Bethesda es sinónimo de grandes aventuras y de libertad. Ya no sólo de una libertad para poder movernos y hacer (casi) lo que queramos por sus enormes juegos. Bugs y glitches aparte, que casi se han convertido en una marca de la casa, Bethesda se ha ganado un nombre grabado a fuego en el corazón de los roleros occidentales. Sus juegos nos han llevado desde las tierras de Morrowind hasta las post-apocalípticas llanuras de Boston, donde hemos encontrado duros contrincante y el amor en personajes de toda índole, incluso en algunos del mismo sexo.

Un tema que, por suerte, ya no es tan tabú para las compañías, ha sido introducido por Bethesda en sus juegos de dos formas totalmente opuestas: la elaborada y la vaga. Pero antes de echarnos las manos a la cabeza, vamos a hablar de sus juegos más populares donde ha habido una presentación de personajes del colectivo LGTB+.

Elder Scrolls III: Morrowind (Bethesda, 2002) es uno de los mejores ejemplos que la compañía tiene de representación LGTB+. Sin ir más lejos, Vivec, uno de los dioses de la saga, no tiene un género binario específico; al igual que Mephala, el príncipe daédrico de las mentiras, los secretos y las conspiraciones que aparece representado en la iconografía del templo de Tribunal como andrógino. Incluso Molag Bal, el príncipe daédrico de la dominación y esclavitud a los mortales, es referenciando como femenino en uno de los textos que nos encontramos por la aventura, implicando que los daedras pueden cambiar de forma a discreción. Pero esta libertad de género no se queda en los NPCs. Una de las razas jugables, los argonianos, son asexuales de nacimiento, definiendo su sexo según la frecuencia con la que chupan su árbol Hist (el principal objeto de adoración de la raza), haciendo pensar que esta raza puede cambiarlo en un momento dado de su vida.

Escudo, la "vieja reina" de Fallout 3.

Escudo, la “vieja reina” de Fallout 3.

Cuando salió Fallout 3 (Bethesda, 2008), la comunidad de jugadores se vio dividida entre aquellos que habían jugado a los originales y los que no. Bethesda, tras adquirir los derechos de Fallout tras el cierre de Black Isle, decidió cambiar radicalmente el género del juego, pasando de rol táctico a un rol en primera persona al que ya estábamos acostumbrados tras varias entregas de Elder Scrolls. Esta entrega fue la primera de Bethesda en incorporar personajes queer a su plantel, aunque fuese de una forma secundaria. Si nuestro avatar era femenino teníamos la posibilidad de contratar los servicios de una prostituta en Megaton. Sin embargo, este ejemplo se queda en nada si investigamos en algunos de los personajes secundarios como Carol, habitante del Inframundo, que parece ser tener una relación con otra Ghoul llamada Greta e incluso han adoptado un niño llamado Gob. A pesar de que nunca se deja claro si estos personajes tienen una relación, de nuevo, si nuestro avatar es femenino, Greta se pone celosa advirtiéndole que se mantenga alejada de Carol. En Rivet City, otra de nuestras paradas en el yermo, encontramos a dos personajes, Escudo y Metralla, que regentan una tienda de armas en la que solo hay una cama. De nuevo, no se deja clara si la relación entre estos personajes es romántica, aunque un NPC de otra ciudad se refiere a Escudo como “una vieja reina”. Una palabra que en el lenguaje gay sirve para definir a una homosexual afemfinado.

No fue hasta la salida de Skyrim y Fallout 4 que Bethesda nos permitió vivir un romance homosexual

Bethesda, al comprar los derechos de la saga Fallout, tuvo la opción de crear dos secuelas. Una de ellas fue encargada al estudio Obsidian Entertainment, que desarrolló el genial Fallout: New Vegas (Obsidian Entertainment, 2011) y que, a pesar de su buena ración de bugs y glitches, gustó a una mayor parte del público debido a su dificultad aumentada y su mayor parecido a un auténtico juego de rol que a un shooter con un pequeño salpimentado de rol. Este spin-off contó con ciertos guiños al colectivo homosexual, aunque algunos demasiado estereotipado​s como el extra ​Soltero Confirmado, con el que el jugador obtiene una bonificación al daño hacia adversarios masculinos, así como la posibilidad de desbloquear líneas de diálogo adicionales al tratar con personajes de tu mismo sexo, fomentando el estereotipo de la mayor comprensión y entendimiento de las emociones de los homosexuales. Curiosamente, este extra tiene su equivalente femenino llamado ​Busca a la mujer (Cherchez la femme, una frase hecha francesa ​que puede ser entendido como “si un hombre tiene un problema, busca a la mujer que lo ha provocado”).

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