Nathan Drake está colgado. Siempre lo está: de una maltrecha viga de madera a un centenar de metros del suelo mientras un helicóptero de combate calienta sus ametralladoras frente a él, de una liana que sostiene su vida mientras corre por la pared vertical de un barranco, de los restos de un tren agonizante que se aferra a duras penas a la ladera de una montaña… La verticalidad de la saga Uncharted es ese punto álgido de peligro en la montaña rusa de la aventura. Escalamos la empinada cuesta de las emociones sabiendo que, una vez en la cima, nos regodearemos de placer con la caída. Nathan Drake está colgado… y nosotros estamos colgados de él. Volvamos por un momento la vista atrás para ver cómo surgió el idilio.

Uncharted: el tesoro de Drake se estrenó en 2007 como exclusivo de PS3. Naughty Dog seguía una hoja de ruta que les alababa. Daba igual dejar atrás una franquicia consolidada. Eludiendo el camino fácil, estaban convencidos de que cada nueva generación de consolas merecía un nuevo héroe (El camino de PSX a PS3 está encharcado por las lágrimas de los seguidores de Crash Bandicoot y Jak & Daxter). A pesar de las buenas intenciones, el primer Uncharted se expresaba dubitativo. Si eras capaz de superar su ingrato tutorial te topabas con un mundo de brillantes colores encorsetado por un diseño de niveles demasiado evidente… aunque daba un poco igual ante las miradas ansiosas de lo nuevo. Con una tecnología por explotar como era entonces la máquina de Sony, los paisajes de ensueño localizados en los confines del mundo podían palidecer ante el simple hecho de ver cómo se mojaba la ropa del protagonista cuando este se colocaba bajo una cascada.

La verticalidad de la saga Uncharted es ese punto álgido de peligro en la montaña rusa de la aventura

Nathan Drake está colgado de Elena Fisher, una intrépida y curiosa periodista de rostro dulce. Antes lo estuvo de Chloe Frazer, que es como él solo que mejor. Tal vez por eso su historia de amor no prosperó. Recuerdo ahora lo que sentí al ver a Nathan por primera vez en aquel primer juego, y me sorprende que ambas chicas se quedaran colgadas de él. Aquel personaje que nos daba la bienvenida en 2007 parecía un estándar vulgar surgido de pulsar un botón (los protas de Just Cause y Mad Max son un ejemplo de lo que quiero decir). Aun así, te dabas cuenta cómo poco a poco se iba humanizando a base de chistes malos y de chascarrillos, que bajo su pecho fornido de modelo existía un corazón esculpido con cariño. Lo reconozco, Nathan caía bien, era un tipo simpático a pesar de todo. Para cuando terminabas el juego ya era como de la familia.

Fue con Uncharted 2: el reino de los ladrones (2009) cuando todo saltó por los aires. Nathan Drake, que se había presentado un par de años antes como un inseguro remedo de Indiana Jones, se erigía de repente en digno sucesor de toda una estirpe de aventureros. Ahora sí, las piezas encajaban, y Elena, y Chloe, y tu y yo, todos nos enamoramos de él. Pero hay más. Tanto es el sabor a clásico que, a pesar de estar construido con tecnología punta, Uncharted 2 se percibía como un producto artesanal. Las maneras que apuntaba la franquicia en sus primeros pasos se convertían aquí en sólidos pilares sobre los que caminar altivos y sin miedo. Todo fue memorable en este feliz reencuentro: la escala del viaje, las escenas de acción, los momentos emotivos, los personajes secundarios. Un salto de calidad que se tradujo en un titulo impecable, de esos que dejan mella en toda una generación de jugadores.  Si un par de años después Uncharted 3: la traición de Drake supuso una cierta decepción no fue porque se tratara de un mal juego. Siendo más ambicioso que su antecesor y brindando a la legión de seguidores auténticos caramelos como la niñez del protagonista, se notaba que el equipo de creativos tras la obra no era el mismo. La pandilla de genios se había tomado un respiro y estaba enfrascada en la ruptura de la norma no escrita de  Naughty Dog. No iban a esperar al habitual cambio generacional. El prestigio alcanzado con Uncharted 2 les permitía concebir una nueva franquicia en un momento tan delicado como es el final de ciclo de una consola. Tenía que ser muy gordo lo que se traían entre manos y debían sentirse muy seguros del resultado. El juego era The Last of Us.

