Uno no puede evitar ponerse un poco escéptico cuando le hablan de realidad virtual. Es algo que lleva a punto de llegar desde los 80, y en estos 30 años ya hemos sufrido muchas decepciones en este campo. Sin embargo, Oculus Rift podría cambiar esto para siempre. Pero empecemos por el principio, ¿qué es exactamente Oculus Rift?

Oculus Rift es un dispositivo de realidad virtual, aún en desarrollo, creado y distribuido por la empresa Oculus VR. Antes de ser una compañía tecnológica, y como en esos clichés de típica película americana, Oculus era el hobbie de un veinteañero californiano, Palmer Luckey, que soñaba con reabrir un camino que la industria en general daba ya por cerrado: la realidad virtual.

Después de un tiempo de desarrollo en solitario, Luckey consigue enseñarle uno de sus prototipos a John Carmack, cofundador de ID Software y padre de Doom (entre otros). Carmack se entusiasmó con la idea hasta tal punto, que hace poco dejó su puesto en ID Software para unirse a Oculus VR. Por supuesto el apoyo de un peso pesado de la historia de los videojuegos ayudó enormemente al proyecto Oculus, y le permitió mostrar un prototipo en la feria tecnológica E3. Así se sumaron al proyecto personas como Brendan Iribine, con conocimientos y prestigio suficientes como para convertir el proyecto en una empresa.

Como otras compañías tecnológicas, Occulus VR empezó con una campaña en Kickstarter por 250.000 dólares para fabricar unos cientos de prototipos. Sólo cuatro horas después, ya habían recaudado esa cantidad. El total reunido por la campaña fue de 2.4 millones de dólares (casi diez veces más de lo esperado), lo que convirtió el proyecto en algo tremendamente real. Poco después, en junio de 2013, llegó una inversión de 16 millones de dólares.

Pero, ¿cómo funciona exactamente Occulus Rift? El principio es el mismo que el de la realidad virtual "clásica": se utilizan unas gafas que permiten que cada ojo reciba una imagen ligeramente distinta, lo que hace que hace que el cerebro interprete una sensación de profundidad. ¿Y qué tiene de especial este proyecto, si la teoría es la misma que en los 80? Pues básicamente, que hoy en día sí que existe la tecnología necesaria para conseguir una experiencia verdaderamente realista, como ya han demostrado en Occulus VR con sus prototipos.

Los nuevos prototipos utilizan una pantalla LCD de 7 pulgadas, más grande de lo que estaba pensado en un principio. Esto hace el dispositivo levemente más pesado y aparatoso, pero permite ocupar casi completamente el campo de visión del usuario y dar una experiencia mucho más realista. Algunos datos técnicos: la resolución de la pantalla es de 1280×800 (aunque la visión de cada ojo es de unos 640×800) y la profundidad de color de 24 bits por pixel. Se espera que la resolución de los dispositivos que salgan finalmente al mercado alcance los 1920×1080. El último prototipo tiene la friolera de 1000 Hz de tasa de refresco (para que os hagáis una idea, probablemente 10 veces más que vuestro televisor).

Por supuesto el futuro de Occulus Rift aún está lleno de incertidumbre. Aún no hay fecha de salida para su versión comercial, y está por ver cuántos desarrolladores decidirán sacar sus juegos con soporte para la realidad virtual (de momento ya hay varios que se han confirmado, como por ejemplo Doom 3, EVE Online y Team Fortress). Pero viendo cómo les ha ido hasta aquí, parece lógico suponer que esta "no tan nueva" tecnología va a triunfar, por fin.

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