Congoja. Fue lo primero que me sobrevino al encarar el segundo bundle de Labo, la gama de juguetes en cartón ideada por Nintendo. Confeccionar un piano tecla por tecla es una cosa, pero esta mochila robótica impresiona. Por el número de planchas del paquete; la complejidad aparente de su mecanismo y lo aparatoso del invento. No negaré cierto reparo al enfundarme el visor y descalzarme, para ajustar las correas que controlan las piernas del coloso. Sin embargo, los prejuicios desaparecen al meternos en faena, aflorando el niño que todos llevamos dentro.

Como en el “Kit Variado“, los cartones vienen acompañados de una tarjeta de juego, con instrucciones de montaje paso a paso. El panel táctil de Switch permite interactuar con las imágenes volteándolas y acercándolas, si bien no encontré demasiados problemas para seguirlas a pies juntillas. Se trata de un proceso más laborioso que complejo, aunque los menores pueden frustrarse sin la ayuda de un adulto. Hablamos de unas tres horas de ensamblado, siempre y cuando nos dediquemos a ello por entero.

En esencia, la mochila funciona mediante un sistema de poleas: cuatro cajas a modo de contrapeso, conectadas a otros tantos cables (dos para los brazos y dos para las extremidades inferiores). Acoplada en la parte posterior del robot, la cámara infrarroja del Joy-Con interpreta la posición de varias pegatinas fluorescentes, traduciéndolo a movimientos del avatar. Por su parte, el Joy-Con izquierdo se introduce en el casco, lo que nos permite controlar la cámara y activar el modo subjetivo. La acción combinada de ambos mandos posibilita los giros, configurándose un esquema de control mucho más ambicioso de lo que imaginábamos.

El montaje de la mochila robótica conlleva unas tres horas de trabajo sin interrupción.

El montaje de la mochila robótica conlleva tres horas de trabajo ininterrumpido.

Antes de embarcarnos en la modalidad principal conviene visitar la sección “Descubre“, donde los personajes de Nintendo Labo revelan los secretos y posibilidades de nuestra creación. Una vez más, los fragmentos de “experimentación” muestran el funcionamiento del artilugio en tiempo real, con la obligación de probar nuestros conocimientos en un test de evaluación. Ahora sí, seremos libres de campar a nuestras anchas por una ciudad en plena invasión alienígena. Nuestro cometido es fulminar platillos volantes para conseguir la máxima puntuación en el tiempo dado. ¿Cómo? A base de puñetazos y pisotones. Contamos también con un modo vuelo (estirando ambos brazos) y podemos metamorfosearnos en tanque (agachándonos) para disparar a todo lo que se mueva. A éstas se suman otras habilidades, bloqueadas hasta completar las misiones del modo “Desafío“: quince fases relativas a diferentes poderes, como “puño cargado”, “patada voladora”, “salto rápido” o “rayo especial”. Para sacarles provecho, nada mejor que “Duelo“, combates uno contra uno donde vence el primero en destruir al adversario (atacar por la espalda inflige el doble de daño) o sacarle del cuadrilátero.

Una experiencia sin igual, a la que hubiésemos agradecido un gameplay más profundo 

El kit tampoco se olvida de la personalización. En “Estudio” modificamos el sonido de los puños izquierdo, derecho, piernas y cabeza, mientras que el “Garaje” nos deja jugar con el color, intensidad y brillo de cada segmento robótico. Todo gracias a los tornillos que confeccionamos y acoplamos en los orificios superiores y laterales de la mochila. Como vuelta de tuerca (valga la redundancia), nuestro robot atesora e incrementa estadísticas conforme jugamos, fundamentales para desbloquear secretos. A saber: un “modo paseo“, donde recorrer la ciudad libremente durante 30 minutos; el “piloto automático“, para enfrentarnos a la máquina y el intercambio de robot con nuestro contrincante, si es que algún amigo ha montado su propio gigante.

Aunque la experiencia de pilotar es de lo más efectista y pese al número de opciones, lo cierto es que el Toy-Con no se sostiene a largo plazo. Accedemos a todo el contenido en una tarde de juego intenso y, como con los visores de realidad virtual, uno acaba sucumbiendo a la pereza de enfundarse el armatoste. Sabiendo que el juego bebe del cancelado “Project Giant Robot” (previsto para Wii U), no hubiese sido mala idea retrasarlo unos meses para ofrecer un título más longevo y profundo.

Nintendo Labo: Kit de Robot es la fantasía de cualquier niño. Una experiencia efectista de construcción y simulación, a la que habríamos agradecido más enjundia en lo que al videojuego respecta. Con todo, los de Kioto podrían sorprendernos con expansiones periódicas, hablemos de cartón o código propiamente dicho.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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