Hace un par de días Tim Sweeney, presidente de Epic Games, se descolgó con unas declaraciones a Polygon que han dejado helados a muchos fans: básicamente Sweeney ha explicado que están poco a poco reconfigurándose como estudio especializado en juegos multijugador free to play; sus proyectos Paragon y Fortnite son un ejemplo perfecto de ello. La compañía que creó Gears of Wars dejará, por tanto, de desarrollar juegos con campaña para un jugador.

Como decía, esto ha hecho que muchos fans pongan el grito en el cielo, con los (ya clásicos) lamentos apocalípticos sobre la dirección a la que se están dirigiendo los videojuegos. Un servidor lleva escuchando ese tipo de afirmaciones unos veinte años, desde que empezó a leer la Micromanía; y sin embargo ahí sigue el videojuego, sin irse por el retrete ni convertirse en el Imperio del MalTM, y cada vez más interesante como medio.

El error de base está en tomar la parte por el todo, una empresa como ejemplo paradigmático y termómetro de la industria al completo. Es un error alimentado por el propio Sweeney en sus declaraciones, que asegura que “la industria tiene que cambiar mucho su filosofía […] y nos dimos cuenta de que el papel ideal para Epic es liderar [ese cambio]”; pero eso no es más que una forma de justificarse, una falacia discursiva destinada (sin mucho disimulo) a evitar o minimizar las críticas convirtiendo una decisión empresarial en una tendencia general que por alguna razón ellos están destinados a liderar.

Hoy por hoy esta industria es más amplia y diversa que nunca: la cantidad y variedad de modelos de negocio, formas de organización, géneros y tipos de juego es mayor que nunca y va a seguir creciendo. No hay que preguntarse por las causas y consecuencias de esa decisión para el sector del videojuego: Epic Games no se representa más que a sí misma, enrte otras razones porque es una compañía con un contexto muy diferente al de otros estudios de su tamaño. Lo que deberíamos hacer es preguntarnos si la idea tiene sentido para Epic y por qué.

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Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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