Con semejante carrera, está claro que Naughty Dog se ha ganado a pulso su estatus. Uncharted 4: el fin de un ladrón, en manos de nuevo del equipo estrella, llegará hasta nosotros el 18 de marzo de 2016. Mientras, la trilogía de PS3 se viste de gala en PS4 sumándose así a la lista de exclusivos remasterizados que ya han dado el salto al flamante mundo de los 1080p y 60 frames (a The Last of Us y God of War III se unirá en breve Heavy Rain y Beyond: dos almas). Se refuerza la idea de que, si solo tuviste una consola en la pasada generación y fue una Xbox 360, fuiste el listo de la fiesta. Sé bienvenido a PS4, que aquí encontrarás lo mejor de PS3.

En lo visto hasta ahora como avance de Uncharted 4 hay tal vez demasiada familiaridad. Una demo exquisitamente coreografiada en la que la descarga de adrenalina es tal que, como diría Woody Allen, te sale por las orejas. Aspecto audiovisual impecable para una trepidante escena de disparos, peleas y persecuciones con un Nathan Drake, por supuesto, colgado. Seamos sinceros, a estas alturas de la historia importa poco porque la comunión es ya total. Porque nosotros somos Nathan, y hemos visto cómo el suelo se deshace bajo nuestros pies en la frenética huida de una ciudad milenaria que desaparece a nuestro paso, hemos llegado a lo alto de un edificio en llamas para escapar de la muerte en el último segundo, y hemos sido expulsados violentamente de un avión en llamas para agarramos in extremis a un cajón de suministros que desciende lentamente en paracaídas sobre un futuro incierto. Subir y bajar, subir y bajar, hacía arriba tensando los músculos y hacia abajo sin control y con el corazón en la boca. Hemos gritado una y otra vez de miedo y de júbilo, como niños en un parque de atracciones. Y como niños, esperamos con mirada anhelante y sonrisa sincera realizar el viaje una vez más.


Villa. Foto Jorge Iván Argiz

José María Villalobos: Blogger profesional desde 2008, ha publicado en sitios como Xataka, Blogdecine y VidaExtra. Su particular visión de la relación entre cine y videojuegos le ha llevado a impartir conferencias y ser jurado en diversos festivales y certámenes a lo largo de la geografía española. Es autor de ‘Cine y videojuegos: un diálogo transversal‘, libro pionero que trata del cruce narrativo entre ambas manifestaciones artísticas.

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5 Respuestas

  1. Ekaitz

    Dejo una pregunta como usuario de PS4 que nunca tuvo una consola anterior de Sony.

    El Uncharted 4 lo compraré sin duda y tengo la duda de si comprar o no la trilogía remasterizada. Mi temor es que jugar a 3 juegos tan parecidos uno detrás de otro vaya a hacer que llegue al Uncharted 4 “quemado” de la misma mecánica de juego.

    Qué opináis? Merece la pena jugar a todos los Uncharted del tirón o mejor me reservo para poder disfrutar del 4 en plenitud?

    Gracias por las respuestas

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    • José Carlos Castillo

      Tienes parte de razón. Tampoco es que resulte imprescindible jugar la trilogía original antes del 4, pues la conexión argumental es más bien laxa. Quizás esperaría a Uncharted 4 y luego profundizaría en el resto de la franquicia.

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      • Alfonso

        Es más! Yo diría que deberías jugar sí o sí al 2 (los otros son también muy buenos) porque es superlativo.

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