Han pasado siete años desde el lanzamiento del primer Nier, y aunque no fue un gran éxito de ventas ni críticas en este periodo ha ido poco a poco adquiriendo cierto estatus de juego de culto. Tenía todos los ingredientes: una bien lograda estética, triste y melancólica; una propuesta jugable compleja y original, que metía en la coctelera mecánicas de géneros muy distintos y lograba, de alguna forma, que todo encajara de forma natural; una historia complicada y sorprendente, abierta a interpretaciones, que además exigía unas cuantas vueltas para desvelar todos sus detalles…

Ahora nos llega Nier Automata, una secuela en manos de Platinum Games tras la desaparición de Cavia, el estudio que creó el juego original. Hace unos días estuvimos probándolo, en espera de que se publique dentro de un mes.  El currículo del estudio (Bayonetta 1 y 2, Vanquish, The Wonderful 101) hace pensar que puede también superar las carencias de su predecesor. Aunque hay muchas cosas que no podemos desvelar aún, algo está claro: Nier Automata parte de los aciertos de su predecesor, los actualiza y mejora y les añade el personal estilo de Platinum, su ritmo frenético y pulidísimas mecánicas de combate; pero además añaden sus propios ingredientes a la receta, y aunque el hilo entre un juego y otro es reconocible, Automata apunta a tener personalidad propia y ser un juego mucho más redondo.

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Nier Automata nos sitúa en el mismo universo que el primer Nier, aunque no es (que sepamos) una secuela directa de su historia. Mucho tiempo después de los acontecimientos del primer juego, la Humanidad se enfrenta a una nueva amenaza: una invasión alienígena que utiliza un ejército de robots para atacar la Tierra. La raza humana no es capaz de rechazar el ataque a tiempo y se ve forzada a exiliarse a la Luna. Allí desarrollan el programa Automata, un ejército de androides para enfrentarse a las máquinas alienígenas, que logra algunas victorias contra el invasor y consigue crear un movimiento de resistencia en la Tierra. En el juego encarnamos a una de estas androides, la combatiente YoRHa nº 2 modelo B (2B para acortar) y su grupo de aliados. Poco más se sabe más allá de este esbozo argumental, y en lo que pudimos jugar no avanzamos mucho más, salvo algunos detalles que no podemos desvelar.

Nier Automata nos sitúa en el mismo universo que el primer Nier, aunque no es (que sepamos) una secuela directa de su historia

Es curioso el cambio de tono que supone Nier Automata para Platinum Games. El estudio japonés nos tiene acostumbrados a juegos con un punto de sátira desvergonzada, autoconscientes de su naturaleza, de sus mecánicas, su violencia y su carácter de cultura pop. Nier es un juego de tono grave y melancólico: la Humanidad fue derrotada y lucha apenas por establecer una cabeza de playa en el que fue su planeta. Las ciudades de la Tierra se desmoronan; los edificios son ya apenas esqueletos caídos entre árboles gigantes y malas hierbas, con grupos de robots patrullando o simplemente orbitando a su alrededor sin fin. La Resistencia está formada por pequeños grupos de androides maltrechos sin una esperanza clara de decantar la balanza.

Por contraste, la base operativa del ejército androide es pulcra y fría como un maletín de bisturíes, y los propios androides resultan a veces inhumanamente racionales y centrados en su misión. No deja de resultar irónico, y en cierta forma inquietante, que el destino de la raza humana esté en manos de criaturas artificiales, a medio camino entre sus creadores y sus enemigos. 2B parece diminuta en ese mundo gigante y asilvestrado. Esa sensación de pequeñez y cierta indefensión (aunque 2B sea en realidad un arsenal andante) ayudan a mantener algunos de los elementos mejor logrados del primer Nier: el tono melancólico y decadente y la inasible sensación de maravilla que nos empuja a querer explorar ese gran mundo lleno de misterios.

