Recuerdo el desencanto con que acogimos la llegada del iPhone 7. De no ser por la doble cámara del modelo Plus, el cambio de numerador se hubiese justificado con pinzas. Tal así que muchos dudaron de un iPhone 7s, pues mantener diseño cuatro años seguidos supondría un suicidio comercial (máxime con Samsung y compañía empeñados en reducir los marcos a la mínima expresión).

Llegó entonces el iPhone 8. Misma forma aunque trasera de cristal para carga inalámbrica, novedad a todas luces insuficiente, con la que Apple ofrece alternativas a su último buque insignia. Y es que el iPhone X (diez, que no equis) es el primer teléfono de la manzana mordida que supera los mil euros de salida. Minutos después de su presentación, las redes se coparon de comentarios burlones: ¿quién va a dejarse el sueldo en un smartphone? A falta de cifras oficiales, atisbamos la respuesta el pasado viernes, cuando millones de usuarios desempaquetaron su terminal. Las reservas en línea se agotaron en menos de lo que dura un suspiro y las colas interminables volvieron a las Apple Store, claro síntoma de expectación.

No podía ser de otra manera, tras años rumoreándose con la primera pantalla OLED en un iPhone. Asistimos a toda una revolución en la trayectoria del teléfono y, como tal, ha generado enorme controversia. Primeramente por el consabido “notch“, la ‘ceja’ que divide el marco superior y que supone todo un desafío a los aquejados de trastorno obsesivo compulsivo (TOC). El precio a pagar por un iPhone ‘todo pantalla’ es que auricular, cámara y sensores frontales la invadan, estos últimos los responsables de identificar nuestro rostro (Face ID).

Face ID convence y el notch acaba por resultar familiar: el iPhone tiene nueva seña de identidad

La supresión de Touch ID ha supuesto, de hecho, el otro gran punto en conflicto del iPhone X. Acostumbrados a un sistema rápido y fiable, cualquier otro causa rechazo por muy vanguardista que se presente. ¿Qué otra opción había tras desaparecer el botón Home? Desplazarlo a la parte trasera se ha demostrado incómodo y no mucho más ubicarlo en el botón de bloqueo. Una vez resignados, la gran pregunta es si Face ID mejora la experiencia o todo lo contrario.

Una de mis mayores preocupaciones concernía al llavero de iCloud y al proceso de autenticación en numerosas aplicaciones, dependientes de Touch ID. Un sistema de reconocimiento óptico ha de enfrentarse a caras maquilladas, con o sin gafas, diferentes peinados… Tampoco estaba seguro de su inmediatez en comparación. El proceso de configuración no pudo resultar más sencillo: en cuestión de 30 segundos y tras un doble escaneo, iOS ya había memorizado cuanto necesitaba. Un golpecito a la pantalla de bloqueo bastó para que el candado que la corona se abriese, pudiendo acceder a la pantalla de inicio con tan sólo deslizar hacia arriba. Las primeras veces uno pone su empeño en mirar a la cámara frontal, pero pronto la cosa cambia: descubres que no es necesario esperar a la animación pertinente; que puedes activar la pantalla y deslizar el dedo de inmediato, pues Face ID te detecta sin problema la mayoría de veces. He hecho toda clase de pruebas: despeinado, a oscuras, a contraluz… la única ocasión infructuosa se produce justo al despertar, cuando encaro al móvil con los ojos entrecerrados. Siempre me ha tocado ponerme las gafas, siendo el reconocimiento inmediato. Puede explicarlo mi miopía, o el hecho de que Face ID no reconozca a personas (medio) dormidas. Huelgue decir que en circunstancias normales, quitarme las gafas no supone diferencia. Otra cuestión es si miramos al teléfono encontrándose apoyado en una mesa. Ahí toca elevarlo ligeramente.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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