Just Cause 3 empieza con Rico Rodríguez camino de Medici a bordo de una avioneta, con un grupo de cazas y torretas antiaéreas intentando derribarlo. Rico se sube al techo de la avioneta con un lanzamisiles para plantarles cara; después de reducir a cenizas las baterías tierra-aire, la avioneta es alcanzada y Rico sale despedido. Tras unos segundos en caída libre tira de la anilla del paracaídas y dirige su descenso hacia una cueva cercana; nada más aterrizar tiene que salir corriendo para rescatar a Mario, un viejo amigo de la infancia acorralado por el fuego de las tropas del dictador Di Ravello. Tras salvarlo salimos pitando para echar un cable a un grupo de rebeldes acorralados, para lo cual nos metemos en la torreta de un tanque con el motor averiado (pero los sistemas de disparo aún en perfecto funcionamiento) y hacemos saltar por los aires toda una patrulla enemiga.

Y esto son sólo los primeros quince o veinte minutos de juego.

El resto de lo que he podido probar, bueno, va más o menos por ahí. En una escena me lancé desde un acantilado con el traje de vuelo, caí justo para recoger un lanzamisiles y disparar a un tanque cercano, me agarré con el gancho retráctil a un helicóptero para secuestrarlo y acercarme a otro tanque, me dejé caer para subirme al tanque en cuestión, lo usé para reventar un tercer tanque en una ladera cercana y, como se me habían acabado tanto los misiles como los tanques y aún tenía que destruir el mío, esperé a que los cazas que pasaban por allí marcaran como objetivo mi carro blindado para bajarme y salir por piernas. No es más que un día normal en la oficina para Rico, un personaje que hace que el Ethan Hawke de Misión Imposible parezca un funcionario de Hacienda yendo a desayunar a la cafetería de abajo.

Rico Rodríguez hace que el Ethan Hawke de Misión Imposible parezca un funcionario de Hacienda

Just Cause 3 nos sitúa unos años después de los acontecimientos de la anterior entrega de la franquicia. Rico ha dejado la Agencia, la misteriosa organización de espías en la que militaba, y ha vuelto a la tierra de su infancia, el archipiélago de Medici (vagamente basado en cualquier región mediterránea). Allí descubre que su país de adopción (se supone que Rodríguez es mexicano de nacimiento) languidece bajo el puño de hierro del dictador Di Ravello, que además alberga planes de dominación mundial (cómo no). Pronto Rico se ve colaborando con la guerrilla rebelde para intentar liberar Medici del general Di Ravello y, de rebote, salvar el mundo.

La estructura general del juego recuerda inevitablemente a Mad Max, también de Avalanche Studios (aunque en realidad éste ha sido desarrollado por un estudio satélite, mientras que el principal estaba dedicado al juego de Max Rockatansky). Para derrocar a Ravello, tendremos que ir liberando las distintas regiones y provincias de Medici de la influencia del dictador a base de destruir sus campamentos militares, plantas de extracción de combustible y símbolos de poder varios. Es la misma metatrama que en Mad Max, aunque las sensaciones jugando (y las misiones que componen el juego) sean radicalmente distintos.

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Just Cause 3 no es un juego de gran factura técnica y elevadísimos valores de producción. Los gráficos parecen algo anticuados, las texturas y sombras son más bien toscas y las animaciones no son precisamente híperrealistas. Avalanche Studios es un estudio mediano, y se nota que para este juego han centrado sus esfuerzos en permitir al jugador una enorme libertad de acción y ofrecer un catálogo de posibilidades que, sumado a unas físicas con vocación de tebeo, permitan una gran creatividad a la hora de causar la mayor cantidad de caos posible.

En ese objetivo no hay ningún reproche que hacerle al juego, al menos según lo que he jugado en sus primeras horas. Para tomar una base enemiga lo mismo puedes entrar a pie a tiro limpio por la puerta principal, estrellar un helicóptero contra un depósito de combustible, entrar sigilosamente (es un decir) gracias al gancho, lanzar ataques rápidos mientras buscamos la forma de abrir la puerta de para que los rebeldes nos echen una mano… No hay una forma mejor ni peor: lo importante es conseguir nuestro objetivo, y ya puestos mucho mejor hacerlo con estilo y un montón de explosiones.

Estamos ante un juego voluntariamente exagerado, con un sentido del humor casi de slapstick. Un síntoma: en esta entrega se pueden destruir muchas grandes estructuras, como estatuas y puentes… y tenemos explosivo C4 ilimitado. Otro: podemos pedir a los rebeldes que nos envíen suministros de armas o vehículos según los vamos desbloqueando… y si has pedido un helicóptero, pongamos, te cae del cielo un helicóptero en una caja. Tal cual. No hay que tomárselo demasiado en serio: es un juego para hacer el cabra, no una profunda reflexión sobre el efecto de la violencia en la sociedad. Just Cause 3 va a lo que va, y eso lo consigue con brillantez.

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Además del extenso arsenal de armas, Rico contará con una serie de gadgets que le permiten desplazarse a toda velocidad por tierra, mar y aire: a sus ya clásicos paracaídas y gancho retráctil se suma un traje de vuelo; la combinación de los tres nos permite recorrer el mapa dando brincos y planeando sin tocar el suelo. El sistema es mucho más ágil e intuitivo de lo que parece, y en apenas unos minutos ya estamos combinando la conducción de vehículos con nuestros propios métodos de vuelo. Además, el gancho está actualizado con nuevas capacidades: ahora podemos enganchar dos objetos entre sí para hacerlos chocar, algo extremadamente útil (y espectacular) en combate cuando nos dedicamos, por ejemplo, a lanzar barriles de combustible contra coches en marcha.

Just Cause 3 se centra en permitir al jugador una gran libertad de acción con un sentido del humor muy exagerado, casi slapstick

Por supuesto, podemos también conducir coches, motos, camiones, tanques, helicópteros, lanchas motoras y prácticamente cualquier cosa con motor que veamos moviéndose, además de subirnos a los techos para disparar toneladas de plomo y de aprovechar la inercia para lanzarnos con el gancho a toda velocidad. Avalanche ha contado con desarrolladores del equipo que creó el juego de coches Burnout para mejorar su experiencia al volante, pero el objetivo no es el realismo sino la espectacularidad. Que nadie se espere la finura en el control y las sutiles diferencias entre vehículos de un GTA: este juego es de brochazo gordo, no de matices.

Las aventuras de acción de mundo abierto están de moda, y Just Cause 3 consigue llevar hasta su última consecuencia todas las posibilidades, tópicos y tics del género. Si uno lo compara con otros títulos de su género, se le viene a la cabeza inevitablemente la relación que existe entre Saints Row y GTA: la franquicia se caracteriza por esa acción tan exagerada y grandilocuente que cae (voluntariamente) en el humor y la parodia. El juego está pensado para el desmelene; la trama principal está ahí porque, bueno, de alguna forma hay que justificar la fiesta; pero en el fondo al jugador lo que le interesa es intentar cada día una barrabasada mayor. Y eso es bueno. A veces uno quiere una experiencia intensa y emocional; otras lo que te apetece es saltar en paracaídas desde una lancha para caer directamente en un avión, reventarlo contra una torreta de gasolina y alejarte de la explosión caminando a cámara lenta.

 

Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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