Reconozco mi timidez ‘patológica’. Los videojuegos me han servido no tanto para mitigarla como para ampliar mi círculo personal y profesional, ahí donde uno se mueve en su salsa y las palabras brotan solas.

Siempre he sido un periodista de monitor y teclado, con tremenda alergia a cualquier dispositivo que me convierta en foco de atención. Fenómenos como YouTube me resultan incomprensibles, quizás por el temor infundado al qué dirán; no hablemos ya del eSport, donde los juicios dependen exclusivamente del grado de habilidad. No se me ocurre entonces cómo el ocio electrónico puede ayudar al tímido, máxime con el prejuicio del jugador enclaustrado, harto de panchitos e indispuesto al aseo cotidiano.

El psiquiatra Carlos Knecht, quien nos ayudó a responder por qué nos afectan los llamados “trolls” de Internet, ha tenido a bien responder mis inquietudes respecto a la correlación entre videojuegos y timidez. Primero conviene definirla, ¿podríamos considerarla un mecanismo psicológico, una disfunción o algo entremedias? “Aunque en el lenguaje popular todos tenemos una idea de qué significa ser tímido, lo cierto es que en un ámbito académico, la definición de timidez no resulta sencilla. Algunos autores han defendido que, efectivamente, la timidez constituye un mecanismo de defensa que permite a las personas evaluar situaciones nuevas mediante una actitud de cautela para posteriormente poder responder de manera adecuada a las demandas de una situación”.

“Otros autores consideran que la timidez es un rasgo de personalidad, esto es, una característica propia de todos los seres humanos que, en un grado más cuantitativo que cualitativo, nos ayuda a entender cómo somos y por qué nos comportamos de determinada manera. Por decirlo de forma sencilla, si hubiera un rasgo ‘timidez’ que definiera a todas las personas, todos estaríamos ubicados en algún punto intermedio entre un extremo ‘nada tímido’ y otro ‘extremadamente tímido’. Finalmente hay autores que defienden que la timidez es un mecanismo mucho más complejo, un constructo amplio que implicaría otros rasgos de la personalidad, como la introversión o el neuroticismo, así como un conjunto de experiencias cognitivas (como una excesiva autoevaluación negativa), emocionales, conductuales e incluso fisiológicas”.

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“Sea cual sea la definición que más nos convenza, en lo que todos parecen estar de acuerdo es que la timidez no es una entidad patológica sino un proceso normal y frecuente en el ser humano, y que presenta un carácter evolutivo al aparecer de manera casi universal, aunque a menudo también transitoria, durante los primeros años de vida”.

En cualquier caso, precisa Knecht, debe distinguirse entre la timidez propiamente dicha y la llamada fobia social: “además de tener una mayor intensidad y repercusión sobre el funcionamiento de quienes la padecen, se acompaña de otras características y, en este caso, sí constituye un trastorno clínico”. Quiere decir esto que timidez y asociabilidad no son sinónimos, por mucho que los medios de comunicación empleen ambos términos indistintantemente: “La timidez, es un concepto complejo que implica una serie de procesos internos, mentales y emocionales de la persona, y que luego tiene una manifestación conductual. La asociabilidad es simplemente eso, una manifestación conductual, esto es, una manera de comportarse, que puede obedecer a múltiples causas. La timidez puede ser una de esas causas, claro, pero también lo puede ser, por ejemplo, un nulo interés por establecer relaciones sociales. Por un lado, las personas tímidas pueden ser asociales o no. Por otro, las personas asociales pueden serlo por timidez o, como digo, por otras causas. De hecho, la asociabilidad de los tímidos suele ser, muchas veces, bastante involuntaria; al tímido le gustaría poder relacionarse mejor, pero no encuentra la manera”.

Sorprende la cantidad de estudios sobre la cuestión, algunos cuasi extravagantes. Los tres más recientes analizan las conductas de timidez en especies exóticas como el visón, la lubina… o el grillo campestre. Algo tendrá que decir la psicología sobre el gamer tímido, visto lo visto: “Existe cada vez más evidencia de que los videojuegos pueden ayudar a las personas con timidez o, incluso, con fobia social”.

La ausencia de contacto visual y el mayor tiempo de respuesta en las interacciones del juego online facilitan las cosas al usuario tímido

“La anonimidad voluntaria y controlada en mayor o menor medida por el propio usuario, la ausencia de aquellos componentes que pueden resultar más intimidatorios de la comunicación (como el tono de voz, la gesticulación o el contacto visual directo) o la posibilidad de disponer de un mayor tiempo en la emisión de respuestas, todo ello, proporciona una sensación de seguridad que permite a las personas tímidas entablar conversaciones o compartir experiencias con otras personas con menor dificultad de la que presentan en el contacto directo”.

Reseñable el trabajo de la Dra. Rachel Kowert para la Universidad de Münster en 2014. Concluyó que las personas tímidas se benefician de los videojuegos al conocer personas nuevas, pero también al consolidar amistades preexistentes del mundo ‘real’. Compartir tiempo estrecha cualquier vínculo, por mucho que se haga en escenarios virtuales. Existen contrapartidas, no obstante: “La persona tímida corre el riesgo de que, precisamente por resultarle más sencillo, acabe haciendo del contacto online su único estilo de relación social, descuidando otras formas de interacción y comunicación”.

“Algunos estudios que inciden en que las personas tímidas pueden tener un mayor riesgo de presentar problemas asociados al abuso de internet, videojuegos o formas de comunicación virtual en general. Esto no quiere decir, claro, que todos los tímidos van a acabar desarrollando una adicción a internet, ni que todos los adictos a internet lo sean porque son tímidos, no se trata de generar una alarma social. Pero sí hay un riesgo mayor de este tipo de conductas de abuso en personas tímidas”.

“En realidad es como todo en la vida”, explica Carlos, “la clave es hacer un uso moderado de las cosas”.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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