Estamos acostumbrados a encontrarnos con todo tipo de tecnologías futuristas, extraños planetas y asombrosas criaturas en nuestros videojuegos favoritos. No llegaríamos muy lejos si apuntáramos con un dedo iracundo a la pantalla cada vez que nos enfrentamos con algo que sabemos es completamente imposible; no hace falta explicar que muy pocos juegos tienen el realismo por objetivo (algo de lo que ya hemos hablado alguna vez).

No obstante, que no se tenga el realismo como meta no quiere decir que todo lo que veamos en un juego sea falso, y hasta el producto más fantasioso nos puede servir para aprender. Por eso arrancamos la minisección "La ciencia de los videojuegos", en la que partiremos de los juegos más conocidos para hablar un poco de ciencia. Ya que estamos, os invitamos también a recordar todas aquellas ocasiones que hemos aprovechado para hablar de Historia: los videojuegos también nos han servido para hablar de la Guerra de Independencia americana, de la Edad de Oro de la Piratería y de la Revolución Francesa, sus escenarios y sus protagonistas.

Alien: Isolation

El juego protagonista esta semana en "La ciencia de los videojuegos" es el reciente Alien: Isolation, un nuevo regreso al universo de la saga Alien y, probablemente, el mejor juego jamás creado sobre la película de Ridley Scott. En esta ocasión vamos a centrarnos en el elemento clave del juego: el xenomorfo, la terrorífica criatura a la que nos enfrentamos en Isolation. Para ello contamos con la ayuda de Miguel Pita, profesor de Genética, investigador en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador como "científico de cabecera" en el Tiempo de Juego de la cadena COPE.

Hay muchas características del Alien que nos llaman la atención que no son tan extrañas

El Alien original es un diseño del artista suizo H.R. Giger, pero desde la película original (y más en todas las obras pbulicadas a posteriori) se ha intentado dotar de cierta lógica su terrorífico aspecto. El xenomorfo es un endoparasitoide, es decir, una criatura que pasa parte de su ciclo vital (normalmente el estado larval) dentro de un huésped. Utilizan a dicho huesped principalmente como protección en una etapa de gran vulnerabilidad, aunque también pueden servir de alimentado; en el caso del xenomorfo, que sepamos no se alimentan de su huésped. Hasta aquí nada raro: hay muchos seres vivos endoparasitoides, sobre todo insectos. Sirvan de ejemplo las bracónidas, una familia de más de 40.000 especies de avispas, la mayoría parásitas.

Curiosamente, hay muchas características del Alien que nos llaman la atención que no son tan extrañas, como la segunda mandíbula. Aunque en el caso de la criatura esta boca está en el extremo de una probóscide (una especie de trompa, para entendernos), hay muchos peces en nuestro planeta (por ejemplo, la morena) con lo que se llama "mandíbula faríngea": un juego extra de dientes situado en la garganta que puede incluso extenderse. Tampoco es raro que no tenga ojos tal y como los entendemos: en su origen fue una decisión de diseño de Giger para hacer al Alien más aterrador, pero también hay bastantes animales en la naturaleza que se las apañan sin ojos perfectamente gracias al resto de sus sentidos y sistemas como la ecolocalización mediante ultrasonidos.

Alien

¿Cómo podría haber surgido una criatura como el Alien? "Buscar una explicación evolutiva es, aparte de irreal, poco riguroso y muy osado; pero ya que me lo pides tú…", bromea Miguel Pita. "Habría que pensar que surgió en un entorno de alta competencia", apunta, "donde se necesitaría desarrollar características tan sobresalientes para sobrevivir, bien para evitar depredaciones, bien para obtener recursos, bien para obtener pareja para la reproducción. Su planeta no debía ser precisamente un sitio tranquilo, no me lo imagino como Suiza. Cabe añadir, como a veces ocurre en la evolución, que su aspecto no tuviese un origen en la selección para la lucha, sino en el azar, pero parece menos probable". Quizá por eso la película Prometheus suguiere que son criaturas de laboratorio, diseñadas como armas vivientes.

