En esta industria existen unos pocos elegidos que quedan fuera de todos los cánones y estereotipos marcados. Nos referimos a esas empresas cuyos productos son sinónimo de éxito seguro, que no reciben más presiones que las de su propio inconformismo y que hacen del when it’s done su credo. A todos nos vienen a la mente estudios como Rockstar o Bethesda, o compañías como Valve, por poner sólo unos ejemplos.

En la cúspide de estos pocos elegidos se encuentra Blizzard Entertainment, subsidiaria de Activision-Blizzard y una de las compañías más rentables y famosas de toda la industria del videojuego. Cuenta en su haber actualmente con seis únicos títulos (aunque esto no es exactamente así, ahora lo explicaremos) incluyendo el recién estrenado Overwatch: un team-based shooter llamado a convertirse en una de las nuevas piedras angulares de la compañía en particular y de los e-sports en general.

Pero para comprender esta posición de fuerza de compañías como Blizzard, conviene echar la vista atrás para analizar los motivos de tal éxito. Para empezar, y casi como condición “sine qua non”, todas estas empresas (o al menos la mayoría de ellas) son también publishers de sus propios productos. Es decir, no sólo desarrollan, sino que también publican y distribuyen sus propios juegos.

Este punto es, sin duda, una enorme ventaja para Blizzard, pero de nada serviría sin unos títulos de contrastada calidad detrás. Actualmente, si pensamos en la compañía californiana, seis son los títulos que nos viene a la cabeza: World of Warcraft, StarCraft, Diablo, HearthStone, Heroes of the Storm y el recién estrenado Overwatch. Obviamente, a todos ellos hay que incluirles sus diferentes partes y expansiones. Así que la pregunta es clara: ¿cómo ha logrado una compañía que lleva 25 años desarrollando juegos llegar tan sumamente alto con, a priori, tan pocos títulos y tan característicos? Realmente casi se contesta sola, pero podemos indagar un poco más.

Para empezar Blizzard no se conformó como tal hasta el año 1994. Durante los tres años anteriores, bajo la marca Silicon & Synapse desarrolló varios videojuegos de éxito dispar; The Lost Vikings es el mejor y más famoso de todos ellos. Ya como Blizzard Entertaiment empezó a desarrollar los títulos que sentarían las bases para su futuro éxito: Diablo, Warcraft, StarCraft, etc. Pero, si me pidiesen que marcara una fecha en el calendario, esa sería el 11 de febrero de 2005 (al menos aquí en Europa): el día de lanzamiento del World of Warcraft, el MMORPG que catapultaría definitivamente a una ya más que consolidada y famosa Blizzard. Según los datos oficiales, en octubre de 2015 (diez años después del lanzamiento del juego) aún había 5,5 millones de suscripciones activas (recordemos que se trata de un juego de mundo persistente con cuota mensual); cifra que no dudo volverá a elevarse tras el estreno de la película homónima el próximo 3 de junio.

Blizzard ha sabido adaptarse de maravilla a los nuevos tiempos tocando aquellos “palos” donde mejor se desenvuelve, ofreciendo a los usuarios títulos fáciles de jugar pero difíciles de dominar

Pero achacar el éxito de Blizzard únicamente a su buen hacer durante sus primeros años de vida, o a los millones de jugadores de WoW, sería un lamentable error. Sin entrar en los gustos personales de cada jugador, especialmente de aquellos que llevan muchos años tras la estela de la compañía, hay que admitir que Blizzard ha sabido adaptarse de maravilla a los nuevos tiempos tocando aquellos “palos” donde mejor se desenvuelve, ofreciendo a los usuarios títulos fáciles de jugar pero difíciles de dominar; y siempre dentro de unos géneros muy específicos.

Diablo III alcanzo más de 20 millones de copias vendidas en agosto de 2014 gracias, en gran medida, a los cambios incluidos por Blizzard para hacer el juego más asequible a todo tipo de jugadores (este que suscribe, el primero de ellos). No le vino mal el salto a consolas, supongo que una “pequeña gran prueba” para lo que estaba por llegar. Tampoco tardó demasiado en fijarse en los e-sports (más allá de StarCraft) y el género de moda, trayéndonos el año pasado su propia visión del género MOBA con el, una vez más, sencillo de jugar pero difícil de dominar Heroes of the Storm. Un MOBA que personalmente pienso no se desarrolló para competir con el todopoderoso League of Legends, sino para cubrir ese pequeño hueco que existía donde nos encontrábamos muchos jugadores a los que los MOBA (y prácticamente los e-sports en general) nos habían pillado con el pie cambiado. Blizzard ya tenía su parte del pastel.

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No siendo precisamente unos ignorantes del tema (StarCraft es el juego de estrategia número uno en lo que a e-sports se refiere), Blizzard no tardó mucho tiempo en poner su foco en otro de los géneros competitivos al alza que, además, bebe muchísimo de los MOBA: nos referimos obviamente a los team-based shooters, juegos de disparos en primera persona que se alejan de gameplays más clásicos como Counter Strike o Call of Duty, para centrarse en la compenetración, colaboracion y equilibrio de los equipos.

Y nos plantamos, casi sin darnos cuenta, con una nueva franquicia recién lanzada: Overwatch. Un TBS con cierto aspecto de película de animación, personajes carismáticos pero paupérrimas opciones jugables (21 personajes, 12 mapas y 4 modos de juego) que, sin embargo, está causando furor (desde que comenzó su primera beta cerrada de hecho) y que, para más inri, resulta de lo más entretenido de jugar. Que no suene a crítica, yo soy el primero que lo está disfrutando cual niño con zapatos nuevos. Pero es curioso comprobar cómo, una vez más, un juego que de no haberse lanzado bajo el sello de Blizzard tal vez tuviese otra consideración, vuelve a tener todas las papeletas para convertirse en una nueva obra de culto dentro de la industria. Y, esta vez sí, con lanzamiento simultaneo para todas las plataformas. Blizzard va a por todas.

Y la compañía demuestra que es inteligente. Saben aunar los universos de sus juegos: en Heroes of the Storm luchamos con personajes del resto de sagas de Blizzard, y prácticamente todos los títulos comparten diferentes “premios” como aspectos, iconos, monturas, etcétera, para incentivar al jugador y “obligarle” a catar todos los títulos de la compañía. Por no mencionar, hablando exclusivamente de Overwatch, de los cortos de animación o los comics digitales que han acompañado el lanzamiento del título. No podemos olvidar que Blizzard no sólo sabe hacer muy buenos juegos: sus cinemáticas bien podrían ser producto de los mejores estudios de Hollywood. Sumémosle un buen número de opciones con micropagos y… ¡voilà! Ya tenemos otro éxito asegurado. ¡Héroes, comienza vuestra guardia!

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