La noticia saltó durante el fin de semana, cuando varias cabeceras francófonas se hicieron eco de acusaciones contra Quantic Dream. Al estudio tras Omikron: The Nomad Soul y Heavy Rain se asocia un ambiente laboral tóxico, promovido por el despotismo de su máximo responsable, David Cage.

La gota que colmó el vaso fue un cúmulo de imágenes (seis centenares) que deambularon durante años por el servidor de correo de la compañía. Fotografías de índole sexual en las que se insertó el rostro de varios empleados, acompañadas de iconografía sexista, homófoba e incluso fascista. Fue un ingeniero quien destapó la liebre, motivando las declaraciones de algunos compañeros.

Sus relatos hablan de explotación (jornadas de hasta 15 horas) y numerosas salidas de tono: “David Cage tiene una visión muy participar de cómo gestionar el estudio. Lo ve como un espacio privado o semi-privado, donde tiene el derecho a decir o hacer lo que se le antoje”. Dos empleados cuentan que Cage, tras revisar la grabación de las cámaras de seguridad a propósito de un robo, preguntó a un trabajador de origen tunecino si había tenido algo que ver.

A los supuestos de racismo y homofobia se sumaría un machismo rampante. En un estudio donde el 83% de la plantilla está conformada por hombres, la falta de consideración a la mujer se asegura constante, con ejemplos en forma de comentarios inapropiados sobre algunas de las actrices implicadas. Imposible no acordarse de la polémica respecto al desnudo ilegítimo de Ellen Pagen en Beyond: Dos Almas (accesible desde el código debug para PlayStation 3), que a punto estuvo de acabar en los tribunales.

Los artículos de marras tampoco se olvidan de Guillaume de Fondaumière, CFO de Quantic Dream, habituado a menosprecios durante fiestas informales. Éste no ha tardado en defenderse: “Seré extremadamente claro: es falso. Nada de lo descrito tuvo lugar durante ningún evento”. Sus declaraciones siguieron al comunicado oficial del estudio, a través de su cuenta en Twitter:

Varios artículos publicados hoy recogen alegaciones contra Quantic Dream, su cúpula y empleados. Las negamos categóricamente. Quantic Dream interpuso una querella hace varios meses y seguiremos haciéndolo. Invitamos a la partes interesadas a que revisen las respuestas de nuestro Comité para la Salud y Seguridad Laboral, previas a la publicación. Las conductas o prácticas inapropiadas no tienen lugar en Quantic Dream. Valoramos a cada persona que trabaja con nosotros y consideramos de vital importancia el mantener un ambiente seguro, que nos permite canalizar nuestra pasión compartida por el desarrollo de videojuegos“.

La polémica de Quantic Dream evidencia el racismo, homofobia y machismo interiorizados en algunos entornos laborales

También Cage ha querido desvincularse, espetando que tan sólo figuraba en copia de los correos electrónicos y que las imágenes adjuntas rozaban lo cómico, nunca lo degradante. Lástima que sus últimas declaraciones echen más leña al fuego, sobre todo tras saberse que las paredes de Quantic albergan la caricatura de un pene gigante con testículos flatulentos: “¿Quieres hablar de homofobia? He trabajado con Ellen Page, quien lucha por los derechos LGTB. ¿Quieres hablar de racismo? He trabajado con Jesse Williams, quien pugna por los derechos civiles en Estados Unidos. Júzgame por mi trabajo”.

¿Nunca habéis escuchado aquello de “no, si yo tengo muchos amigos gays”? La defensa de Cage viene a ser lo mismo. Que trabajes con un activista no te convierte en partidario de su causa, del mismo modo que una obra no tiene por qué recoger la perspectiva de su autor sobre cuestiones sensibles. De hecho, muchas editoras presionan para que así sea, temerosas de un suicidio comercial.

Estamos en 2018 y todavía hay quien relaciona homofobia o racismo con agresión física, cuando hablamos únicamente de su extremo. La actitud homófoba abarca también matices, comentarios desagradables y permisividad, como la demostrada por Cage al pasar por alto los montajes que ridiculizan a sus subordinados. En último término, puede que el desarrollador tenga poco que ver con la toxicidad imperante en su oficina, pero se convierte en cómplice al no haber puestos los puntos sobre las íes.

El de Quantic Dream no es el único caso en la industria del ocio electrónico. El pasado octubre, el arista y diseñador David Ballard denunciaba públicamente a Naughty Dog, de donde fue despedido tras su acoso sexual por parte de un directivo: “El ambiente laboral se volvió tremendamente tóxico. Informé al departamento de recursos humanos y me despidieron al día siguiente, ofreciéndome 20.000 dólares por no revelar los términos del acuerdo”. Por su parte, el estudio californiano negó la mayor con un comunicado tremendamente similar al de los franceses: “Valoramos a cada persona […] pretendemos un entorno seguro y productivo”.

La expiración de los plazos estatales impidió a Ballard tomar acciones legales, pero su valentía (como la de los empleados de Quantic Dream) ayudará a quienes padecen en silencio. Individuos desprovistos de dignidad y respeto, a los que a menudo se descarta profesionalmente y que, para más inri, aguantan excusas de mal pagador como las de Cage. Ejercicios de autoconvicción que minimizan las agresiones con que homosexuales, mujeres y personas de color lidian a diario.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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