Bajo el liderazgo de Satoru Iwata, Nintendo atravesó una de sus etapas más fructíferas. El éxito de Wii y Nintendo DS tan sólo fue comparable a la primacía de Game Boy, en cualquier caso sistemas de potencia contenida pero diseñados con inteligencia. Tras perder cuota de mercado con Nintendo 64 y Gamecube, los de Kioto quedaron relegados a la tercera plaza en el segmento de sobremesa: el apoyo de terceros disminuía, al tiempo que los usuarios interorizaban sus productos como reliquias infantiles.

Competir en la misma liga que Sony o Microsoft se antojó imposible, por lo que Iwata apeló a quienes sentían recelos del ocio electrónico. Abuelos y nietas que no hubiesen encontrado razones de peso para plantarse frente al televisor. Muchos aludían a la complicación de los botones… ¿Y si los juegos pudiesen controlarse por mera intuición? Bastó integrar giroscopios en el mando de turno y camuflar su apariencia cual control remoto al uso, minando lo amenazante de gatillos y sticks analógicos. Wii había llegado para quedarse.

Iwata corrió mayores riesgos que ninguno de sus predecesores, desde la peculiar nomenclatura de la máquina hasta su reinventado esquema de control. La multinacional japonesa pudo sucumbir, pero el precedente de Nintendo DS imbuyó confianza. Los extendidísimos paneles táctiles resultaban impensables hace una década, mucho menos en el contexto de una plataforma de bolsillo, pero la idea de acercar el software a los dedos del jugador caló hondo.

Dadas sus decisiones desarmantes, Iwata se ganó las críticas de los incondicionales, temorosos de que las fórmulas de juego clásicas desapareciesen en pos de la audiencia casual. Los jugadores tradicionales son, precisamente, quienes sostienen la Nintendo que confundió a propios y extraños con 3DS y Wii U. Aunque la portátil esterescópica ha sabido capear el temporal de los teléfonos inteligentes, la sucesora de Wii sigue renqueando en ventas.  La idea de no defraudar a cuantos consumidores han apostado por ella obsesionó al directivo hasta sus últimos días, dada la furibunda reacción al catálogo presentado durante la pasada Electronic Entertainment Expo. 

Luego estaban los accionistas, indispuestos a aceptar como circunstanciales los tiempos de bonanza: -Si Wii y Nintendo DS fueron modas pasajeras, entonces quizás debamos perseguir nuevas tendencias -parecían decir. Fue así como Iwata-san decidió explotar sus activos en el marco de las figuras interactivas, los parques de atracciones y la propia telefonía móvil. Tras una década negándose en rotundo a que Mario aplastase Goombas en la pantalla de un smartphone, el artífice de Kirby's Dream Land selló uno de los acuerdos más significativos en la trayectoria de Nintendo. Por mediación de DeNA, los de Kioto publicarán cinco títulos hasta abril de 2017, todos con visos de monetización a largo plazo.

Por desgracia, Iwata no tuvo tiempo de clarificar otras estrategias de peso como Project NX o esa plataforma para la mejora de la calidad de vida que acompañaría accesorios de monitorización. Diversificación en toda regla que deberá refrendar el nuevo presidente del gigante nipón. Si lo hará o no es lo que se pregunta en estos momentos toda la industria.

Shigeru Miyamoto y Genyo Takeda asumen el mando hasta designarse un sucesor propiamente dicho. Cuesta imaginarse al padre de Mario (director ejecutivo para la división de software) como directivo al uso, lo que le apartaría del área creativa que tanto adora. Miyamoto, en cualquier caso, comparte la hoja de ruta trazada por Iwata. No olvidemos su gusto por la experimentación, unas veces de forma más acertada (Wii Fit) que otras (Wii Music).

Más desconocida es la trayectoria de Genyo Takeda, director ejecutivo responsable de hardware. Se unió a Nintendo en 1972 y ha estado implicado en el desarrollo de todas sus consolas desde NES. Le debemos, por ejemplo, el guardado de partidas en los cartuchos de Famicom, el stick analógico de Nintendo 64 y los sensores por movimiento del Wii Remote. Con 66 años, Takeda encaja mejor en el perfil directivo, especialmente por su dilatada experiencia en el seno de la compañía. Coincidió con Iwata en que la carrera de la potencia es inútil, motivo por el que NX se rumorea inferior técnicamente a PlayStation 4 o Xbox One.

Pero hay más candidatos a la sucesión. Reggie Fils-Aimé, presidente de Nintendo América, resulta el menos probable por su origen estadounidense. Aún así, cuenta con la baza de ser uno de los rostros visibles de la compañía, cercano y sin tapujos en su relación con los jugadores, como procuró Iwata en sus últimos años.

Por su parte, Satoru Shibata (presidente de Nintendo Europa durante los últimos 15 años) conjuga los valores tradicionales de la compañía con un amplio conocimiento del mercado occidental, al haber encabezado también Nintendo Australia. Hablamos de otro hombre de confianza para Iwata, por lo que no se estiman divergencias durante su más que plausible mandato. 

Las últimas apuestas son Tatsumi Kimishima y Masahiro Sakurai. A este último se le conoce sobradamente por su trabajo en HAL Laboratory, donde concibió franquicias como Kirby o Super Smash Bros. Su trayectoria profesional resulta prácticamente un calco a la de Iwata, lo que nos hace incluirlo en la lista junto a Kimishima. Actual Managing Director de Nintendo y presidente de Nintendo América entre 2002 y 2006, Kimishima forma parte de la mismísima junta directiva. Suya ha sido la estrategia de la franquicia Pokémon, como integrante de The Pokémon Company y presidente de Pokémon USA. Un hombre de negocios de los pies a la cabeza que tal vez piense demasiado en los números.

Con independencia del nuevo presidente, serán los inversores quienes impongan su ley en último término. Juegos para móviles, plástico NFC y explotación multimedia de propiedades intelectuales parecen patrones inquebrantables. No así los sistemas de entretenimiento tradicionales, que habrán de ofrecer propuestas verdaderamente únicas (y rentables) para que Nintendo no los margine a largo plazo.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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