Pues bien, todo ocurre de la siguiente forma: una mañana te levantas, y ahí está. No hay invocaciones, ni sortilegios. Nada que ver con la épica que te cuentan en las películas. Simplemente, ocurre. Entras en la cocina, somnoliento, y te la encuentras con la cabeza hundida en un bol de cereales. Está salpicando la mesa, chapoteando entre los restos de leche de un brick volcado, emitiendo un ronroneo entre débil e infantil mientras juguetea con el azúcar y la caja de corn flakes vacía. Y aunque en ese momento es aún algo informe e indefinido, sabes que ya no hay vuelta atrás, y que eso, ESO, se va a quedar a vivir contigo durante mucho tiempo.

Y… ¡ey, más vale que te vayas haciendo a la idea, muchacho, porque ahora tienes una responsabilidad, y esa criatura tiene que salir adelante! Porque si no estabas preparado, tenías que haber tomado medidas – maldita sea, que es que vais como locos – y si no lo hiciste, ahora debes asumir las consecuencias. Crece. Madura. Hazte un hombre. Hazlo por ella, o por él, o por lo que demonios sea aquello que ahora se agarra de tu pierna y te mira temblorosa y difusa como una imagen mal enfocada.

dead-synchronicityY es entonces cuando realmente empieza lo bueno. Porque ayudar a hacer crecer a la criatura puede ser agotador, estresante, e incluso angustioso. Pero ante todo y sobre todo, es algo increíblemente divertido.La vistes, la peinas, la alimentas. Y le das un nombre. Y junto a otro puñado de padres que también la vieron irrumpir en sus vidas como irrumpió en la tuya, aportas todo lo que puedes para que la cosa salga sana, aseada y no diga muchos tacos. Y por supuesto, que entretenga: probablemente una de las retos más difíciles de lograr en esta vida.

Entonces, tarde o temprano, llega el día. La criatura ha dejado ya de serlo, y prepara las maletas en silencio para marcharse de casa. Sin despedidas dramáticas ni aspavientos, que ya somos todos adultos. Te dice adiós y se va. Y como en las series americanas, te quedas mirando su cuarto desde el quicio de la puerta, con los brazos cruzados y gesto solemne. Momento game over. Momento “Nos hacemos viejos, estos desagradecidos nos hacen mayores…”. Momento nido vacío.

Después, de vez en cuando, te llegan algunas líneas garabateadas rápidamente en una postal. La criatura está recorriendo mundo, y aún se acuerda de ti. Te dice que está conociendo a mucha gente, que se ha ganado el aprecio de algunos – es entonces cuando te das golpecitos en la espalda, henchido de orgullo -, aunque otros no la han mirado con tan buenos ojos – y es entonces cuando piensas en reclamar la ayuda de la OTAN, el Pacto de Varsovia y la Federación Intergaláctica para vengar la afrenta -. Ay, padres…

Y cierras la caja donde guardas las postales, entrecerrando los ojos y agudizando el oído. En la casa en silencio, sólo esperas volver a escuchar ruidos extraños provenientes de la cocina.

Estudio independiente madrileño formado por los hermanos Luis, Alberto y Mario Oliván, a los que se suma el artista Martín Fender. Su opera prima, la aventura gráfica Dead Synchronicity: Tomorrow Comes Today, es uno de los juegos independientes españoles más aplaudidos del año 2015.
    Esta aventura gráfica, primera parte de una trilogía, nos sitúa en un mundo post-apocalíptico. La catástrofe conocida como “la Gran Ola” no sólo ha destruido la civilización, sino que amenaza con llevar a la Humanidad a la destrucción total: la “sincronicidad muerta” en la que el espacio-tiempo se disuelven.
      Guionista y compositor de Fictiorama. Autor de la historia, diálogos y música de Dead Synchronicity.

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