No será ésta una crítica al uso, tan sólo las impresiones de quien ha pasado la última semana con el último smartphone de Apple (en su versión Plus). Tengo por costumbre renovar mi terminal cada dos años, cuando las adiciones tecnológicas de un nuevo modelo justifican la inversión. Para qué engañarnos, también porque los teléfonos de la manzana mordida se revenden a precios sensiblemente superiores a los de la competencia, facilitándose así un desembolso cercano al millar de euros.

Venía de un iPhone 6 Plus, impoluto y con un rendimiento todavía excepcional, pero sus 16 GB de capacidad se me antojaban terriblemente escasos. No suelo tomar fotos o grabar vídeo; tan siquiera acumulo aplicaciones a la desesperada, pero el tráfico de adjuntos y el tamaño de ciertas actualizaciones llevaban meses incordiándome por la falta de espacio libre.

Al confirmarse los rumores de un teléfono de transición (este iPhone 7), sopesé ‘aguantar el tipo’ un año más… como tantos otros usuarios. Finalmente me dije que era el momento perfecto para dar el salto a los 32 GB, cantidad no demasiado generosa pero más que suficiente para mis quehaceres profesionales. El tamaño de pantalla no estaba en duda, pues una vez acostumbrado a las 5,5 pulgadas resulta imposible lidiar con un panel inferior.

Rechazado igualmente el acabado en negro brillante (las marcas estarían a la orden del día y padezco demasiado TOC), opté por el negro mate y una funda Silicone Case del mismo color. A excepción de la cámara dual y la carencia de puerto jack, pocos dirían (a simple vista) que he cambiado de teléfono. La sensación es extraña, pues ni siquiera un servidor goza del sentido de la novedad que sí trajeron consigo los iPhone 4, 5 y 6. Las dimensiones se mantienen intactas respecto al iPhone 6 Plus, de hecho, con una variación cuasi imperceptible en cuanto a gramaje.

Las verdaderas diferencias se perciben con el uso, nada más apretar el botón Home. Se dice, se comenta, que el iPhone 8 prescindirá por completo del mismo, pero hasta entonces nos queda un botón que ha dejado de serlo. Al estilo del aplaudido Magic Trackpad, una superficie fija provista de su propio motor de vibración consigue que sintamos la pulsación de antaño, pudiendo elegir entre diferentes intensidades. Las sentiremos igualmente al hacer scroll o tirar de 3D Touch, funcionalidad que me resultaba ajena. El sensor de presión implementado en el Apple Watch posibilita una serie de atajos especialmente útiles a la hora de responder tweets, previsualizar enlaces o consultar el correo por leer.

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Ahora bien, ¿qué utilidad real alberga este ‘botón fijo’? Primeramente el sensor de identificación dactilar (Touch ID) ha mejorado su precisión y resulta menos susceptible a estropearse. Uno de mis conocidos tenía serios problemas con el reconocimiento de huellas en su iPhone 6, que este modelo ha resuelto instantáneamente. Pero el beneficio de mayor peso reside en la certificación IP67, por la que el iPhone 7 resiste al polvo y al agua. El botón Home constituía una de esas áreas en conflicto con la presencia de líquidos, por mucho que el iPhone 6S sobreviviese (extraoficialmente) a inmersiones de hasta 60 minutos.

Mucho se está hablando también del conector lightning para carga y escucha simultánea. Quien no disponga de auriculares inalámbricos puede emplear los incluidos con clavija lightning o tirar del adaptador a 3,5 milímetros también ofrecido. Encontramos varios peros, no obstante: según el modelo de cascos Bluetooth que empleemos, el consumo de batería puede incrementarse notablemente y el retardo de audio dificulta el visionado de series o películas. No serán problema para los nuevos AirPods de Apple, desde luego. Otra molestia es la imposibilidad de cargar el teléfono y usar auriculares con cable simultáneamente. Pensaba que nunca iba a dárseme el caso, pero supone todo un quebradero de cabeza al tirar de batería externa. Cuestión de acostumbrarse supongo, del mismo modo que ya nadie echa de menos los lectores de disco óptico (en breve, tampoco los lápices USB).

El sacrificio del conector jack ha permitido, por un lado, incrementar la batería del teléfono (una hora más de autonomía en el iPhone 7 Plus) y por otro mejorar la estética con una segunda hilera de altavoces. Al menos en apariencia, pues corresponden el micrófono. No, los de Cupertino no mintieron: el iPhone 7 goza de audio estéreo gracias al altavoz que hasta ahora servía de auricular. Le sacamos partido al visionar contenido en YouTube o redes sociales, disponiendo el teléfono en horizontal. Para ser sincero, mantengo el teléfono en silencio de forma permanente (el Apple Watch se encarga de las notificaciones) y ni mucho menos se me ocurre activar los altavoces al viajar en transporte público, por lo que la novedad me aporta poco. Eso sí, la calidad de audio es formidable: nítido y sin distorsiones.

