La humanidad lleva milenios mirando a las estrellas y preguntándose qué misterios esconden. Han sido una forma de orientación, parte de supersticiones y, especialmente, el núcleo de nuestros sueños de descubrimiento como especie. La ciencia ficción es bien dada a explorar estas ideas sobre el espacio que rodea a nuestro planeta, y aunque a veces se distancie tanto de la realidad que es difícil reconocer similitudes, en otras ocasiones su base es tan verosímil que cuesta creer que sea sólo “ficción”.

A finales de febrero la NASA dio una conferencia en Las Vegas presidida por Jeff Morris, ingeniero de la agencia espacial y perteneciente al laboratorio de propulsión. En ella no sólo habló de los hallazgos del sistema Trappist-1, sino de la relevancia de la ciencia ficción en los estudios astronómicos, ya sea representada por el cine, la literatura o los videojuegos. “El buen arte no sólo nos inspira como individuos, puede inspirar a toda una sociedad”, dijo entonces, mientras defendía la labor de los videojuegos y, concretamente, de Mass Effect.

Ciudadela - Brazos1

Pero, por supuesto, la ciencia ficción no se sostiene sólo con ideas originales que puedan inspirar descubrimientos. También utiliza conceptos y teorías científicas (más o menos conocidas) que tratan de explicar el universo que nos rodean y que ayudan a los creativos a desarrollar una base creíble para la historia que están construyendo. Mass Effect es un gran ejemplo de cómo la ciencia y los descubrimientos actuales pueden ayudar a crear elementos característicos de este videojuego con una base “real”. Aunque en algunos aspectos la parte de “ficción” sea demasiado evidente como, por ejemplo, con el efecto de masa (piedra angular de la saga), otros están cimentados en teorías científicas que, aunque aún no se han llevado a la práctica, cuentan con un gran respaldo de la comunidad. Una de ellas es la centrada en las colonias orbitales de Gerard K. O’Neill que ha permitido la creación de construcciones tan emblemáticas e importantes dentro de la saga como la Ciudadela, sucedida recientemente en Mass Effect Andromeda por el Nexus y las Arcas (Hyperion, Paarchero, Natanus y Leusinia).

Gerard O’Neill fue un físico experimental que trabajó como profesor en la Universidad de Princeton. Durante años se centró en el desarrollo de distintos dispositivos para aplicar en experimentos, hasta que en la década de los 70 comenzó a trabajar en la idea de construir asentamientos en el espacio. Un concepto que, aunque había estado presente ya en la ciencia ficción, la comunidad científica aún no lo había tomado como un campo de estudio. Por aquel entonces, la NASA estaba sumergida de lleno en el Programa Apolo, que supuso el punto de partida para que O’Neill y sus alumnos de ingeniería comenzaran a trabajar no sólo en el diseño de estas colonias orbitales, sino también en la creación de medidas para, por ejemplo, contrarrestar la radiación o asegurar la sostenibilidad a largo plazo de las comunidades asentadas en ellas. Sus conclusiones fueron publicadas primero en la revista Physics Today y, de manera más extensa, en el libro Ciudades del Espacio (1977) un primer paso para que sus propuestas calasen y la NASA apoyase el estudio de las colonias orbitales. Así, se crearon diversos diseños que varias décadas después servirían de inspiración para BioWare.

Cilindro de O’Neill (exterior).

La Ciudadela es una de las localizaciones más importantes dentro del universo de la trilogía original. Es el centro de gobierno galáctico, al albergar la Sede del Consejo, uno de los puntos fundamentales de las rutas de comercio y, por supuesto, el hogar de millones de personas de diferentes especies. Su impresionante y característico diseño presenta las curvas combinadas con líneas verticales que se identifican fácilmente con el “estilo Mass Effect” según explica Derek Watts en el libro “The Art of Mass Effect Universe”. Pero además de estas directrices básicas utilizaron como referencia conceptos de la NASA para conseguir una combinación perfecta entre naturaleza y arquitectura. Entre estos modelos estaba, y esto es lo más destacado, los diseños del “toro de Standford”, uno de los planteamientos para colonias orbitales.

Este tipo de colonia, en su planteamiento original, estaría desplegada en uno de los llamados “punto Lagrange” (lugar entre dos cuerpos celestes próximos que permite a una estructura artificial adoptar una posición “fija” respecto a ellos), a diferencia de la situación independiente de la Ciudadela. Basa su estructura en un toroide, en cuyo anillo se desarrollaría la vida de la colonia y que rotaría de manera continuada para crear la gravedad artificial. Sin embargo, el diseño final de la Ciudadela no se asemeja tanto a este tipo de construcción, y esto se debe a que está combinado con otro diseño: el de los Cilindros de O’Neill. En este caso, nos encontramos ante dos cilindros gemelos conectados, cada uno con su propio anillo, y que rotan de manera opuesta para crear la sensación de gravedad. El diseño final de la Ciudadela, especialmente cuando ésta se encuentra cerrada, recuerda a uno de estos cilindros, aunque su forma sea ligeramente cónica.

Toro de Stanford - Interior -DE Davis2

Ciudadela - Presidium Concept Art

Cuando recorremos las Ciudadela en el primer Mass Effect, toda la acción transcurre en los Distritos, el Presidium y la Torre de la Ciudadela, es decir, en la parte circular de esta megaestructura, y nunca en sus brazos, que sólo podemos contemplar desde un extremo. Tras el desarrollo del diseño del Toro de Stanford (1975) diversos artistas han trabajado para recrear cómo sería la vida en su interior. La imagen de Donald E. Davis que acompaña a estas líneas muestra claramente dónde se encuentra la inspiración que BioWare necesitó para diseñar las localizaciones de la Ciudadela, aunque en este caso sean menos naturalistas. Las pocas veces que tenemos un atisbo de las zonas exteriores al anillo del Presidium, la imagen que contemplamos recuerda sin error a las ilustraciones que la NASA y distintos artistas (como Syd Mead, cuya influencia puede observarse en diversos aspectos de Mass Effect) han realizado sobre el interior de los Cilindros de O’Neill.

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