Yager Development da un giro de 180º y, tras abandonar el desarrollo de Dead Island 2, vuelve a la carga con una suerte de TBS de naves espaciales que nada tiene que ver con su último desarrollo, Spec Ops: The Line. Dreadnought se presenta como un título free to play en fase de beta abierta donde nos convertimos en capitanes de diferentes naves estelares que deberán luchar perfectamente coordinadas para lograr la victoria. Veremos en el momento de su lanzamiento qué packs componen las diferentes opciones de compra del juego. Ahora mismo, en la Open Beta podemos adquirir dos packs llamandos Hunter y Mercenary con extensas recompensas cada uno como nuevas naves, créditos, potenciadores de experiencia, etcétera.

Hemos leído en diversos artículos, he incluso así aparece reflejado en su ficha de Wikipedia, que se trata de un simulador de combate. Nada más lejos de la realidad. Primero, y como es obvio, porque difícilmente podremos “simular” el combate de un tipo de naves que aún ni existen y, segundo, porque Dreadnought está claramente pensado para el combate táctico por equipos o TBS. Es decir, se trata de un shooter de naves espaciales con grandes dosis de estrategia.

No es el primer título de estas características que se lanza a la aventura de conquistar un sub-género tan específico y a la vez tan raro como el de los combates espaciales. ¡Ojo! Recordad que no hablamos de cazas, esto no es Tie Fighter o Wing Commander. Hablamos de acorazados estelares con una gran potencia de fuego y una lenta maniobrabilidad. De inicio, recuerda mucho a otros títulos como Fractrured Space pero con una mayor profundidad jugable y muchas más opciones de configuración.

Como en cualquier buen TBS, en Dreadnought tendremos diferentes tipos de naves con diferentes características, y prácticamente podremos identificarlos como los diferentes luchadores de un Team Based Shooter: naves tipo tanque con mucho aguante y gran potencia de fuego, de soporte, más débiles y más maniobrables y así hasta cinco clases diferentes cada una con sus propios puntos fuertes y débiles. Huelga decir que Dreadnought es un juego para jugar en compañía y, obviamente si es con amigos, mucho mejor. Puedes lanzarte a las batallas tú solo, pero una vez más, como juego táctico que es, necesitaras compenetrarte con tus aliados si pretendes ganar la partida.

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Aunque cada tipo de nave tiene un conjunto de ataques bien diferenciados, una vez en batalla el control de todas es similar. Tendremos disponibles dos modos de disparo: uno para larga distancia y otro para corta, además de ataques especiales que se recargan con el paso del tiempo. También hay una habilidad especial común a todas las naves que permite potenciar por un tiempo limitado la velocidad, el ataque o incluso generar un escudo alrededor de la nave, opción que puede salvarnos la vida en más de una ocasión.

El ritmo del gameplay lo marca casi en exclusiva la velocidad y maniobrabilidad de las naves. Las batallas son más o menos lentas, pero ganan mucho en espectacularidad: pensad que podemos luchar en pleno espacio o en la superficie de algún planeta, siempre en escenarios increíblemente vistosos (y muy útiles a la hora de camuflarnos y realizar emboscadas), con enormes naves acorazadas atacándose entre sí. Resumido en una frase: Dreadnought es el World of Tanks del espacio.

El control se ciñe escrupulosamente a la máxima “easy to play, hard to master” es decir, fácil de jugar, difícil de dominar. Tenemos los controles básicos que podemos encontrar prácticamente en cualquier vehículo de un videojuego con el añadido de los propulsores que elevan o descienden la nave, con lo que debemos cambiar nuestra perspectiva a la hora de jugar ya que no competiremos en dos planos, sino en tres. A la hora de elegir nuestras estrategias este apartado se muestra vital si queremos lograr la victoria.

Por lo demás, el resto de controles se ajusta a un esquema doble de ataque – defensa. Nada complicado de entender pero que, a la hora de meternos en harina en pleno combate, puede llegar a ser difícil de controlar ya que, en muchas ocasiones, nos encontraremos en tesituras como un ataque sorpresa por nuestro flanco cuando nos encontramos nosotros a su vez atacando a un enemigo. En ese momento deberemos reaccionar rápido para virar nuestra nave, seleccionar las armas defensivas, recargar nuestros cañones o incluso perder la nave a propósito en pos de terminar con el enemigo al que estamos atacando. De ahí la importancia de jugar en equipo y de hacerlo con amigos.

Todas las naves son completamente personalizables además de diferentes entre sí. No solo en temas estéticos como los skins, sino a un nivel de mayor profundidad pudiendo evolucionar (mediante el correspondiente árbol de mejoras) casi cualquier apartado de nuestros acorazados estelares, haciendo especial hincapié en todo lo referente al armamento.

En esta fase de beta abierta hemos podido probar diversos modos de juego como el clásico deathmach o deathmach por equipos, así como una suerte de modo horda donde aguantar el máximo posible de oleadas enemigas junto a varios amigos, y también se ha añadido un modo entrenamiento totalmente necesario si queremos enterarnos de algo en el campo de batalla.

La gran pega que le hemos encontrado al título, al menos hasta que veamos qué ofrece su versión final, es la inclusión de ingentes cantidades de DLCs en forma de skins, naves o potenciadores entre otros, que, si bien se pueden comprar en su mayoría con los diferentes créditos del juego, también se pueden pagar con moneda real. No hace falta decir a dónde puede llevarnos este camino.

Nos queda la duda de si Dreadnought ha sido concebido para hacerse un hueco en el mundo de los eSports. Elementos para ello no le faltan, otra cosa será ver si su fórmula encaja con los gustos de suficientes jugadores como para tener su propia cuota de mercado dentro del emergente mundo de los deportes electrónicos. Nadie puede negar que, cuanto menos, hablaríamos de un producto novedoso. Veremos.

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