Recuerdo la explosión de la financiación colectiva, en tiempos de Double Fine Adventure. Los usuarios recibimos Kickstarter como el santo grial del desarrollo: nuestro dinero materializaría aquellos proyectos de nicho, impensables bajo el seno de las grandes editoras. Se plantearon entonces infinidad de secuelas largo tiempo esperadas, lógica que alcanzó su clímax hace justo un año, con el anuncio de Shenmue III.

Coincidiréis conmigo en que la plataforma ha propiciado más polémicas que éxitos, aquejada sin duda por lo que me gusta llamar “el efecto teletienda“. De un tiempo a esta parte no han dejado de aparecer campañas sobre utensilios que se prometen revolucionarios, dispuestos a solventar esos pequeños problemas del día a día. Hablamos de llaveros con forma de navaja suiza, carteras reducidas a la mínima expresión, mochilas a prueba de cacos e incluso sistemas de envasado al vacío para maximizar espacio de equipaje. Todo ello presentado con las típicas escenas del antes y el después, como si intentasen vendernos una mesita auxiliar para cenar desde el sofá, el enésimo kit de electroestimulación o una licuadora con pretensiones de Thermomix.

Reconozcámoslo: todos hemos picado alguna vez. Pese a sus estridencias, la telepromoción alberga un poder de persuasión fuera de toda duda. No es hasta que recibimos el producto en casa que nos damos cuenta del engaño, sea por su inutilidad o defectos de fabricación. ¿Quién nos iba a decir a nosotros, amantes del ocio electrónico, que la industria sucumbiría a tales prácticas? Más aún, ¿cómo seguimos dejándonos engañar? El ejemplo más reciente es Mighty No. 9, lo nuevo de Keiji Inafune, quien ha entregado un software mediocre después de tres años y cuatro millones de dólares recaudados. El sucesor espiritual de Mega Man ha resultado un fiasco en toda regla, aunque sólo sea por sus interminables títulos de crédito (4 horas de recorrido, casi tanto como el propio gameplay).

Salvo raras excepciones, las campañas de Kickstarter son ya pura propaganda

Me libré del side scroller, por fortuna, pero no así de OUYA. Semejante o peor el despropósito para con la microconsola Android de código abierto, llamada a liderar toda una revolución en cuanto al desarrollo independiente. Descubrí la estafa a las pocas semanas, mayormente por una tienda atestada de producciones no ya menores, sino propias de cualquier alumno de primero de programación. Ya conocéis el resto de la historia, con la compañía resquebrajada y OUYA vendida a Razer para su desguace. Así se tiraron a la basura ocho millones y medio de dólares.

Otro caso especialmente sangrante (ajeno al videojuego) ha sido Kyttio, una cámara inalámbrica con haz láser incorporado para interactuar con tu mascota en cualquier parte. Otro de esos proyectos en los que confié sin dilación, pero que no llegará a buen puerto hasta finales de verano (tres años después de iniciarse su campaña). La ‘gracia’ del asunto, más allá de que el gadget cumpla con las expectativas, reside en la cantidad de imitaciones aparecidas en Amazon durante este tiempo, algunas más económicas y con funcionalidades mejoradas.

Sí, comenzamos a darnos por enterados de que Kickstarter es un bluf en toda regla, donde la satisfacción resulta excepcional. La compra de vivienda sobre plano ha caído en picado esta última década, del mismo modo que los videojugadores se lo piensan una y dos veces antes de adelantar dinero. Todos recordamos casos flagrantes como el de Ant Simulator, cuyo máximo responsable se vio obligado a pedir disculpas tras descubrir que sus socios se habían ventilado la recaudación en prostitutas y alcohol.

No negaré que Shenmue III me entusiasma tanto como me aterra, aunque cualquier cosa vale después de una década esperándolo. A partir de su lanzamiento, previsiblemente durante la campaña navideña de 2017, difícilmente vuelva a confiar en la teletienda del crowdfunding. Y es que, si os fijáis, cada vez son más los productos completamente terminados y producidos en masa que inician campaña con la excusa de jugosos ‘descuentos’ para los primeros en abrir la cartera.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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