Tenía unas expectativas exageradamente altas con respecto a Bloodborne; expectativas que, por otro lado, estaban totalmente justificadas debido a los avances que había visto en youtube y a todo lo que había leído sobre Él, en mayúsculas, que para eso es la gran exclusiva de PS4 para este primer trimestre de 2015.

Comencemos diciendo que Bloodborne tiene detrás a Miyazaki. A Hidetaka Miyazaki, no a Hayao, no nos liemos con esto y vayamos a pensar que la historia es tan onírica y preciosista como La Princesa Mononoke o El Viaje de Chihiro, porque no es así; el otro nombre detrás de Bloodborne es From Software, quienes ya nos llevaron al éxtasis con sus diferentes Souls. Partiendo de esta base, podemos empezar a hablar en serio de este juego que tan gentilmente nos ocupa.Bloodborne1

Enciendo mi bien amada PS4, cargo Bloodborne mientras me froto las manos con fruición. Coca-cola: check; guarrerías de picar: check; mando cargado: check; perro paseado: check; Vale, todo en orden… ¡A JUGAR! Lo primero que tengo que hacer es un alter ego con el que viviré mil y una dicharacheras aventuras en el infecto mundo de Bloodborne, así que decido hacerlo a mi imagen y semejanza, pero ahora con un 50% más de músculos… y un 20% menos de barriga. Me siento como en el mundo chungo de los Sims, pero lo disfruto igualmente.

Creado mi personaje, comienzo la partida. Esto promete. Voy por aquí, por allá… Y estoy muerto. Vuelvo a intentarlo… Por aquí, por allá…Muerto. Venga, no puede ser tan difícil… Por aquí, por allá y… ¡Oh! ¡Sorpresa! Muerto again. Y así, ad infinitum. Bloodborne es más difícil que aprobar una ingeniería con matrícula de honor, trabajando como camarero, a la vez que sacas adelante una familia de 7 miembros humanos, uno canino y el canario. Pero muere las suficientes veces y el juego bajará de dificultad por sí solo para hacerte sentir mejor, no sea que tu autoestima se derrumbe y arrojes el mando de la PS4 (junto con los últimos restos de amor propio) por la ventana como el que libera a un pajarillo: vuela, oh, mando ¡Vuela!

bloodborne2No olvides que da igual lo que hagas, cada vez que mueras, aparecerás en el mismo maldito sitio donde comenzaste, pero sin los viales de sangre (vida, para que nos entendamos) que hayas gastado en episodios anteriores. Y las armas también se gastan, lo cual es digno de una mente enferma y diabólica que no quiere que disfrutes con un juego. Reconozco que ha habido momentos en los que he pensado que los creadores de Bloodborne me odian y solo pretenden jugar con mis sentimientos.

Una vez hayas tenido la suficiente paciencia y el nivel del juego baje lo suficiente para poder ser jugado por un simple mortal sin superpoderes variados, obtendrás lo que has venido a buscar: sangre. A borbotones. Y no la tuya, la de los seres que te atacan vilmente. Personajes largiruchos que recuerdan al cura de Poltergeist y una agilidad digna de un chimpancé que nos permitirá huir cual rata asustada. Y créeme, huirás. Correrás como nunca has corrido, por lo menos mientras aprendes a matar con eficacia.

La ambientación es brillante. Un entorno hostil y tenebroso en el que deberás desenvolverte para librarte de la maldición que tienes encima, para lo cual, dicho sea de paso, necesitarás unas trasfusiones de sangre. Este bien podría ser el futuro de la sanidad pública en España, así que no te despistes y aprende todo lo que puedas de este juego. Investiga tus armas porque tienen varios modos, todos necesarios dependiendo del ataque que quieras hacer y cuida tu munición cuando consigas armas de fuego; gástala sabiamente. Un truco, si te quedas sin balas, autolesiónate porque conseguirás 5 balas de gracia que pueden ayudarte a sobrevivir en la infernal ciudad de Yharnam. Pero sobre todo, sobre todo, no olvides mi consejo antes de desesperar por la alta dificultad de Bloodborne: fracasa y vencerás.

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