Hemos pasado la última década escuchando que ya no se hacen videojuegos como los de antes, enjuiciando superproducciones en base a las entregas que las precedieron. Títulos que si nos paramos a escrutar hoy día evidencian rápidamente sus carencias y difícilmente puedan hacer frente al lanzamiento estándar de turno. Porque la industria del ocio electrónico madura a pasos agigantados. Los avances en términos cualitativos y de mecánicas son ingentes, pese a lo cual nuestras valoraciones resultan cada vez más voraces.

No me equivoco al pensar en los críticos del videojuego como los jugadores empedernidos de antaño y es por esto que muchos usuarios reniegan de sus opiniones. No vislumbraron las púas pixeladas del erizo ni jugaron bajo las sábanas, linterna en ristre, con el ladrillo portátil de Nintendo. Por consiguiente, las nuevas generaciones entienden de forma muy distinta lo que algunos periodistas ni terminamos de comprender.

Todo radica en la nostalgia, término que el médico suizo Johannes Hofer acuñó para referirse al mal de aquellos soldados con estrés postraumático, asaltados por recuerdos indeseables que derivaban en ataques de pánico, taquicardia, lloros e insomnio. Nostalgia, definida etimológicamente como un “retorno al dolor”, equivalía a enfermedad en pleno siglo XVII.

Idealizar nuestro pasado como jugadores limita el disfrute de nuestras partidas presentes

Dicha interpretación sufriría una profunda metamorfosis. Quedaron atrás interpretaciones médicas como la de Johan Jakob Scheuchzer, quien asoció la patología neurológica a diferencias en la presión atmosférica. No fue hasta la década de los 80 cuando el sociólogo Fred Davis habló de nostalgia en términos positivos, como el anhelo de personas, lugares, acontecimientos u objetos que nos insuflaron felicidad. Estableció además una distinción para con los recuerdos felices, pues el pensamiento nostálgico no hace sino acentuarlos.

La investigación psicológica ha terminado por darle la razón: la nostalgia genera bienestar, mejora nuestras interacciones sociales y aumenta la autoestima. Uno de los estudios más relevantes data de 2006, a cargo del colegiado Tim Wildschut. Concretó la nostalgia como recuerdo autobiográfico, donde predominan las relaciones interpersonales y provisto de un mecanismo redentor. Tendemos al recuerdo positivo más que al negativo… o más bien a redimir este último: “se recuerda haberlos superado, o haber prosperado a pesar de ellos, como momentos de aprendizaje personal”, explica el psicólogo Javier Alemán.

videojuegos_vintage

En lo que al videojuego añejo respecta, ese predominio de lo interpersonal queda más que patente. Muchos de los títulos que recordamos con cariño son precisamente aquellos que disfrutamos en compañía de nuestros seres queridos: amigos y familiares con los que derrapamos en Super Mario Kart, risotadas mediante. Del mismo modo, y a colación del polémico rebaje de la dificultad, nos siguen encandilando aquellos juegos que superamos a duras penas. Aunque el Ninja Gaiden del 88 nos hizo soltar sapos y culebras, al punto de arrojar el mando por la ventana, recordamos aquellas partidas de forma idílica en tanto desarrollaron la destreza con la que hoy aniquilamos adversarios en Xbox Live.

Prosigue en su texto: “la nostalgia provoca la mayoría de las veces sensaciones positivas en momentos en los que el contexto externo puede ser negativo. Por eso las modas vuelven”. El auge del retrogaming no es casual. Cada vez es mayor el número de tiendas y ferias dedicadas a la venta de material, de producciones documentales y bibliografía sobre los orígenes del sector. Me vienen a la mente Atari:GAME OVER o las últimas publicaciones del sello Héroes de Papel, con Final Fantasy VII, Shenmue o la edad dorada del software español entre sus temáticas. La propia prensa especializada, cuasi extinta en favor de los medios digitales, ha encontrado refugio en las revistas sobre tiempos pasados. Páginas plagadas de reportajes sobre la caída de Game Gear, la gestación fallida de Nintendo PlayStation o el catálogo de Pippin.

El retrogaming ha monetizado la nostalgia. Inversión rentable que nuestra propia estantería atestigua.

Sí, la nostalgia vuelve a hacer de las suyas al idealizar productos que en su día fueron tildados de fiasco, regresiones que a menudo dificultan el disfrute del catálogo presente. Esta arma de doble filo es descrita a la perfección por la escritora Pilar Jericó: “Es necesario realizar ese viaje a la nostalgia con billete de regreso, de lo contrario no seremos capaces de disfrutar el hoy con ese ancla en el tobillo. El segundo gran error asociado a la nostalgia es tenerla sobre aquello que nunca fuimos, aquello que no nos atrevimos a hacer o que no vivimos, porque como escribió el ‘flaco de Úbeda’, “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Piensa entonces por qué entraste a eBay aquella tarde para hacerte con una copia del Sonic the Hedgehog de 2006, justo después de haber leído la biblia sobre el personaje publicada por Pix’n Love. Recuerda que compraste ese mismo juego de lanzamiento para venderlo poco después, fruto del aura crítica y cómo has terminado recuperándolo a precio de oro. La nostalgia convertida en una forma más de monetización, una inversión rentable que tu propia estantería atestigua.

Muchos de los juegos que recordamos con cariño son aquellos que disfrutamos en compañía.

Muchos de los juegos que recordamos con cariño son aquellos que disfrutamos en compañía.

Ya mirando al futuro, conviene preguntarse si la nueva generación llegará a sentir añoranza de League of Legends o el Call of Duty de Kevin Spacey, juegos para muchos desprovistos de personalidad pero aún así exitosos. Probablemente. Porque si algo ha quedado claro es que la factura o premisa de videojuegos, películas y demás cultura influye poco o nada en la forma con que la recordamos. Es el contexto emocional de cada partida, lectura o escucha el que pondrá nuestros sentimientos a flor de piel cuando, años más tarde, encaremos las atalayas de Assassin’s Creed, nos sorprendan los acordes de Sweet Child of Mine o repasemos los renglones de A Single Man.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.