Estos días estoy pasando bastante tiempo perdido (a menudo literalmente) por los corredores de la estación espacial Talos I en Prey. Y me han matado mucho. Me ha matado una caja de cartón, una silla, un cenicero de pie y hasta en una gloriosa ocasión una taza de café: es lo que tiene que el enemigo más icónico del juego, el mímico, sea capaz de convertirse en cualquier objeto del entorno. El nuevo juego de Arkane Studios no tiene compasión del jugador en sus primeras horas, y vas a tardar bastante en encontrar armas y equipo suficiente para equilibrar la balanza, así que necesitarás usar la cabeza si no quieres ver la pantalla de carga más de la cuenta.

Para intentar ahorrarte algún microinfarto, o como mínimo que no mueras en las fauces de una taza de café con ínfulas como me pasó a mí, voy a repasar lo que he aprendido en estas primeras horas de Prey. Unos cuantos consejillos nunca vienen mal cuando uno tiene que enfrentarse a una horda de criaturas extraterrestres armado con tan sólo una llave inglesa. Para facilitar la lectura, voy a dividir los siguientes consejos en tres áreas: exploración, combate y gestión del personaje. Estos consejos se aplican especialmente al primer tramo del juego, sin entrar en las habilidades y demás que puedes obtener más adelante, por lo que no contiene ningún spoiler. Ponte el traje y sácale brillo a la llave inglesa (ejem), que nos vamos a la Talos I.

EXPLORACIÓN

1. Mantén los ojos bien abiertos… y no tengas miedo a experimentar

Si eres lector habitual de FS GAMER, quizá recuerdes que en mi crítica de Dishonored 2 hablé bastante sobre su brillante diseño de niveles. Prey está diseñado por otro equipo de Arkane Studios, el de Austin (Texas), pero su filosofía de diseño es la misma: los escenarios no son decorados construidos alrededor de un único camino viable, sino lugares vivos y complejos que permiten múltiples formas de juego. Que una puerta esté bloqueada no quiere decir necesariamente que no puedas pasar: quizá haya una cañería a la que subirte que a su vez lleve a un tubo de ventilación, o tal vez puedas provocar una explosión que despeje la entrada, o disparar por un huequito a un botón que abra la puerta…

Para sacarle más partido al juego y aumentar tus posibilidades de supervivencia, dedica tiempo a la exploración y mantén los ojos bien abiertos. Cuando entres en una nueva zona, tómatelo con calma para mirar no sólo en cada rincón, sino también por el techo y las paredes. Si entras en una habitación y te parece que no hay absolutamente nada útil o de interés, que no hay ningún objeto con el que interactuar, nada que leer, ni siquiera un poquito de información sobre la Talos I y su pasado reciente… es posible que no estés buscando bien.

Toma nota de cualquier cosa que te llame la atención de la arquitectura o el diseño de la sala, y de paso fíjate también en aquellos elementos que puedas usar en tu favor: tuberías, botellas de gas, puertas, ascensores… Al principio no tendrás tantas posibilidades, pero poco a poco tu inventario será más variado y tus capacidades aumentarán gracias a los neuromodos, lo que te permitirá descubrir nuevas formas de afrontar los retos y resolver problemas que te parecían imposibles. La ventaja de los videojuegos es que si te matas haciendo el chorra puedes volver a cargar la partida. Piensa fuera de lo habitual y no tengas miedo a probar cosas raras.

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2. Anota lo que te dejas atrás

Pocos minutos después de empezar la partida te encontrarás con una caja fuerte que no puedes abrir sin el código correspondiente. Lo acabarás encontrando unas cuantas horas después, y bastante lejos de allí, por lo que tendrás que volver sobre tus pasos si quieres hacerte con su contenido. Esa caja fuerte parece que está puesta como un aviso a navegantes: a menudo, y desde el principio, te encontrarás con lugares a los que aún no puedes acceder o retos que simplemente no puedes resolver con lo que tienes a tu disposición. Prey es un poquito metroidvania en ese sentido: el juego parte de un “centro” (el salón central de la Talos I), se va abriendo desde ahí y te anima a volver de nuevo a lugares que ya has visitado para reexplorarlos con las nuevas capacidades que vas adquiriendo.

Los recursos son bastante limitados, y no está la cosa en el espacio exterior como para desdeñar cualquier ayuda que puedas encontrar. Por desgracia, es bastante fácil olvidarte de que en tal recóndita sala te has dejado atrás un cajón cerrado con llave o que en no sé qué ala de la estación espacial hay una habitación a la que sólo se puede acceder con la clave correspondiente. Si quieres evitarte vueltas innecesarias, ve apuntando en un cuaderno (o en el smartphone, que para eso lo tienes también) todo lo que te vas dejando atrás. Tan sencillo como útil.

3. Leer es bueno para la mente

Ordenadores, post-it, pizarras, notas abandonadas, libretas, libros, revistas, placas de cuadros… hay mucho que leer en Prey, y todo es útil de un modo u otro. En el peor de los casos, te servirá para conocer más sobre lo ocurrido en la Talos I; pero muy a menudo te será útil de forma literal, especialmente las notas y los contenidos de ordenadores y estaciones de trabajo. En ellas encontrarás contraseñas de acceso, pistas para acceder a determinados sitios, lugares donde encontrar planos de objetos para fabricar… Cuando encuentres un ordenador bloqueado (o una puerta, o en realidad cualquier cosa que esté protegida por una contraseña o algo por el estilo), revisa bien el entorno: como hemos visto, a veces tendrás que dejarlo para más adelante, pero muy a menudo lo necesario para romper la clave está a mano, incluso si no tienes habilidades de hackeo.

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Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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