Septiembre me está causando una dicotomía emocional bastante importante: por un lado, siento la desolación típica de la vuelta a la rutina, al trabajo. Sin embargo, de repente mi vida se ha visto inundada de alegrías sin precedentes en forma de videojuegos tan maravillosos como Mad Max de Avalanche Studios, el último Metal Gear Solid de Konami o Until Dawn de Supermassive Games. Y todo ello sin contar con  la expansión de The Witcher 3 (ya, lo sé, la compré muy rápidamente para darme cuenta después de que no podría jugarla hasta finales de octubre, vivo en un continuo drama).

Hablaremos de todas estas cajitas repletas de felicidad, pero hoy vamos a centrarnos solo en una de ellas: la que contiene el videojuego inspirado — que no basado — en la genial película de George Miller Mad Max: Fury Road, la última de la saga de este guerrero solitario y polvoriento antes encarnado por el vetusto Mel Gibson y mucho mejor representado en la actualidad por Tom Hardy.

Nada más empezar asistimos a una situación tan cotidiana como que te roben el coche una panda de desalmados bandidos liderados por un tal Lord Scrotus, algo que en la actualidad solucionaríamos con la pertinente denuncia en comisaría, un par de blasfemias lanzadas al viento y tal vez, si la economía lo permite, la ilusión de un nuevo comienzo con una máquina más nueva, más brillante y con mejor motor. Pero en el mundo postapocalíptico en el que habita nuestro dicharachero Max, que te birlen el coche es una putada de primer orden ya que nuestra madre tierra se ha convertido en un desierto, no hay apenas agua ni comida y caminar bajo el sol se nos puede hacer un poquito cuesta arriba. Pero en un increíble giro de los acontecimientos, nos encontramos con el Igor de esta distopía, el Quasimodo de la debacle en la que se ha convertido el planeta, Chumbucket (en adelante el Chepa) quien no solo nos curará a un chucho que nos hemos encontrado por el camino, sino que nos va a montar un automóvil último modelo para el que podremos elegir hasta la carrocería. Y NO NOS VA A COSTAR NADITA. Para ir mejorándolo, solo tenemos que recoger chatarra, que el Chepa se encarga de convertirla en piezas para el utilitario que además, tiene un nombre: Magnum Opus.

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Una pista: híbrido, lo que se dice híbrido, no es.

Sobre la historia sólo deciros que no sale Imperator Furiosa, lo cual es una pena porque tenía ganas de probar a repartir hostias como panes con el brazo protésico ese tan chulo que lleva. Y porque por una vez y salvando las distancias con Lara Croft, estaría bien que hubiesen incluido la posibilidad de jugar con una mujer. No sé si los mandamases de la industria se han percatado de que el nuevo perfil creciente en cuanto al consumidor de videojuegos, corresponde al de una mujer mayor de 35 años. No sé, que tal vez vaya siendo hora de dejar de lado el mito de que los hombres adolescentes son los principales consumidores y se empiecen a crear videojuegos con más roles femeninos. Y esto no quiere decir que haya que hacer juegos menos bestias. No, no van por ahí los tiros, pero de vez en cuando estaría bien que ellas pudiesen jugar con un personaje con el que les sea más fácil identificarse. Babeando estoy ya con el Horizon Zero Dawn.

Volviendo a lo que nos ocupa, Mad Max: en el lado técnico, los gráficos son impresionantes y las cinemáticas conservan la teatralidad y fuerza de la película. La dinámica de juego nos puede recordar un poco a Sombras de Mordor por el enorme mundo abierto al que nos enfrentamos y por los comandos para las peleas. Poco a poco iremos abriendo más zonas del mapa y tendremos disponibles más misiones a las que accederemos con el coche que nos ha fabricado nuestro entrañable chepudo (quien además, cada vez que raspemos el coche con la columna del garaje, nos lo pasará por chapa y pintura). Conducirlo no es difícil y con mucha chatarra, llegaremos a convertirlo en un arma mortífera.

Mad-Max-Speedster

La historia no da para mucho ya que nos embarcamos en esta aventurita sólo para vengarnos de Lord Scrotus que nos ha birlado el auto, pero bueno, cosas peores he visto y el juego es muy disfrutable y divertido, lo recomiendo mucho. La ambientación es perfecta y los personajes están muy bien creados. Tengo una pega, no obstante, la misma que he encontrado en el Metal Gear Solid, del que hablaremos en la próxima: ya sé que es un desierto, pero… ¿es necesario que esté tan vacío? Esto es como los metros cuadrados útiles de una casa, si le quitas el pasillo, se queda en nada. Y es que empleamos tanto tiempo recorriendo el mapa, que parece que es lo único que hacemos.

Un último aviso, vais a comenzar peleando con la fuerza bruta de vuestros puños. Al poco de empezar, encontraréis dos balas; no malgastéis una de ellas probando los mandos como hice yo porque puede haceros falta para libraros de unos buitres que os encontraréis cuando vayáis a recoger la carrocería del Magnum Opus. Y no os trinquéis el agua de una vez, que hay poca y es lo que, literalmente, os dará la vida.

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