No Pineapple Left Behind es uno de esos desarrollos necesarios, que demuestran el potencial del videojuego como herramienta de protesta. Se apuesta en este caso por una ridiculización legislativa hasta lo absurdo, de forma que las mentes más cerradas constaten la necesidad de su abolición. Responde el estudio independiente Subaltern Games y su objeto de crítica no es otro que la polémica No Child Left Behind (NCLB) estadounidense. 

En resumidas cuentas, NCLB determina la financiación de colegios estadounidenses en función de los resultados de sus alumnos en examenes estandarizados (anuales) sobre competencia básica en lectura, escritura y matemáticas.

Propuesta por George W. Bush el 23 de enero de 2001 y aprobada por amplia mayoría del Congreso y el Senado, la ley entró finalmente en vigor el 8 de enero de 2002. Establece que todos los centros educativos acogidos a la financiación del título primero de la Elementary and Secondary Education Act (1965) deben probar su rendimiento (Adequate Yearly Progress o AYP) mediante pruebas predeterminadas estatalmente. Todos los estudiantes demuestran así su evolución de conocimientos bajo las mismas condiciones.

NCLB impone al tiempo una serie de sanciones a las escuelas con resultados promedio insuficientes, lo que determina un baremo nacional. Arrojar malas puntuaciones por segundo año consecutivo obliga al desarrollo de planes bianuales de mejora para el área de conocimiento en conflicto. Esta situación es comunicada a los padres de los alumnos, de forma que puedan decidir el traslado de sus hijos a otro centro (asumiento costes el distrito escolar). Un AYP reprobable por tercer año consecutivo supone clases suplementarias inexcusables para los alumnos deficitarios, mientras que al cuarto procede el nombramiento de nueva dirección y plantilla docente. Los casos extremos implican el cierre o la completa reestructuación de la escuela, eso es, su privatición o control directo por parte del estado.

El acta incumbe también a los profesores, en cuanto impone la contratación de educadores "altamente cualificados". Cada estado decide qué entiende por profesor de elevada capacitación. Sus metas descritas fueron reducir la brecha académica entre clases sociales, una medición más precisa del rendimiento académico y la involucración de los padres, que reciben informes periódicos sobre el AYP de la institución donde han matriculado a sus hijos.  

Las críticas a la NCLB no se hicieron esperar, la mayoría centradas en lo problemático de los exámenes estandarizados. Numerosas voces describen la medida como el encorsetamiento del sistema educativo, ya que los profesores centran esfuerzos en preparar a sus alumnos para superar los consabidos tests anuales en lugar de proporcionarles un conocimiento en profundidad de las materias ("teaching to the test"). En otras palabras, los educadores enseñan los contenidos que creen más probables en la prueba de marras.

La exigencia de un nivel mínimo disminuye igualmente los rendimientos sobresalientes y la presión por conservar la financiación (e incluso el puesto de trabajo) merma la calidad de la enseñaza. Ya que cada estado determina su estándar de examen, aquellos con menores puntuaciones y por ende mayor carestía económica optan por simplificar las preguntas.

NCLB también perjudica a las minorías cuya educación pretendía salvaguardar. La mayoría de centros adscritos a la financión del "Título I" albergan estudiantes de bajos recursos (mayormente de color o habla hispana), en clara desventaja económica o cultural y por tanto incapaces de afrontar pruebas estatales redactadas con una tipología de alumno en mente: la mayoritaria clase media blanca. Reza así un panfleto reivindicativo de 2005: "Irónicamente, la Ley logrará reducir los fondos federales de las escuelas que más lo necesitan. […] Limitar la medida del éxito escolar al resultado de un examen empeorará la calidad de nuestras escuelas. […] NCLB no tiene en cuenta el punto de partida del estudiante en relación a la pauta de competencia establecida ni recompensa el progreso de los que se acercan a dicha pauta".

Hay muchos otros puntos negros de la ley, tales como la comentada privatización, la cesión de datos de contacto de los estudiantes a los órganos de reclutamiento militar (sugerencia para que el fracaso escolar derive en alistamientos) y un presupuesto insuficiente en más de 12.000 millones de dólares.

Barack Obama no dudó en poner a caldo una legislación a todas luces negligente, encabezando una enmienda que busca destinar parte de los fondos federales a que los estudiantes con pocos recursos sean trasladados a escuelas de barrios ricos. También la transferencia de fondos entre estados y la supresión de muchas de las exigencias a las escuelas.

En pleno debate de la Cámara de Representantes surge No Pineapple Left Behind. Seth Alter ejerció como profesor en una escuela de Boston hasta que las incongruencias del modelo educativo le hicieron desistir. Más que un educador, se convirtió en preparador para la superación de las temidas pruebas estándar: "pensé que podría enseñar de forma más eficaz a través de un videojuego".

Él y otras cinco personas trabajan en un simulador completamente demencial, donde encarnamos a un director de colegio. Por razones que no viene al caso explicar (o eso piensa Subaltern Games) un mago ha transformado a buena parte de los estudiantes en piñas. Como piñas, carecen de razonamiento y se limitan a memorizar las enseñanzas del profesor sin rechistar. Su metodismo determina unas calificaciones sobresalientes y por ende una escuela saneada económicamente.

Los profesores que controlamos pueden lanzar hechizos como "Televiser" (hace que los alumnos vean una película en sustitución de una clase estándar) o "Memorizer" (memorizar un texto en lugar de comprenderlo), ambos beneficiosos para nuestros objetivos. Pero ojo, porque ciertas habilidades surten el efecto contrario y añaden dosis de humanidad a las piñas. "English" por ejemplo, las enseña a leer y tomar conciencia de sí mismas, lo que acaba por transformarlas en niños propiamente dichos: "La IA de los niños es mucho más complicada que la de las piñas. Pueden hacer amigos, contar chistes durante las clases, tener citas, intimidar a sus compañeros… todo lo cual impacta en su rendimiento acadécimo", explica Alter a Motherboard.

Al comienzo del juego, 6 de cada 60 estudiantes son niños y hemos de evitar a toda costa que el número se multiplique o las puntuaciones (y la financiación) del colegio caerán en picado. El montante de nuestra cuenta corriente permite 'adquirir' nuevos profesores y hechizos, por lo que cuantas más piñas autómatas mejor. Clara alusión al impacto educativo de No Child Left Behind, donde el mago viene a ser el propio gobierno de los Estados Unidos y la ley su embrujo.

No Pineapple Left Behind también ofrece fórmulas para deshumanizar a los niños, como el empleo de libros de texto o la contratación de guardias de seguridad. Albergará además misiones concretas para cada nivel de juego, en cuyas premisas también encontramos sátiras de tremenda acidez: "David es un estudiante al que le encanta maquillarse. Si el resto de compañeros le acosan y éste se queja a sus padres, pierdes. Tienes dos opciones: o inviertes una fortuna en un plan para combatir el bullying o tomas la vía rápida y le conviertes en una piña sin maquillar". Sublime. 

No Pineapple Left Behind se encuentra en fase alfa cerrada, con previsión de apertura esta primavera. 

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.