Ha llegado ese momento del año en que todo el mundillo de la telefonía parece reducirse a un producto: el nuevo iPhone. Y, pese a que tanto el 8 como el 8 Plus ya están en las calles, la comidilla todavía sigue centrada en otro teléfono que la firma de Cupertino tiene previsto para las próximas semanas, el X, lo que provoca una paradoja respecto a los teléfonos actuales: el 8 Plus es un gran teléfono del que medio planeta se va a olvidar en cuestión de semanas.

Apple era consciente de ello y, pese a todo, no ha dudado en inundar el mercado con una táctica diferente a la que ha utilizado durante los últimos tres años: en lugar de lanzar dos modelos de iPhone (el tradicional y el Plus) este año se ha sacado una categoría premium para celebrar el décimo aniversario del teléfono y para ofrecer una categoría premium a sus seguidores.

Y lo que ofrece tanto el iPhone 8 como el 8 Plus —este último es el que hemos probado a fondo durante las últimas dos semanas— es una experiencia muy cercana a la que se había vivido con el 7, con algunos cambios menores en cuanto a la estética y algunos retoques aquí y allá en la experiencia de uso. Pese a que la experiencia es inmejorable, queda lastrada en algunos aspectos por un diseño que ya ha sido superada en el entorno Android. Nos referimos, sí, a los marcos en pantalla.

El aspecto de un iPhone no ha cambiado prácticamente en los últimos cuatro años. Desde 6 al 8, pasando por el 6s y el 7, se han mantenido las mismas formas redondeadas y las mismas simetrías tanto en la superior e inferior como en los laterales. Sí, ha habido cambios mínimos como el rediseño de las antenas en el 7 o el regreso del cristal a la zona trasera en el 8 pero, a poco que el teléfono cuente con una funda que camufle esa zona del gadget, serán imperceptibles para el ojo desentrenado.

a11_bionic_chip_performancePongamos el iPhone frente a otros grandes teléfonos de la competencia y comparemos su diseño. No hace falta irse a la agresividad del Samsung Galaxy S8, o el Note 8, sino basta con mirar al LG G6. El terminal de la firma coreana hizo un excelente trabajo, hace ya más de medio año, reduciendo a la mínima expresión el espacio que se comían los marcos para que la pantalla tuviera un papel predominante en la experiencia.


Porque al final, toda esta discusión acerca de marcos y tamaños de pantalla, se reduce a un único elemento: ofrecer el mayor display posible sin perjudicar la experiencia de usuario. Lo que el G6, el Galaxy S8 o el Mi Mix de Xiaomi han conseguido es precisamente eso, pantallas mayores que las de un iPhone Plus en menos tamaño, posibilitando una experiencia relativamente agradable agarrando el terminal con sólo una mano.

Lo que sí que sobresale en la pantalla de Apple, aunque no sea OLED, es la inclusión de la tecnología True Tone que ya había debutado en los iPad Pro y por la que el aparato es capaz de leer la temperatura del color allá donde estemos para adaptar el balance de blancos y ofrecer unos tonos más cálidos y agradables para los ojos. Es una de esas inclusiones que, como la pantalla Retina en un Mac, no agradeces hasta que la pruebas unos días y que luego echas de menos en cuanto la pierdes de vista.

Si nos vamos a la cámara, la cosa ya cambio. Porque la óptica dual que monta el Plus, la misma en términos puramente tecnológicos que el año pasado, es la que marca una gran diferencia respecto a sus competidores salvo en ese aspecto en el que Apple siempre flaquea: las imágenes  con baja luminosidad.

 

El 8 Plus es un gran teléfono del que medio planeta se va a olvidar en cuestión de semanas

 

El modo retrato sigue siendo uno de los puntos de venta que mejor se encargan de transmitir la exclusividad que supone contar con un modelo Plus. Aunque ya hay teléfonos Android capaces de ofrecer funcionalidades similares, el de Apple es probablemente el que mejor sepa realzar el rostro de un sujeto en este tipo de imágenes tirando de software y la doble lente para subrayar ese elemento en primer plano y desenfocar el entorno.

No funciona tan bien, por lo menos de momento ya que se encuentra en fase beta, esa nueva característica que permite editar la luz de los retratos. Sobre el papel la opción suena muy interesante ya que permite añadir diferentes capas antes o después de tomar una imagen siendo la más llamativa la que elimina todo elemento de la foto y se queda con el rostro del protagonista en blanco y negro.

Pero este modo, todavía en fase beta, tiene sus fallitos. El software todavía tiene problemas a la hora de recortar la imagen y diferenciar qué forma parte del rostro de una persona y qué no y es ahí donde sufre, provocando unos recortes y unos efectos nada naturales, más propios de un aficionado que de un profesional. ¿El veredicto? Mucho potencial pero todavía necesita madurar.

326475-PDP-S1-1Lo que si que está listo para su consumo es la potencia de procesado que desplega el iPhone 8 Plus. Quizá ese sea uno de los argumentos más atractivos para un usuario que quiera dar el salto a este nuevo gadget pero que no quiera desembolsar los más de mil euros que costará el X.

El nuevo chip, llamado A11 Bionic, no tiene un nombre rimbombante porque sí. Apple asegura que, este año sí, ha hecho un sobreesfuerzo por conseguir un procesador que saque varios cuerpos de ventaja a la competencia y, a tenor de las pruebas de rendimiento aparecidas en la prensa, lo ha conseguido. Vaya si lo ha conseguido. El iPhone 8 Plus es hasta un 50% más rápido que los Galaxy S8 de Samsung, lo que son palabras mayores a la hora de comparar teléfonos.

La cuestión es que en el rendimiento del día a día no hemos observado diferencias muy notables respecto al rendimiento de un 7 Plus y de un 8 Plus. ¿Para qué quiero, entonces, tanta potencia en la palma de mi mano? Aquí la palabra clave se llama durabilidad y es uno de los factores que deberías tener en cuenta si te planteas dar el salto al iPhone 8. Porque estamos ante un teléfono que debería aguantar tranquilamente tres años sin requerir un recambio y es probable que incluso lo puedas estirar algo más.

Todos los elementos que hemos comentado a lo largo del texto ofrecen argumentos, más o menos sólidos, para que te plantees el salto al iPhone 8 Plus. Es un teléfono con los suficientes elementos diferenciadores respecto al 6s y anteriores como para que te plantees dar el salto pero su peor amenaza y su rival más fiero está en casa y se llama iPhone X.

Sí, es cierto que hablamos de un producto que sobrepasa los mil euros (una frontera psicológica para el comprador de a pie) y del que va a haber escasez durante los primeros meses hasta el punto de que no se espera que haya un suministro estable hasta 2018. Pero si sacamos a la palestra la lista de novedades que incluye el próximo gran iPhone, el 8 y el 8 Plus empequeñecen en la comparación.

La enorme pantalla OLED, la cámara dual también en el frontal, la desaparición del botón home, Face ID o un diseño que, por fin, está a la altura de sus competidores, son sólo algunos de los elementos que harán que ese sí que sea el iPhone que dé que hablar durante los próximos meses. Por lo que la pregunta que nos hacemos, a estas alturas, es si la jugada de Apple ha sido maestra o si repercutirá en su propia base de usuarios: ¿hasta qué punto las ventas del X canibalizarán a las del 8? La respuesta la tendremos en los próximos resultados fiscales, que deberían hacerse públicos en octubre, pero más allá de la vertiente puramente empresarial quedense con esta idea: el iPhone 8 Plus es un gran teléfono, quizá de lo mejorcito que ha hecho Apple, que quedará relegado al olvido en unas semanas.

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