El ser humano lo lleva en el ADN. Por norma general, nos encanta crear héroes a los que ensalzar y llevar a lo más alto, para después verlos caer y volver a empezar. La industria del videojuego no es ajena a este fenómeno y el género que hoy es noticia y copa todas las portadas, mañana será defenestrado y sustituido por la moda de turno.

Recuerdo con mucho cariño pero sin rancia nostalgia (muy recomendable el texto del compañero José Carlos en este sentido) la época de los sprites en 2D y el falso 3D, antes de la llegada de 3Dfx, sus tarjetas gráficas de 16 bits y la irrupción de los juegos poligonales. Títulos como Wolfenstein, Quake, Doom, Blood o el magnifico Marathon de Bungie (sí, hay vida antes de Halo para el estudio) marcaron una época donde, probablemente, su mayor estandarte fue ese irreverente, vigoréxico y zafio Duke Nukem 3D. Eran otros tiempos y la chabacanería con humor estaba a la orden del día.

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Half-Life, estandarte de un género

Obviamente me dejo muchísimos en el tintero pero, con la llegada de los polígonos y la “defunción” del pixel (tan de moda últimamente) hubo un título que marcó la diferencia y sentó las bases para lo que poco tiempo después sería el genero por antonomasia. Sí, estoy hablando de Half-Life. Toda una película de ciencia ficción donde por una vez no encarnábamos a un macarra hipervitaminado sino a un simple científico, parco en palabras y envuelto en una invasión extraterrestre con una palanca como aliado.

Para entonces, el Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg ya tenía puestos sus ojos en la industria del videojuego. Así nació otra de las franquicias míticas del FPS: Medal of Honor. Tras los (para mi injustos) palos recibidos por su última iteración, Warfighter, EA decidió reservar la propiedad intelectual hasta nuevo aviso. Una escisión de su equipo responsable derivó en la fundación de Infinity Ward, estudio que engendró otro de los títulos determinantes para el disparo subjetivo: Call of Duty. Corría el año 2003.

Dos años antes, entre voces escépticas de que los shooters llegasen a prosperar en consolas, Bungie presentó otra obra cumbre: Halo: Combat Evolved. Algo estaba sucediendo con el género que, casi sin darnos cuenta, empezaba a dominar el mercado.

El tercero en discordia fue Battlefield, estandarte del simulador bélico nuevamente a manos de EA. Sorprendió a propios y extraños por sus partidas masivas online, el tamaño de sus mapas y el uso de vehículos. Mientras, Epic Games no perdía el tiempo y presentaba un shooter multijugador, a la estela de Doom y Quake: Unreal Tournament 2004.

Pero existió otra moda (aún perdura en lo jugable) que impulsó tremendamente el género: los cibercafés. En 1999, un año después del lanzamiento de Half-Life y usando su motor gráfico, Counter Strike veía la luz convirtiéndose en rey indiscutible de las partidas LAN. Hoy por hoy, Couter Strike: GO es uno de los principales títulos competitivos a nivel mundial.

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Una Respuesta

  1. Joseillo32

    Muy buen comentario. Comentar que particularmente llevo un año o dos en los que la guerra moderna, futurista o directamente de ciencia ficcion me estan cansando, y mucho. Quiza sea de los pocos que piden una vuelta a la Segunda Guerra Mundial. Vivir conflictos que aun no se allan narrado o dar uso de las nuevas tecnologias son dos de los alicientes que me hacen pensar que volveria a tener exito.

    El enfoque casi exclusivo al multijugador es algo que tampoco me esta gustando. Soy de los que disfrutan mas de un Borderlands jugando solo, si amigos, jugando solo, que un CoD en multijugador durante horas. Las cuatro vueltas seguidas a la historia que le di al primer titulo citado lo avalan.

    Sin ir mas lejos, dos de mis shooters favoritos cumplen gran parte de lo que digo, Spec Ops The Line, TPS brutal, vendido y publicitado “como uno mas” asi que jamas vi venir la que se avecinaba en cuanto a guion se refiere,4 en el que el multijugador es muy prescindible, y Enemy Front, shooter de Crytek situado en la SGM en el que la amplitud de los escenarios permite afrontar cada nivel de varias formas, una vez mas, con un multi prescindible.

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