sin resultado aparente, agarramos un hacha e intentamos zafarnos, justo a tiempo de alcanzar nuestra moto y poner millas. ¿El problema ahora? Su indicador finito de combustible, por el que a punto estamos de quedar varados en mitad de la nada.

Days Gone recupera la exploración más tensa e inquietante, con nuestra motocicleta como mejor aliada

La segunda misión del código nos sirvió para familiarizarnos con el combate frente a otros humanos, dispuestos a defender su asentamiento cueste lo que cueste. Nuevamente, Bend Studios pone a prueba nuestra destreza: más de cinco segundos fuera de cobertura y estamos muertos. Además, la inteligencia enemiga brilla con luz propia, pudiendo ser emboscados por varios frentes. Nunca una posición elevada resultó tan provechosa y una retaguardia tan vulnerable.

Cumplidos sendos objetivos y con la promesa de un mapa extenso como él solo, nos quedamos con ganas de seguir explorando. También la “búsqueda interior” de St. John. El apartado gráfico jugará a favor por la calidad de las texturas y los efectos de iluminación, aunque lo robótico de algunas animaciones o las caídas en la tasa de frames (propias de una versión preliminar) tienen margen de mejora. Con todo, lo mejor que puede decirse de Days Gone es que alberga una personalidad marcada y apetitosa, por contra de los pronósticos más pesimistas.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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