¿Y qué hay de la pantalla? Los beneficios del OLED se perciben desde el primer minuto, como unos colores radiantes y unos negros profundos. La prueba más evidente es que el notch se funde con los negros del panel hacerse indistinguible. Sí, el efecto choca cuando es otro el color en pantalla, pero uno acaba acostumbrándose e incluso cogiéndole el gusto a lo que no deja de ser un toque diferencial. Hasta la presente, el botón Home era la seña de identidad del iPhone, el motivo por el que se distinguía a primera vista cuando uno andaba por la calle. Ahora lo será este acopio de sensores, que ha pillado desprevenidos a numerosos estudios de desarrollo. Para muestra el número de aplicaciones faltas de optimización, incluyéndose las de bancos o compañías de referencia: Google Maps, Kindle,  Telegram, Just Eat… El resultado se divide entre aquellas apps que se muestran con franjas negras y las que no ocultan su scroll a la altura del notch, lo que resulta muy antiestético.

Como ya ocurrió con el iPhone 7 Plus, harán falta meses para que cada cual se ponga las pilas y se corrijan los errores de visualización. Nada apena más que desperdiciar un panel de 5,8 pulgadas y es algo de lo que tampoco se libra Apple. Aplicaciones como Mail, ContactosMensajes o Calendario (por mentar sólo unas pocas) presentan amplios márgenes superiores e inferiores, llegando a ocultar información que resultaba visible en mi anterior Plus. Si estáis en la misma situación, os chocará el menor ancho de pantalla: un formato apaisado que provoca extraños en según qué sitios web. La solución pasa por disponer el teléfono en horizontal y tirar de modo ampliado, aunque la ceja se coma parte de la imagen. Es algo recurrente en cuanto a reproducción de vídeo: espectacular a pantalla completa. No olvidemos que el iPhone X es compatible con sendos estándares HDR: HDR10 y Dolby Vision, siendo iTunes Store y Netflix los principales proveedores de contenido. Esperad a visionar Stranger Things con tremenda intensidad de colores y un audio repleto de matices (los altavoces estéreo mejoran notablemente su respuesta).

Y de la mejor pantalla en un iPhone a las cámaras más avanzadas, con estabilización para la doble óptica trasera y modo retrato en la delantera. Los nuevos efectos ‘de estudio’ evidencian su fase beta, con resultados dignos del Photoshop más básico, pero con potencial para hacernos ganar muchos likes en Instagram. Acceder a la aplicación con una sola mano vuelve a ser de agradecer para quienes nos acostumbramos a las 5,5 pulgadas, eso desde luego. Las dimensiones del smartphone apenas crecen respecto al iPhone 6, 7 u 8 y los nuevos gestos táctiles hacen que nos olvidemos por completo del botón Home. Desplegar el centro de control es quizás lo más esquivo, pero cambiar entre apps, volver a inicio o acceder a las notificaciones se antoja de lo más intuitivo; hasta el punto de preguntarte por qué hemos tenido que esperar tanto. Otra buena idea ha sido condensar funciones en el botón de encendido: Siri a pulsación prolongada, Apple Pay a doble pulsación y bloqueo a pulsación simple. Si queremos tomar capturas pulsamos encendido y cualquiera de los botones de volumen, manteniendo la pulsación para el apagado.

En la parte inferior del teléfono descansa nuevamente el conector Lightning, aunque no le he dado uso por dos motivos: escucho música con unos PowerBeats Wireless (el diseño de los AirPods sigue sin convencerme) y tengo por casa una base de carga inalámbrica. La comodidad de apoyar y despreocuparte me ha ganado en dos días, sobre todo porque el teléfono no se calienta en exceso. Alcanzar el 100% sigue siendo más lento que al estilo tradicional (unos 60 minutos adicionales), pero la diferencia se reducirá en unas semanas, cuando Apple habilite la carga inalámbrica a 7,5w. No olvidemos que los nuevos iPhone (y iPad Pro) son compatibles con carga rápida a través de un adaptador USB-C, que garantiza un 50% de batería en 30 minutos. Cuestión propia decidir si compensa el desembolso de 80 euros.

El mejor iPhone hasta la fecha en sentido literal, aunque restan flecos por pulir

Más que una frase hecha, aquello del “mejor iPhone diseñado hasta la fecha” se cumple aquí a rajatabla. Face ID y los gestos táctiles hacen que nos olvidemos por completo del botón Home y Touch ID; los beneficios del panel OLED son más que evidentes y la óptica se ha refinado hasta lo impensable años atrás. Resta, no obstante, una importante labor de optimización por parte de terceros y la propia Apple. Una pantalla de 5,8 pulgadas merece mayor superficie útil y quienes provengan de un iPhone Plus tardarán en acostumbrarse a su estrechez. Para hacerlo más llevadero, nada mejor que verse reflejado en la trasera acristalada o los biseles de acero cromado. Acabados de lujo para un gadget que aparenta lo que cuesta y cuyas posibilidades apenas acabamos de bosquejar.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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