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Sigue habiendo, eso sí, alguna decisión estética un poco rara (por decirlo de alguna forma). Androides de combate con minifalda y tacones, por ejemplo. Que sí, que no pasa nada, no tiene nada de malo per se, pero ya me dirán para qué quiere un androide de guerra especializado en combatir contra un ejército de robots ir por el mundo con botas de tacón. Como no tiene mucho sentido, es inevitable preguntarse si no se ha puesto sólo como un viejo vicio de este sector: la habitual concesión a una mirada masculina sexista (aún existente, por desgracia).

En el apartado jugable se ven más claras las conexiones con el primer Nier, aunque el crecimiento del juego ahí es sideral. El sistema de combate es relativamente sencillo en sus elementos básicos: equipamos un arma para los ataques ligeros y otra para los pesados, y contamos además con ataques especiales y a distancia. A partir de ahí, una vez se domina la cantidad de combos loquísimos que podemos llegar a realizar, y de combinaciones de armas que nos ofrecen una jugabilidad distinta, parece enorme. Aquí se nota claramente la mano de Platinum: el sistema de combate es rápido, frenético y exigente; acabar mordiendo el polvo es fácil si uno cae en la tentación de aporrear botones.

El sistema de combate es relativamente sencillo en sus elementos básicos, pero sus posibilidades una vez se domina son enormes

Cuando 2B “muere” en combate no volvemos a una partida cargada anterior; simplemente, recargan su memoria en un nuevo cuerpo igual al anterior. Una vez más encontramos con huellas de los Souls de From Software y su forma de encajar la muerte como una mecánica más del juego, en lugar de una interrupción como castigo por un fracaso. En este caso, además, es una mecánica que encaja perfectamente con la naturaleza androide de 2B y nos muestra un interesante dualismo: en cierta forma 2B tiene alma; su consciencia, su personalidad, no residen en su cuerpo sino en una memoria más abstracta que puede habitar cuerpos diferentes.

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La cantidad de animaciones y movimientos de combate es enorme; pudimos ver que hay combos entre armas en particular, y viendo la enorme panoplia de armas que parece que vamos a tener a nuestra disposición, parece claro que el número de combinaciones posibles y de estilos de combate es abrumador. En general, en las dos horas largas que estuvimos jugando a Nier Automata pudimos ver los mimbres para un profundo JRPG: inventario complejo, la ya citada variedad de armas con posibilidades de fabricarlas y mejorarlas… Para quien guste de explorar a fondo estos sistemas de juego, todo apunta a que Nier Automata ofrecerá literalmente cientos de horas de diversión. Otro elemento que se mantiene es la del ocasional cambio de perspectiva que ya existía en Nier; es algo que podría no funcionar o quedar como un añadido pegado de forma antinatural, pero parece bien logrado y capaz de sumar un punto más de variedad al juego.

Automata también es una mejora clara en el aspecto técnico, indudablemente uno de los puntos débiles del primer Nier. Platinum mantiene su filosofía de equilibrar la espectacularidad y la estabilidad: el juego no flaquea visualmente, pero tampoco trastabilla en ningún momento ni se atraganta cuando la pantalla se llena de enemigos y explosiones. Ya hemos citado la fluidez de las animaciones y los movimientos; los paisajes, la iluminación y los modelos de personaje están francamente bien logrados. Hay que señalar especialmente la dirección artística; en apenas un par de horas pudimos disfrutar de diferentes escenarios muy bien logrados, expresivos y memorables, con una cuidada composición y fotografía.

Falta un mes para que Nier Automata llegue a Europa. Es una oportunidad para Platinum Games para reivindicarse tras el chasco de Scalebound y fiascos como el juego de las Tortugas Ninja o los últimos Star Fox. Para alivio de sus fans, todo apunta a que con este lanzamiento Platinum volverá por su senda: Nier Automata tiene mimbres para ser uno de los JRPG del año. El sistema de juego parece gozar de una solidez a prueba de bombas; sólo hay que ver si aguanta o se desinfla durante las docenas de horas que sin duda ofrecerá, y comprobar también si el aspecto narrativo del juego está a la altura. No tiene pinta de naufragio. Los aficionados al género están viviendo un año de oro.

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