Y si hay un elemento de mejora impepinable cada año, ése es el procesador. La pruebas de rendimiento al chip A10 Fusion mejoran los resultados presumidos por Apple, con un poder de procesamiento superior al del mismísimo iPad Pro y muy cercano al del MacBook Air. ¿En qué lo nota el usuario? Nuevamente a 24 meses vista, cada proceso de iOS 10 se ejecuta a velocidad supersónica en el iPhone 7 Plus: encender el teléfono, desbloquearlo, abrir aplicaciones… Mención especial para los juegos, con pantallas de carga mínimas e impresionantes efectos a tasas de frames elevadas. NBA 2K17, Batman: The Telltale Series o AG Drive (vistoso sucedáneo de WipEout) son ejemplos perfectos de cómo las portátiles han sido destronadas en materia técnica.

Puede que la pantalla Retina HD mantenga su resolución (1920 por 1080 píxeles) y densidad (401 píxeles por pulgada), pero el incremento de brillo y la compatibilidad con el estándar cinematográfico DCI-P3 (hasta un 25% más de colores) arrojan imágenes vívidas como nunca. Una vez más, os remito a los juegos más vistosos del App Store para vuestra comparativa, si bien los propietarios de un iMac 5K (octubre de 2015) o un iPad Pro de 9,7 pulgadas (marzo de 2016) sabrán de lo que hablo. También lo percibimos, por supuesto, al visualizar fotografías y vídeos capturados por el terminal, con unos rojos, verdes y azules vibrantes y asombrosa profundidad en los negros.

iPhone7Plus-JetBlk-34BR_iPhone7-JetBlk-34L_PR-PRINTA fin de cuentas, el motivo por el que muchos se han lanzado a por un iPhone 7 Plus es su doble cámara, sin duda el añadido más relevante. No tanto en cuestión de diseño, ya que la protuberancia se disimula perfectamente con la mayoría de fundas. ¿Es para tanto el tema de los dos sensores? Basta escudriñar las muestras fotográficas que pueblan Internet, muchas comparadas con instantáneas DSLR: el llamado efecto bokeh o de fondo desenfocado (disponible con la próxima actualización) arroja resultados tremendamente similares. El doble zoom “óptico” (tan sólo en la práctica, pues no hay mecanismo de aproximación alguno) permite acercarnos al sujeto sin pérdida alguna de calidad. Curiosamente, la toma final disiente de la previsualización, con exceso de ruido ante la mínima carencia lumínica. Aunque las tomas nocturnas han mejorado, es a plena luz del día, en un entorno especialmente colorido, donde el iPhone 7 Plus ofrece lo mejor de sí. En cualquier caso, el celebrado flash True Tone cuenta ahora con cuatro LED para unas tonalidades mucho más realistas.

La cámara se mantiene en 12 megapíxeles, con apertura de f/1,8 y f/2,8 para gran angular y teleobjetivo respectivalmente. El zoom digital crece de 5 a 10 aumentos, cuando obtenemos una masa de píxeles poco aparente. Sí que se agradece la estabilización óptica de imagen incluso en el modelo de 4,7 pulgadas, especialmente al grabar vídeos en 4K. La falta de espacio seguirá siendo un problema en este caso, a no ser que optemos por el modelo de 256 GB o nos suscribamos a iCloud Drive.

También he percibido una menor incidencia en el uso de filtros para los consabidos selfies, sin ser especialmente fan de este tipo de capturas. Hablamos ya de una cámara frontal de 7 megapíxeles con apertura f/2,2 y flash por mediación de la pantalla, que también graba vídeos a resolución Full HD. Era ésta una asignatura pendiente para Apple, que finalmente aprueba con notable.

En estos primeros días con el iPhone 7 Plus percibo además una mayor rapidez en mis conexiones de datos móviles, quien sabe si circunstancial. El caso es que el teléfono soporta redes LTE de hasta 450 megas por segundo, frente a los 300 Mb/s del iPhone 6S.

Mi sensación, decía al comienzo, es la de no haber cambiado de teléfono. Todo lo contrario cuando ‘pulso’ el botón Home, fotografío el atardecer más espectacular o juego al portento móvil del momento. Es el mejor iPhone producido hasta la fecha sin lugar a dudas, comedido pero varios pasos más allá del tradicional modelo “S”. ¿Algo que vaya a cambiar significativamente tu experiencia de usuario? Si ya contabas con 3D Touch, las salpicaduras te resbalan y fotografiar con resultado profesional tampoco te quita el sueño, los únicos motivos justificables para cambiar residen en la capacidad de almacenamiento. Como capricho, el mejor y más satisfactorio que puedas permitirte.

Si los rumores tienen razón y el próximo año vemos un iPhone 8 en el mercado, seguramente vuelva a trastocarse mi ciclo de renovación: una pantalla OLED sin marcos, con botón Home integrado y cambio de diseño radical son demasiado atractivo para cualquier tecnófilo que se precie.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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