¿Te has preguntado alguna vez por qué los SMS están limitados a 140 caracteres? Se trata de una razón puramente técnica que ha afectado, como veremos, a otros servicios como Twitter. El protocolo de comunicación de los SMS (es decir, las "reglas" tecnológicas por las que se rige el envío de mensajes) está limitado a 1120 bits de información.

Como cualquier otro procesador de un ordenador (en el fondo un móvil es un tipo de computadora), nuestro teléfono no entiende más que el código binario, así que hay distintas formas de codificar nuestro lenguaje a un equivalente que el móvil entienda. Hay distintos códigos que incluyen diferentes caracteres: el más simple de todos (que no incluye tildes o eñes) es el GSM, que a la hora de mandar información divide los 1120 bits en "paquetes" de 7 bits, permitiendo así un máximo de 160 caracteres.

Pero el código más extendido es el UCS-2, que ofrece un mayor rango de caracteres, para lo cual divide los 1120 bits en octetos (paquetes de 8 bits). Así pues, los SMS que enviamos tienen 140 caracteres de máximo porque 140 es el resultado de la división de un envío de 1120 bits en paquetes de 8 bits. Por supuesto podemos enviar mensajes más largos, pero en el fondo lo que estamos haciendo es enviar varios mensajes "en fila", ya que el máximo de cada mensaje individual siempre es de 1120 bits.

Como decíamos al principio, esa limitación se ha extendido a otros servicios, del que Twitter es el gran ejemplo. ¿Por qué Twitter sólo permite mensajes de 140 caracteres? Sencillamente porque fue creado antes de la popularización de los smartphones con Internet y de las líneas 3G, por lo que en EEUU sus usuarios solían actualizar Twitter enviando un SMS a un número de teléfono concreto. A estas alturas podrían permitirse mensajes más largos ya que se actualiza por Internet, pero la limitación se ha convertido en costumbre y "marca de la casa" de la red de microblogging.

Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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