Lo vimos al analizar por qué algunos usuarios recurren a la piratería: las editoras han ideado numerosos métodos (algunos contraproducentes) para evitar que sus periodos de lanzamiento se vean comprometidos. Insisten en que la distribución ilegal merma considerablemente las ventas, obliga a reestructurar estudios e imposibilita correr riesgos bajo el seno de nuevas propiedades intelectuales.

Si no se pirateasen juegos, otro gallo cantaría. ¿Seguro? Uno de los grupos piratas más renombrados, 3DM, sorprendió hace unas semanas al darse por vencido con el sistema anticopia de Just Cause 3. Tal así que su líder (Phoenix) predijo la imposibilidad de vulnerar software en un par de años, si es que la tecnología para la gestión digital de derechos (DRM) sigue fortaleciéndose. Muchos nos preguntamos entonces qué pasaría si los crackers desapareciesen de la noche a la mañana y la adquisición de títulos dependiese únicamente de nuestra tarjeta de crédito.

El grupo de marras debió preguntarse lo mismo, aunque sobradamente convencido de la respuesta. Por eso ha anunciado su intención de no piratear juegos (para un jugador) durante un año: “Hemos tenido una reunión interna. 3DM no pirateará ningún juego single-player a partir del Año Nuevo Chino. Examinaremos la situación de aquí a un año para comprobar si la venta de software se incrementa en consecuencia”.

¿Se incrementarían las ventas de juegos si la piratería desapareciese de la noche a la mañana?

Todo un órdago el que los crackers lanzan a la industria para poder restregarle unas estadísticas más que previsibles. En un mundo sin piratería, quienes no pudiesen permitirse los últimos lanzamientos esperarían unos meses por su rebaja. Resultaría muy improbable que las editoras reajustasen precios en vistas del mayor número de compradores.

Luego están quienes no atienden a números, faltos de concienciación para con el reconocimiento de autorías. Jugadores que no han pagado en su vida por disfrutar de la afición y tampoco empezarían a hacerlo por mucho que 3DM y compañía se plantasen. ¿Se produciría acaso un repunte en el dubitativo mercado del alquiler y la segunda mano? Eso mientras perdure la distribución física, que según los analistas tiene las de perder durante el próximo lustro.

Las ventas de juegos apenas crecerían, en cualquier caso, no al menos hasta que las grandes firmas conveniesen dinamitar la barrera de entrada de los 60 dólares. ¿Acaso no se supone que si los juegos cuestan lo que cuestan es, entre otras cosas, para compensar los centenares de miles de copias que la piratería deja sin vender? Electronic Arts, Ubisoft y compañía harían bien en responder al envite con un as bajo la manga: juegos de lanzamiento veinte dólares más baratos o con precios acordes tanto a la magnitud del desarrollo como a la estimación de ventas.

Cual referendum, los piratas han tenido a bien preguntarnos si queremos que sigan actuando, pero no es tanto un interrogante como un toque de atención para que los actores del ocio electrónico entiendan que la pelota siempre ha estado en su tejado. Que comprendan su equivocación al pensar en la piratería como el mayor de sus males. Una vez lo hagan, quedará concienciar a toda una generación de que cualquier esfuerzo (incluido el de la comunidad de desarrollo) merece su recompensa.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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