COMBATE

1. Conoce a tu enemigo (y aprende a distinguirlo)

Que cualquier objeto del entorno pueda ser un enemigo “disfrazado” complica bastante la exploración, y desde luego te va a costar más de un susto. No obstante, con el paso de las horas vas aprendiendo a encontrarlos, o como mínimo a saber qué pistas buscar para identificar a un mímico oculto. Lo más importante que debes tener en cuenta es que estas criaturas se camuflan como un objeto cercano. A menudo podrás detectarlos si te fijas bien y buscas objetos repetidos y / o fuera de lugar: dos ceniceros o dos sillas junto a una mesa, una caja volcada al lado de una pila muy ordenada… En general, si ves dos de lo mismo, puedes empezar a ponerte nervioso. Cuando entres en una sala (son mucho más peligrosos en espacios cerrados, donde huir rápido es más difícil), tómate tu tiempo para estudiar el entorno antes de empezar a pasearte. Recuerda que tienes un zoom para poder ver mejor sin tener que acercarte mucho; también es recomendable usar la linterna siempre que pueda haber mímicos alrededor, ya que se camuflan especialmente bien en las sombras.

Si sospechas que un objeto puede ser un mímico, acércate sigilosamente, carga un ataque con la llave inglesa y dale una leche por si acaso. El ataque por sorpresa, y más si es cargado, hace mucho más daño; dejarás casi muerto al mímico del primer golpe. Una vez el bicho enseñe la patita, no te vuelvas loco dando leña o te quedarás sin aliento muy rápido. Para no convertirte en la merienda, evita que te arrinconen (si estás en una sala pequeña, no es mala idea salirte a un espacio más amplio), no dejes de moverte sin perderles de vista y haz que cada golpe o cada disparo cuente. Y si te hieren más de la cuenta o te enfrentas a más mímicos de los que puedes gestionar, simplemente sal corriendo, que ya podrás volver en otro momento mejor equipado o con otra estrategia.

2. Ármate cuanto antes

En Prey es mejor usar la cabeza que las balas, más que nada porque las segundas se gastan; pero eso no quiere decir que tengas que enfrentarte a la Talos I sólo con tu fiel llave inglesa. Muy pronto el juego te equipará con la primera arma, la pistola GLOO, así como la ballesta Huntress Bowcaster, más una herramienta que un arma como tal; luego hablaremos de ellas. Pero no tienes por qué conformarte con eso: la escopeta, una de las armas más importantes del juego (por su efectividad a corta distancia y por tener más munición disponible), puede estar a tu alcance muy pronto. Si prefieres descubrir por tu cuenta cómo obtenerla, sáltate este párrafo. Para evitar spoilers, si quieres ver cómo conseguir la escopeta, pulsa

aquí.
Una vez llegues al lobby central, busca el camino hacia la armería. Verás que la puerta está bloqueada, pero si miras hacia arriba encontrarás unas cañerías a las que puedes subirte para colarte por un hueco. Allí dentro, junto a una estación de trabajo, encontrarás la escopeta. ¡Disfruta!

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3. Ataca por la espalda

De valientes y honorables está el cementerio lleno. Si detectas un mímico antes de que te vea a ti, acércate sigilosamente y atácale por sorpresa. Un primer golpe por la espalda con la llave inglesa cargada decantará cualquier combate a tu favor: el ataque desprevenido aumenta el daño, así que ya partes con ventaja, y de paso te deja margen para empezar otro combo, como cambiar rápidamente a la pistola GLOO para inmovilizar al bicho en cuestión y terminar de rematarlo. Puedes controlar si el mímico te ha detectado: si tiene una barra blanca sobre su cabeza, ha escuchado o visto algo, pero no te ha localizado (aún); si la barra se vuelve roja es que va a por ti; si no tiene nada, el mímico está aún a lo suyo y no ha notado nada raro.

4. Pelea con el entorno

Tienes una ventaja sobre los mímicos: eres más listo que ellos (al menos en teoría). Tú puedes usar el entorno a tu favor para pelear, poner trampas y tender emboscadas. Por ejemplo, desde muy pronto te encontrarás con torretas automáticas que atacan a todo mímico que se les ponga delante. Puedes cargarlas para desplegarlas en otro sitio, así que si entras en una nueva zona en la que sabes (o prevés) que va a haber muchos enemigos, llévate un par de torretas y colócalas estratégicamente, a ser posible cerca de la salida. Después no tienes más que “activar” a los mímicos para que te persigan, salir corriendo y cerrar la puerta detrás de ti hasta que las torretas terminen el trabajo sucio. Si quieres puedes quedarte en la zona para echarles una mano y que no se les escape nada: están programadas para no atacar a humanos, así que estás a salvo de sus disparos.

Pero no son la única opción: hay elementos del escenario que puedes incendiar, extintores y botellas de oxígeno que revientan de un disparo… Todo esto te permite montar emboscadas hasta las que llevar a los monstruos más peligrosos, o como mínimo servirte del entorno para sacarte las castañas del fuego. No es sólo cuestión de obtener una ventaja extra: si puedes resolver con un disparo a una bombona lo que de otro modo te costaría dos cargadores, también aprovechas para ahorrar munición.

5. Combina tu arsenal

Prey no está pensado para que te enfrentes a los enemigos con una única arma, sino para que tengas que sacarle partido a todo lo que tengas a mano. De nuevo, no es sólo cuestión de que puedas hacer más daño si combinas los efectos de dos armas o dos poderes, sino que la munición escasea, y literalmente no te va a quedar más remedio que aprender a combatir con cualquier cosa. Algunas combinaciones son obvias y se convertirán en el pan de cada día en la Talos I: golpear con la llave inglesa o disparar a un mímico paralizado por la GLOO o aturdido por la pistola eléctrica multiplica el daño; el combo GLOO + escopeta va a ser tu mejor amigo. Otras no lo son tanto, como utilizar la ballesta para atraer enemigos. Y todo esto sin meter en la ecuación otras, ejem, capacidades que obtendrás más adelante… Para no hacer ningún spoiler, casi mejor lo dejo aquí. En resumidas cuentas: experimenta, que puedes mejorar tu potencia de fuego a base de astucia.

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Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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