El xenomorfo tendría que haber surgido en un entorno de alta competencia, donde se necesitarían características sobresalientes para sobrevivir

Hemos preguntado a Miguel Pita por cuáles son realmente las características biológicas más llamativas del gran antagonista de Isolation. "En el xenomorfo", nos cuenta, "sorprende su mezcla de rasgos reales e irreales. Entre los rasgos realistas destaca que procede de un entorno de colmena gobernado por una reina, semejante al de abejas y hormigas, y que aparentemente se comunica con feromonas (hormonas volátiles) mediante las cuales se comunican los individuos de una misma colmena. Su esqueleto, a pesar de algunas exageraciones, tiene una estructura bastante realista; quizá no tanto su piel, que no recuerda a ninguna otra del reino animal".

"En el lado irreal, llama la atención que posee una dentadura que no se parece a ninguna del reino animal, no por la doble mandíbula, sino por su apariencia metálica; desde luego no aparentan depender del calcio. Otro rasgo fantástico que lo convierte en un ser especial es la capacidad de hacer sus recuerdos heredables. También tiene un digestivo 'privilegiado' que le permite no sólo alimentarse de carne y vegetales, sino también de rocas y metales". ¿Y a qué se debe esta 'fortaleza' del Alien (al menos dentro de la ficción de la saga)? El xenomorfo es una forma de vida basada en el silicio, no en el carbono como toda la vida que conocemos.

Alien: Isolation

De ahí se derivan buena parte de sus características más llamativas: su piel es más dura y resistente a altas o muy bajas temperaturas porque es una silicona, un compuesto formado a partir del silicio. Su sangre es ácido sulfúrico concentrado porque no podría tener el agua como base: los compuestos basados en silicio no se disolverían, es decir, no podría respirar ni alimentarse. Para que el Alien pueda comer rocas y minerales podríamos suponer que utiliza zeolitas, un compuesto de silicio, como sustituto de nuestra hemoglobina. Que se alimente también de seres vivos basados en el carbono (de personas, vaya) se puede explicar siendo un poco laxos con la química: es posible utilizar el carbono en una reacción química para convertir sílice en átomos de silicio… pero hace falta una temperatura de 1900º. Vale que el bicho sea resistente, pero esos ardores no se arreglarían con un Almax.

Es, como mínimo, improbable que exista vida basada en el silicio (y más una criatura tan compleja como la del Alien)

Tal y como lo estamos explicando casi parece que en realidad el Alien es una criatura perfectamente posible que podríamos encontrarnos en futuras exploraciones de, por ejemplo, un planeta rocoso como Marte en el que abunda el silicio. Hay un gran "pero" que hacer llegados a este punto: que sepamos, sólo existe vida basada en el carbono. La existencia de seres vivos basados en el silicio no pasa de ser una hipótesis con la que juegan biólogos y escritores porque el carbono y el silicio tienen propiedades químicas similares; pero también tienen diferencias sobradas como para pensar que es, como mínimo, improbable que exista vida basada en el silicio (y más una criatura tan compleja como la del Alien).

¿Y sería posible un "bicho" como el xenomorfo basado en el carbono, en las formas de vida que conocemos? "Afortunadamente no", afirma categórico Miguel Pita. "Es imposible predecir el destino de la evolución, pero podemos estar seguros de que aquello que surge es siempre una variante (más o menos sutil) de lo pre-existente. Como hemos comentado arriba, algunos rasgos podrían ser realistas (incluso tener doble mandíbula). Pero muchos otros, la gran mayoría, resultan imposibles; por ejemplo en lo relativo a su capacidad de incorporar genes de otros individuos, o a transmitir a la descendencia rasgos no heredables, así como en la capacidad de obtener energía a partir de elementos inertes como los metales o minerales, etc." Así que podemos dormir tranquilos: si un día la sonda marciana Curiosity deja de emitir por alguna razón misteriosa, de seguro no va a ser por el ataque de un xenomorfo.

 

Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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