El fenómeno Pokémon Go parece no tener fin (lógico si pensamos que lleva apenas unas semanas entre nosotros) y todos los días nos encontramos con noticias, trucos, guíasdatos insólitos en todo tipo de prensa: ya no sólo la especializada, sino también generalista incluyendo televisión y radio. Se diga lo que se diga, Nintendo lo ha vuelto a hacer.

Pero como pasa con todo en esta vida, aquello que tiene mucho eco se convierte rápidamente en objeto de críticas, muchas sin fundamento y con el único afán de sacar “el vinagres” que llevamos dentro.

El caso de Pokémon Go parece ir más allá por causa de las redes sociales, donde todos somos expertos en todo y sabemos debatir perfectamente en 140 caracteres. Hasta resulta raro no encontrarnos conversaciones de barra de bar donde gente que, por edad, desconocimiento o cualquier otro factor, no tiene ni la más remota idea de lo que es un Pokémon y aún así tiene una opinión formada respecto al juego.

Damas y caballeros, bienvenidos a la época del “cuñadismo”. Vaya por delante que soy de todo menos un experto en Pokémon. Jamás había jugado un sólo juego de estos adorables “Gremmlins nipones” y la serie de TV me pilló mayor. 

Me escama sobremanera el trato que el juego de Niantic está recibiendo por doquier. Personalidades como Oliver Stone o Nicolás Maduro han salido a la palestra para acusarlo de “herramienta totalitaria del capitalismo” o “de control”. Entre otras muchas lindeces.

Si poseéis una cuenta de Facebook o Twitter habréis visto miles de comentarios despotricando a diestro y siniestro sobre Pokémon Go. El colmo de la demagogia barata, para mí, se lo llevan los memes en que la gente se queja de que los chavales jueguen a cazar “animales fantásticos”, cuando hay animales ‘reales’ que les necesitan y a los que no hacen caso. Para ilustrar la memez del día, te ponen una imagen de un niño jugando a Pokémon Go y al lado un gatito abandonado.

A nivel ‘meme artístico’ la cosa no se queda atrás: muchos habréis visto la imagen de un adolescente con la cabeza agachada mirando a la pantalla de su móvil y un Pikachu montado en su nuca (silla de montar incluida). Precioso.

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Y luego tenemos los cientos de mensajes que tildan al juego de peligroso (ya sabéis, la gente se tira por barrancos y esas cosas) y de asocial porque el jugador no se despega del smartphone. No seré yo quien se levante como adalid defensor de un videojuego, pero hay cosas que claman al cielo y es hora de que alguien ponga los puntos sobre las íes.

Antes de comentar nada mas, también tenemos que centrarnos en el ‘otro lado’. Aquel que defiende Pokémon Go como si fuera la aplicación de fitness definitiva que, de tantas veleidades que desprende, se ha descubierto que las lágrimas de Charmander curan el cáncer por lo menos. Y no señores, esto tampoco es así.

Me es imposible no acordarme de la película del irreverente Seth McFarlane (Family Guy, Padre Made in USA): “Mil Maneras de Morder el Polvo”. Un western en clave de comedia (como no podía ser de otra manera con el bueno de Seth) que contiene una escena divertidísima con Giovanni Ribisi. En ella, ambos protagonistas ven a un niño jugando con el mítico juguete del aro de metal y el palo para hacerlo rodar. Al verlo, Seth y Giovanni se ponen a hablar de ello y a comentar como han leído en el periódico local que es la “nueva moda” entre los chavales y que tiene un montón de efectos perjudiciales para su salud. Que el juego les tiene “sorbido el coco”. En clara alusión a lo que ocurrió con la llegada de la televisión, o de los videojuegos tiempo después.

Ni Pokémon GO es el anticristo, ni las lágrimas de Charmander curan el cáncer

Con Pokémon Go pasa tres cuartos de lo mismo. Es la moda, y lo es para bien y para mal. Sólo en la Play Store de Android, Pokémon Go tiene más de 50 millones de descargas. Y sabemos fehacientemente que son muchísimas más en todo el mundo. Entre tantos millones de jugadores es completamente normal que, teniendo además en cuenta la media de edad, se produzcan accidentes y anécdotas de todo tipo. No dudo que alguien se haya despeñado por un barranco, caído a un lago o haya irrumpido en propiedad privada, pero todos estos casos no pasan de ser anecdóticos y para nada representativos.

Para más inri, una de las quejas más extendidas sobre la industria del videojuego es el sedentarismo que provoca en los jugadores, “enclaustrados” en sus casas por disfrutar con sus títulos preferidos. Y ahora, que tenemos una multitudinaria aplicación que logra que la gente camine, socialice y salga de casa como si no hubiera un mañana, también nos quejamos. Deporte nacional.

En palabras de Jon Cortazar, director de Relevo Videogames, “con esto de Pokémon Go estamos en terreno inexplorado usuarios y developers.” Y yo añado, el resto, es cuestión de educación. Quien no te mira ni a la cara cuando ha quedado contigo porque está jugando a Pokémon Go, seguramente te hará lo mismo con Whatsapp, Twitter, Telegram o Facebook. ¿Cuántos accidentes habrán ocurrido usando estas aplicaciones? Pero claro, eso no es noticia.

Sea como fuere, es obvio que el tema se nos ha escapado de las manos. No me gusta observar la facilidad con que la gente demoniza aquello que no le gusta o no comprende, tildándolo de “absurdo” o cosas peores.

13626515_1038801512854664_3031173995418965106_nSólo puedo deciros que acabo de volver de pasar unos días en el pueblo, con la familia, y ha sido todo un gustazo instalarles el juego a mis sobrinos. Incluso dejarles el mío (sí, soy Entrenador Pokémon nivel: uso a mis sobrinos para que me los cacen todos) y verles corretear por todo el pueblo en busca de este o aquel Pokémon. Han llegado a juntarse con otras cuadrillas para enseñarse unos a otros cómo se juega y dónde ir a cazar las diferentes criaturas. Si esto tiene algo de malo, yo honestamente, no lo veo.

Quiero cerrar esta reflexión aludiendo al férreo control que Nintendo ejerce con las cuentas para menores. Sólo un adulto (supuestamente el padre, madre o tutor) puede darle de alta, haciéndolo el mismo primeramente. Tras ello hay que crear la cuenta del menor con una serie de datos obligatorios y aceptar para ambas cuentas los términos y condiciones del producto. Todo un punto a favor de Nintendo, que no se anda con tonterías en lo que a menores se refiere.

Esto acaba de empezar. Se estima que la app está ganado una media de 10 millones de dólares diarios y, como es lógico, aún le queda muchísimo recorrido. Dejemos que todo el mundo disfrute de su hobby, dejemos que Nintendo ajuste el juego para hacerlo lo más responsable posible y, sobre todo, eduquémonos en el respeto al prójimo.

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