Los aficionados de siempre a Dark Souls hablan a menudo de su narrativa, su potente simbología, el mundo tan absorbente que nos presentan… Y sin embargo, puede que un recién llegado se sienta perdido desde el principio al arrancar un juego de la saga: no se sabe muy bien dónde se ambientan, si están conectados, de qué va la cosa exactamente o qué está pasando en realidad. El asunto es que ninguno de los juegos de From Software cuenta una historia con la misma claridad con la que lo hacen la mayoría de juegos del mercado. El jugador tiene que unir lo mejor que pueda la escasa información que se le da explícitamente a través de secuencias cinemáticas y diálogos con la que puede encontrar explorando, lo que se deduce de los propios escenarios, lo que dicen las descripciones de objetos en el inventario y hasta los nombres de los jefes y criaturas. ¡Los Souls son difíciles hasta para eso!

Muchos jugadores se estarán incorporando a la franquicia ahora, con Dark Souls 3, y sepan poco o nada del lore, la simbología y la historia de los juegos anteriores. Quizá miren a los Dark Souls y Demon’s Souls y les dé un poco de respeto, o incluso pereza, ponerse con esos juegos para empaparse de la narrativa de los Souls: visualmente se han quedado muy obsoletos, tienen un control y una cámara más tosca… y qué caramba, son difíciles a rabiar, y si alguien sólo quiere enterarse de qué van para ponerse en contexto de cara a Dark Souls 3, igual echar 200 horas es demasiado. Así que vamos a hacer un rápido resumen de lo que cuenta cada uno de los Souls previos. Por razones evidentes, aunque no vamos a contar los finales de ninguno de los juegos este artículo está lleno de SPOILERS de Demons Souls y Dark Souls 1 y 2, así que ¡míralo bajo tu responsabilidad!

Demon’s Souls: todo empezó en Boletaria

Aunque oficialmente la historia de Demon’s no está conectada con la de los Dark Souls, la forma de narrar es muy similar, los temas y símbolos son parecidos y el propio trasfondo en sí tiene muchos puntos de conexión, así que vamos a mantenerlo en el mismo saco como todo el mundo. En una época ya olvidada, una entidad oscura de enorme poder conocida simplemente como El Antiguo desencadenó un ejército de demonios sobre el mundo que casi lleva a la Humanidad a la extinción. Un grupo de hombres y mujeres, que serían llamados con el tiempo los Monumentales, utilizaron sus conocimientos místicos de las Artes del Alma para detener al Antiguo; pero aquella criatura era tan poderosa que no podía ser destruida, sólo aletargada en un sueño eterno. Los Monumentales dividieron el mundo en regiones coronadas por Archipiedras, unas construcciones mágicas que permiten el viaje instantáneo entre ellas; y entre todos los reinos, entre la vida y la muerte, alzaron el Nexo, un templo para que descansen las almas que viajan entre mundos bajo el que duerme el Antiguo esperando algún mortal que lo despertara tentado por sus promesas de poder infinito.

Avanzamos mucho, mucho tiempo después para situarnos en el reino de Boletaria. El rey Allant XII, tras toda una vida luchando contra los demonios y tratando de gobernar su reino con justicia, empezó a buscar la forma de obtener un mayor poder con el que traer prosperidad a su país. Allant logró acceder al Nexo y descubrió la magia de las Artes del Alma, y gracias a ellas llevó Boletaria a una edad dorada. Algunos dicen que finalmente el poder corrompió al rey, que acabó entregándose al Antiguo como su sirviente para destruir el mundo; otros, que el uso de las Almas había despertado a la todopoderosa entidad. En cualquier caso, un ejército de demonios atacó el reino de Boletaria, que quedó separado de las demás tierras por una extraña niebla; sin nadie que plantase cara al poder del Antiguo, aquella niebla empezó a extenderse y amenazó con devorar el mundo entero. 

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Más o menos en ese momento empieza la acción de Demon’s Souls: el personaje que el jugador encarna es uno más de los innumerables aventureros que cruzan la niebla para enfrentarse a los demonios, ya sea para liberar el mundo de su influencia… o simplemente para enriquecerse con el poder de las almas de los demonios o los tesoros que esconde Boletaria. Los terribles monstruos que habitan el reino acaban pronto con nuestro protagonista, cuya alma viaja hasta el nexo; allí, el último superviviente de los Monumentales le pide que termine con la invasión de los demonios y utilice el poder obtenido para devolver al Antiguo a su sueño; una misteriosa mujer, la Doncella de Negro, ofrece su capacidad para canalizar las almas de los demonios para aumentar el poder del jugador. Todo Demon’s Souls es el viaje de este protagonista entre las distintas regiones donde se sitúan las Archipiedras para matar a los grandes demonios, comandados por el corrompido rey Allant, y obtener suficiente poder como para enfrentarse al Antiguo. Por el camino, eso sí, nos encontraremos con unas cuantas subtramas y numerosos personajes, cada cual con su historia, su trasfondo y sus motivaciones, todos con un fuerte componente trágico: los personajes están prácticamente indefensos ante sus destinos, ante el horror cósmico del Antiguo y su ejército de demonios.

Demon’s Souls prefigura también el que será uno de los temas más importantes de toda la saga Souls: el efecto corruptor del poder sobre el individuo

En Demon’s Souls se ve clara la influencia del horror cósmico de Lovecraft, que se mantendrá a lo largo de todos los juegos de Miyazaki: el ser humano es una criatura diminuta y prácticamente indefensa ante poderes terribles (en este caso, el Antiguo) que no son exactamente malvados, pero que desde luego no son buenos: son sencillamente indiferentes al sufrimiento de la Humanidad, a la que manipulan y manejan como un amo a su ganado… o peor: como un niño inconsciente que juega con un hormiguero. De esto se deriva una inevitable visión negativa de la religión: dado que a los dioses les damos igual y es preferible que nos ignoren, quien les adora es necesariamente o un loco o un inconsciente. San Urbano, un religioso que aparece en el juego, es un hombre bueno (al menos en apariencia) que ignora que el dios al que adora es un aspecto del Antiguo, la criatura que amenaza con destruir su propio mundo.

Demon’s Souls prefigura también el que será uno de los temas más importantes de toda la saga Souls: el efecto corruptor del poder sobre el individuo. El poder que dan las almas es literal, en cuanto a que en el universo del juego ofrece enormes recompensas místicas, pero también tiene un evidente simbolismo. El mundo de Boletaria era razonablemente pacífico y tranquilo hasta que el afán de poder y la avaricia lo empujó hasta el apocalipsis; incluso con la mejor de las intenciones, el poder acaba corrompiendo a quien lo enarbola tanto en lo físico como en lo espiritual. Las escasas personas verdaderamente buenas con las que nos encontramos están impotentes ante el mal y tienen finales terribles: la única forma de detener la destrucción es obtener el mismo poder que la provoca, con lo cual aquellos que un día fueron héroes terminan por convertirse también en monstruos. En última instancia, el mal no puede ser derrotado del todo, sólo detenido temporalmente: la lucha es cíclica y eterna.

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Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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