Hablaba el otro día sobre cómo Kickstarter, la principal plataforma de financiación colectiva, parece haberse convertido en algo más parecido a la teletienda. Intenta crearnos necesidad mediante vídeos tan grandilocuentes como falseados, algo de lo que no somos conscientes hasta recibir el producto de marras y comprobar sus deficiencias. De hecho, muchas de las campañas se basan en lotes ya fabricados, por lo que se pierde la finalidad última del crowdfunding.

Incluso aquellas campañas genuinas, que parten de ideas y prototipos, suelen derivar en catástrofe. Los motivos son varios: desde la falta de planificación hasta un concepto errático de incio. Prometer más de lo que puede entregarse con la experiencia de que se dispone.

Enmarcado en esta segunda categoría, el último fenómeno de Kickstarter se llama PGS (siglas de Portable Gaming System), un PC de bolsillo a modo de consola portátil con la que ejecutar buena parte de nuestra biblioteca de Steam. No es la primera vez que se nos promete algo similar. Tras muchos dimes y diretes, Smach Zero (otrora conocida como SteamBoy) inició su campaña el pasado 9 de diciembre… para cerrarla de improviso una semana después. Aunque los usuarios respondieron bien los primeros días, el contador de recaudación se congeló fruto de una meta exagerada (900.000 dólares) y la carencia de un prototipo funcional. Nadie quiso arriesgarse tras la debacle de OUYA.

PGS LAB parece haber tomado buena cuenta de los errores de su contrincante, fijándose 100.000 dólares como objetivo e ilustrando la campaña con vídeos de un prototipo temprano. Aún con todo, la portátil soñada despierta serias dudas.

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Escribo esto habiendo sucumbido. Soy uno de los 1.225 patrocinadores con que cuenta actualmente la máquina, decisión que tomé por un tanto de iluso y otro de borrego: seremos muchos los escaldados si la cosa no llega a buen puerto. ¿Por qué? Primeramente por la falta de inversores. La descripción del proyecto reza que se desvincularon de éstos por no casar con su visión del dispositivo. Esto hace que nos preguntemos por la naturaleza de la disonancia: ningún inversor dejaría escapar un gadget con semejante potencial sin una razón de peso. Tampoco se ha aclarado el origen del presupuesto adicional necesario para llevar PGS al mercado. 100.000 dólares se antoja una cifra excesivamente baja y algo nos dice que el millón de dólares requerido por Smach Team respondía más a la realidad.

Los plazos fijados tampoco parecen realistas. Cuatro meses de preproducción, uno de testeo y otro más de fabricación. PGS llegaría a nuestras casas en marzo de 2017, ocho meses después de finalizar la colecta. Si algo hemos aprendido de campañas con tecnología de por medio, es que los imprevistos están a la orden del día. Los meses terminan convirtiéndose en años con extrema facilidad, básicamente porque la probabilidad de que algo salga mal siempre es alta. ‘Algo’ que a menudo acarrea consecuencias en cadena.

El prototipo está bastante verde, tanto a nivel de hardware como de diseño, quizás excesivamente estilizado sobre el papel. No descartemos que el sistema de enfriamiento pasivo responda a duras penas. Igualmente, la decisión de lanzar dos versiones (720p IPS con 4GB de RAM y batería de 6.120mAh frente a 1440p AMOLED con 8GB y 4.080mAh) supone una complicación más. ¿No sería mejor centrar todos los esfuerzos en un único modelo? Máxime cuando la mayoría de patrocinadores han optado por PGS “Hardcore”.

Y ojo, porque no es oro todo lo que reluce. Los juegos testados datan de hace 3 o 4 años como poco, todos ellos ejecutándose a un máximo de 720p y 30 frames por segundo. El prometido streaming con PS4 y Xbox tampoco será nativo, sino que tendremos que recurrir a las pertinentes aplicaciones de Windows. No olvidemos que PGS nos dejará a solas con el sistema operativo, sin interfaz propiamente dicha, lo que podría resultar en una navegación farragosa o a expensas de Big Picture.

Finalmente está PGS LAB, equipo del que sabemos poco o nada. No ha sido hasta días después de habilitarse la campaña que se han hecho públicos los perfiles profesionales de los responsables, con predominio de expertos en marketing en lugar de ingenieros. Estos últimos tampoco parecen tener muy claro el proveedor de la CPU: primero nos venden su previsible acuerdo con Intel y después lo dinamitan sin miramientos, al fijar una CPU/GPU de AMD como “stretch goal” del millón de dólares.

¿Conceder o no el beneficio de la duda? Supongo que quien no arriesga, no gana…

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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